Ocurrió el jueves 16, en la Biblioteca Nacional, durante un debate sobre la deuda externa. Los organizadores, los setentistas de la Fundación Conurbano, que aplauden a Néstor Kirchner, imaginaban una ronda de elogios con el Presidente y para eso convocaron al secretario de Cultura de la Nación, Torcuato Di Tella como moderador.
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Al panel, para garantizarse un perfil que reniegue de los compromisos, sentaron al diputado nacional Mario Cafiero (ex ARI, ahora con partido propio, Soberanía), al economista Alfredo Eric Calcagno y el periodista Daniel Muchnik.
Pero nada salió como pensaban: en vez de flores para el gobierno, hubo espinas, cuestionando la negociación con los acreedores que lleva adelante Roberto Lavagna desde el Ministerio de Economía.
Frente a la catarata de reproches, hubo reacciones airadas. Algunas a favor; otras en contra. El más efusivo fue el publicista Fernando Braga Menéndez que, furioso, reaccionó contra los expositores y hasta increpó a los más críticos con la gestión oficial.
Pero lo más jugoso lo aportó, fiel a su estilo, Di Tella, que comenzó vestido de moderador pero luego cambió de ropaje y se convirtió en excitador. Lo hizo cuando se abocó a explicar, docente al fin, los distintos mecanismos de cambio social. Se refirió, primero, al reformismo y luego a las revoluciones violentas, en este caso citando los ejemplos de Cuba y Nicaragua.
Mario Cafiero intervino y recordó el caso argentino, se remontó a los '70 y, nostálgico, relató anécdotas de «amigos» que «tomaron el camino de la lucha armada». Pero, aclaró para evitar quejas, que ahora él esperaba un cambio «sin violencia». • ¿Y por qué sin violencia?, lo interrogó Di Tella. Hizo una pausa para que el auditorio digiera el comentario e insistió: «Pregunto esto porque no sé si un cambio como éste podrá darse sin violencia».
A esa altura, panelistas y escuchas estaban sumidos en la perplejidad, entre cuchicheos y alguna risa incómoda y forzada.
Entonces Di Tella volvió a la carga. Provocador profesional quiso corregirse y explicó: «No creo que en nuestro país estén dadas las condiciones para revoluciones violentas y por eso, por ahora, nada cambiará».
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