El caso Southern Winds, es decir, la exportación de drogas a España a través de maletas cargadas por una compañía subsidiada por el Estado, comenzó a tener para el gobierno una dimensión internacional difícil de disimular. A pesar de las versiones que lo negaban, en el Ministerio de Defensa insistían ayer en afirmar que el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, visitará el país, tal como estaba previsto, el próximo 7 de marzo. En cambio, Néstor Kirchner, que tenía planeado viajar a España (en un vuelo de Aerolíneas Argentinas) para el 8 de marzo y quedarse allí hasta el 11, aniversario del atentado de Atocha, suspendió esa visita. En su lugar, irá a Madrid el canciller, Rafael Bielsa. Un dato importante para entender la suspensión del viaje: uno de los anfitriones del Presidente sería Martín Varsavsky, uno de los socios de Southern Winds.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La llegada de Rumsfeld no podría producirse en un momento más incómodo para Kirchner. En principio, porque, tal como dejan trascender por lo menos dos de sus principales colaboradores, el estallido periodístico del escándalo de narcotráfico aéreo se debió a una «operación» del gobierno de los Estados Unidos. Parece una versión conspirativa, pero en el gobierno tiene la máxima credibilidad. Según se publicó ya varias veces, algunas agencias norteamericanas, como la DEA, realizaron en su momento informes sobre las actividades de Southern Winds. Se habla de dos avisos, uno de agosto pasado y otro de noviembre, este último, junto con la SIDE. Habría sido la falta de reacción del gobierno -así lo explican, curiosamente, funcionarios de Kirchner- la que llevó a Washington a hacer público el caso.
Sea como fuere, el problema de la seguridad de los aeropuertos y el del tráfico de drogas son dos asuntos de los más relevantes en la agenda bilateral con los Estados Unidos, que seguramente sacará a relucir Rumsfeld en sus conversaciones con su colega José Pampuro y con el Presidente. La noticia de que por Ezeiza podían pasar valijas con decenas de kilos de cocaína sin control alguno permite suponer, también, que podría pasar Bin Laden sin ser identificado. No hace falta dar estos ejemplos para calcular la importancia que el aparato de seguridad estadounidense le da hoy al control del tránsito en la región. De hablar de este tema a sugerir la rápida radarización del país, emprendimiento en que las empresas norteamericanas estuvieron siempre interesadas, habrá un solo paso en las conversaciones con Rumsfeld. A propósito de esto: fueron precisamente Marcelo Saín y su colaborador Germán Montenegro (hijo del último jefe de la Fuerza Aérea de Carlos Menem) los que más se interesaron por la compra de radares desde que se les encomendó estudiar un nuevo régimen de seguridad, a propósito de la entrada de un intruso en la quinta de Olivos.
La teoría oficial de la radarización ya es bastante conocida y ofrece ese tipo de ambigüedades de marketing a las que es tan proclive la administración actual. Consiste en confiar la fabricación e instalación de los radares al INVAP, un instituto estatal y patagónico. Claro, se trata de aparatos capaces de controlar a la aviación civil. Para los que requieren más sofisticación, dedicados a controlar aeronaves que eluden la identificación, se requerirá de la tecnología que ofrecen los Estados Unidos, aun cuando se la termine utilizando como insumo de productos «nacionales».
• Seguridad
El otro aspecto de la visita de Rumsfeld que estará íntimamente ligado al escándalo de Southern Winds tiene que ver con la ideología de la seguridad. La discusión que recorre la región está referida al involucramiento o no de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico. El principal vocero del gobierno en contra de esta posibilidad, el operador y periodista Horacio Verbitsky, es justamente quien le recomendó al Presidente dinamitar toda la conducción de la Fuerza Aérea. Pampuro debió darle documentación hace dos meses para que lleve su prédica a un programa de TV de Miami en el que se plantearía esta polémica con autoridades norteamericanas. Para el sector del oficialismo más ideologizado, el caso de narcotráfico ofrece una posibilidad inigualable: demostrar que aquellas instituciones a las que se pretende confiar el control de ese delito son las que lo cometen. Este es un subproducto de largoplazo que forma parte del corazón de la defenestración de los brigadieres.
El suspendido viaje a España iba a ser menos inquietante. Apenas una participación en una cumbre de ex presidentes, que presidirá Fernando Henrique Cardoso, titular del Grupo Madrid. Claro, Southern Winds y su escándalo complicaron todo. Por un lado, la Casa Rosada debería prepararse para el acoso de la prensa española, que querría saber detalles sobre las valijas con drogas que se remitían desde la Argentina vía aérea. Por otro, Kirchner no podría evitar por buena educación una foto con Martín Varsavsky, cuya fundación copatrocinará junto con el Club de Madrid esa reunión de mandatarios activos y jubilados en la península. Ahora, será Bielsa quien deberá cubrir el lugar del Presidente en ese retrato. Una nueva oportunidad para Elisa Carrió, que lo espera ansiosa como competidora en las elecciones porteñas.
Dejá tu comentario