Por primera vez en los cien años de actividad en la Antártida, la Argentina replegará todos los contingentes de las bases por falta de presupuesto para llevar adelante la Campaña Antártica Invierno 2002. La crisis económica ha impactado con fuerza en la caja del Ministerio de Defensa y en la Dirección Nacional del Antártico a punto tal que aún no se dispone de los 6,8 millones de pesos necesarios para cumplir con el programa científico, con los relevos y con el abastecimiento de las bases antárticas. En el edificio Libertador había caras largas, y un espeso ambiente de ofuscación dominaba el despacho de Horacio Jauna-rena, quien en las próximas horas tendría que oficializar la orden de repliegue a los civiles y militares destinados en las seis bases permanentes.
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Esta maniobra se realizará en una serie de vuelos de aviones de transporte Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina. La difícil decisión diplomática y militar quedó prácticamente firme, pues no hay más recursos para el presente ejercicio, y Defensa no cree que Economía pueda afectar una partida especial en las condiciones presupuestarias actuales. El revés diplomático será más duro de sobrellevar, el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini había exhibido con orgullo el triunfo de que la Argentina sea sede de la Secretaría Permanente del Tratado Antártico. Inclusive paladeó que la revelación se hiciese en Gran Bretaña -principal opositor a la iniciativa-justo cuando estaba de visita oficial en Londres. «La fecha de inicio de las operaciones en la Antártida tiene un punto de no retorno que está dado por la meteorología del lugar y particular-mente por la formación de hielo de cierto grosor alrededor de las rutas de acceso marítimo a las bases», dijeron fuentes de la Dirección Nacional del Antártico (DNA). La navegación del buque polar con los abastecimientos, el personal de relevo y los científicos tendría que iniciarse a media-dos de diciembre. «Luego de esa fecha límite el rompehielos Irizar no puede entrar y los moradores de las bases antárticas deberán pasar la invernada sin relevos, racionando los víveres disponibles que alcanzan sólo hasta mitad del año 2002», completaron las mismas fuentes. Este panorama fue confirmado a Jaunarena por el Estado Mayor Conjunto, responsable operativo del programa antártico. Para disminuir los gastos se diseñaron alternativas que pasan por suspender las tareas científicas de la DNA limitándose las actividades sólo al relevo de las dotaciones, pero la imposibilidad de obtener recursos obligó a tomar la resolución drástica de cerrar las bases por un año y replegar al personal por avión.
Como una premonición, a mediados de año, se debatió la posibilidad de cierre transitorio de bases antárticas si se agravaba la situación fiscal. A punto tal que Angel Ernesto Molinari, director nacional del Antártico, giró una nota escueta al ministro Rubén Néstor Patto, director general de Antártida de la Cancillería fechada el 1 de agosto en los siguientes términos: «Tengo el agrado de dirigirme a Ud. con respecto al análisis referido al potencial cierre de bases antárticas argentinas para la Campaña Antártica de Invierno 2002 por razones presupuestarias. Sobre el particular, mucho agradeceré poder conocer las sugerencias y comentarios que esa Cancillería desee realizar desde el punto de vista de su competencia específica sobre el tema en cuestión».
La nota causó conmoción en los funcionarios del área y repercutió en la Subsecretaría de Política Exterior de la Cancillería, pues la Ley de Déficit Cero había calado hondo no sólo en haberes de los diplomáticos, sino también en asignaciones presupuestarias del Palacio San Martín. En ese momento se opinó a favor de la continuidad y fortalecimiento de las actividades antárticas de cuatro de las seis bases permanentes actualmente en operación: Orcadas, San Martín, Belgrano y Jubany.
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