Como en todos los gobiernos, el PAMI es un problema. Ahora, justo cuando vence el plazo de la intervención de Juan González Gaviola (el 6 de enero), Néstor Kirchner duda sobre las medidas a tomar: saca un decreto renovando el mandato del interventor, lo desplaza al funcionario, acepta un plenario del martes próximo (Córdoba) del propio PAMI y promueve una ley modificando la actual. Si no le alcanzara todo esto, de paso hasta podría revisar una controversia económica en el instituto por el pago de prestaciones. De ahí que ayer almorzara con Alberto Fernández, con quien discrepa sobre la continuidad o no de González Gaviola, quien como se sabe es una especie de ahijado del jefe de Gabinete. Se reunieron en el Hotel Intercontinental, al que visita asiduamente -¿qué habrá sido del cariño por el restorán «Teatrix» que antes era su preferido cuando era candidato?- por razones gastronómicas, no como otros dirigentes políticos.
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También ayer el ministro Ginés González García -cada vez más orgulloso de su influencia por haber echado a Angel Cappa de la conducción técnica de Racing- se encontraba con delegados de la SIGEN a propósito de un problema en el PAMI: González Gaviola, a instancia de los síndicos, habría tenido que suspender su compromiso de pagar 60 millones de pesos a la industria farmacéutica. Una cuestión en ciernes que no lo alienta para continuar, pues en el gobierno hay cierta decepción porque no aparecieron todas las anomalías y desfalcos que se habían promovido. Mucho ruido y pocas nueces.
Si no se sabe el destino del interventor tampoco con seriedad se conoce la suerte del plenario a realizarse el martes próximo en La Falda, en el Gran Hotel Nor Tomarza, adonde van entre otros, los 7 representantes de los jubilados de todas las regiones del país (más los sindicales). Allí deberían confirmar actuaciones y algunos parecen no estar satisfechos con la administración González Gaviola. Mientras, deberán contemplar el proyecto -atribuido a la ministra Alicia Kirchner- de reformar la Ley 25.615 para favorecer un control más ejecutivo y personalista del PAMI, con un presidente y vice ejecutivos mientras convierten en «asesores» a los delegados gremiales y de los jubilados. Como se advertirá, la novedad no les debe resultar agradable.
Por lo tanto, Kirchner está con un decreto a la mano para prorrogar la intervención del mendocino González Gaviola aunque ése no era su propósito: le molesta admitir que haría lo que todos le dijeron que haría. A su vez, hay un plenario que no se sabe si se realiza, con ánimo quizás de crítica a la conducción kirchnerista y hasta un proyecto de ley, casi familiar, que pretende limitar la representación de jubilados y gremios. El PAMI siempre da para hablar y nunca por lo democrático.
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