La reunión de gabinete a la que había convocado Eduardo Duhalde para hablar del plan monetario del Banco Central y del programa de reforma del Estado cambió dramáticamente de rumbo a partir de los incidentes que enfrentaron a policías y piqueteros en el puente Pueyrredón, en los que se produjeron dos muertes. Los ministros del Poder Ejecutivo fueron llegando a Olivos y debieron esperar que el encuentro comenzara: Duhalde y el jefe de Gabinete Alfredo Atanasof estaban encerrados con el secretario de Seguridad, Juan José Alvarez, y con el secretario de Inteligencia, Carlos Soria, quienes intentaron componer un cuadro informativo más o menos satisfactorio para un Presidente abatido. «¿Qué pasó? ¿qué pasó?» repetía Duhalde, con la voz quebrada y la mirada torva, como si desconfiara de cada explicación. Alvarez le comentó, con bastante imprecisión, que las fuerzas de Seguridad de la Nación habían actuado correctamente, según lo convenido el día anterior: «La idea era que no cruzaran el puente hacia la Capital, preservar la Capital. Pero si insistían en cruzarlos se los acompañaría, sin violencia, hasta donde llegaran. El problema fue que intervino la Bonaerense».
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Comenzaba, con ese relato, un bajo continuo que promete larga duración: la polémica, cifrada y contenida, entre Nación y provincia sobre cómo se reprimió. A Duhalde no le pareció exhaustiva la explicación -no podía serlo a esa hora, obviamente- y miró a Soria, quien traía un material con 10 días de antigüedad. «La información que me dan a mí es que esto está preparado desde hace rato. Hubo una reunión en un lugar que se llama Gatica y ahí se planificó un plan de acción. Habría cortes de rutas y de puentes, que comenzarían con éste de hoy, y todo iba a terminar en un campamento en Plaza de Mayo».
A esa hora, después de los dos muertos, lo de Soria era historiografía. Sin embargo al Presidente, como después a todo el gabinete, lo inquietó el dato de las carpas en Plaza de Mayo y que hoy sigan allí los incidentes cuando se realice la concentración convocada para protestar. Anoche ya se veía un inusual operativo policial previendo esa escena, también en la Plaza de los Dos Congresos.
Después de escuchar a sus funcionarios, Duhalde pidió que lo comunicaran con Felipe Solá. Fue la primera de las cuatro conversaciones que tuvieron durante la tarde. El gobernador de Buenos Aires hizo un relato de los hechos que ocurrieron en Avellaneda, según se lo proporcionó la Policía. Contó lo siguiente: «Hubo ataques armados de parte de civiles; los que detuvieron a un colectivo y lo evacuaron llevaban una Itaka y al que mataron en la estación de Avellaneda hay que ver quién lo mató porque allí no había uniformados. Además hubo cámaras de filmación en todos lados, inclusive las que llevan los propios piqueteros, que tendrían que registrar lo que pasó». Solá aprovechó la ocasión para recordarle a Duhalde el llamado que le había hecho la noche anterior «Juanjo» Alvarez: «Me invitó a que nos sumáramos a un operativo conjunto que debería ser más severo que los habituales, para evitar los cortes de rutas y de puentes, en la línea de lo que hablamos en Santa Rosa». El gobernador se refería a la reunión de jefes provinciales en la que se convino que las autoridades debían dar señales de orden más claras en materia de cortes de ruta.
• Repetición
Duhalde no hizo comentarios y se introdujo, con el jefe de Gabinete y los dos secretarios, en la reunión de gabinete. Allí Alvarez y Soria debieron repetir lo que acababan de explicar en el encuentro anterior. Sin embargo en la asamblea general del Ejecutivo el dilema era otro: no se trataría de reconstruir lo que sucedió sino que encontrar -o producir-un significado para los hechos. Además, ¿qué grado de involucramiento tendría el gobierno en esta crisis?
La primera discusión, tenue, tuvo que ver con la intervención mediática del gobierno, es decir, si debía o no hablar. Se decidió, obviamente, que sí, pero eso desató un debate, esta vez más acalorado. ¿Quién pondría la cara? Horacio Jaunarena consideró que el gobierno debía fijar su posición en un comunicado. Pero el secretario de Seguridad, Alvarez, sugirió que había que darle a los hechos un tratamiento político y que, por lo tanto, debía haber alguna palabra presidencial. Jorge Matzkin adoptó el mismo argumento, identificando los hechos de ayer con los que el 20 de diciembre pasado desalojaron a Fernando de la Rúa del gobierno. Igual que Alvarez, supuso un tratamiento político del problema y sugirió que se utilizara la cadena nacional de radiodifusión para un mensaje oficial que, eventualmente, podía emitir Duhalde.
Atanasof interrumpió esa línea argumental: «Yo no creo que las cosas sean así, primero porque a diferencia del 20 de diciembre no veo a la clase media de Barrio Norte manifestando junto a los encapuchados. Esto será un activo de la izquierda, inclusive si anda buscando represión y hasta algún mártir. Pero no es un ataque del terrorismo internacional y por lo tanto debe ser tratado como un problema de seguridad». El duhaldismo ortodoxo, en la ocasión encabezado por Graciela Giannettasio, salió en defensa de la tesis del jefe de Gabinete: «Es cierto lo que dice Alfredo y acá, Juanjo, tenés que dar la cara porque éste es un problema tuyo, que no podés trasladarle al Presidente» dijo la ministra de Educación, mirando a Alvarez.
El interrogatorio que el gabinete se formuló a sí mismo durante la reunión siguió con el enigma sobre si lo de ayer fue el inicio de una escalada por la cual los piqueteros y la izquierda en general desafiarían al gobierno. Aníbal Fernández ensayó una explicación diciendo que «D'Elía y Alderete no estuvieron en la de ayer, pero supongo que se sumarán en las próximas acciones que puedan ocurrir. Pero esto no tiene una cabeza visible». Sobre la voz de Alvarez se sumaron otros ministros y se llegó a una conclusión más o menos unánime: «Ahora hay que esperar una ola de protesta, habrá mañana (por hoy) 7 u 8 mil manifestantes en la Plaza pero estará todo circunscripto a la izquierda». Un ministro que venía del Banco Central agregó: «Los muertos son lamentables, desde ya, pero no nos pueden hacer retroceder en la idea de asegurar el orden, que además es lo que el mercado está esperando del gobierno, desgraciadamente». Chiche Duhalde, ofuscada durante toda la reunión, sólo intervino al final: «Recibí un llamado de la mesa del diálogo social y me ofrecieron hacer una reunión extraordinaria para dar algún tipo de apoyo». Una vez más Jorge Casaretto se había convertido en su paño de lágrimas.
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