12 de agosto 2004 - 00:00

Positivo: abrirá hoy el diálogo institucional al visitar Episcopado

Tanto en la Casa Rosada como en la Comisión Permanente del Episcopado se daba por seguro anoche que Néstor Kirchner visitaría hoy a la cúpula de los obispos argentinos. Sería el primer encuentro del Presidente con los prelados desde que asumió el poder la administración actual. Pero no tiene significación sólo por esa estadística: el acercamiento está destinado a poner fin, tal vez, a un distanciamiento creciente entre el gobierno y la Iglesia. Esa divergencia tiene varios motivos: desde la designación de jueces abortistas en la Corte Suprema de Justicia hasta el entredicho entre Kirchner-y uno de los jerarcas gravitantes de la Curia, el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer. Frente a estos antecedentes, la demora que todavía mantiene el gobierno para conceder una audiencia al obispo castrense y capellán de la Presidencia, Antonio Baseotto -la pidió el 25 de mayo del año pasado-, es un mero detalle.

Los obispos están interesados en recibir a Kirchner, a pesar de que no quisieron hacerlo cuando todavía resonaba la diatriba presidencial contra Aguer. Los conduce un interés urgente: Daniel Filmus, el ministro de Educación, habló en la última asamblea general del Episcopado y prometió un alivio financiero para que los colegios católicos puedan cumplir con los aumentos salariales dispuestos por el gobierno. Todavía no pudo cumplir con esa promesa, que será recordada hoy delante de Kirchner.

Al Presidente también le interesa el encuentro.
Primero, porque quiere acompañar el giro de una opinión pública que comenzó a castigar su intemperancia y poca disposición para el diálogo con todo lo que, para él, huela a « pasado» (tal vez por eso casi redujo sus contactos con organismos sociales a las charlas con los «piqueteros», que son un fenómeno novedoso). Pagó caro, además, el Presidente, con la reunión que mantuvo con el bailantero
«Tota» Santillán (colega de su íntimo santacruceño Rudi Ulloa): cualquier audiencia que negó hasta ahora es comparada con esa otra, a pérdida para la imagen oficial.

Segundo, Kirchner pretende -en algún momento-visitar el Vaticano (los chistosos dicen que es porque allí no hay acreedores que hagan peligrar el paseo) y no puede hacerlo mientras mantiene tensiones con la Iglesia local. El canciller Rafael Bielsa, en cambio, ya concurrió dos veces a besar el anillo del cardenal Angelo Sodano, el secretario de Estado (la última vez que lo hizo anunció, desde la Santa Sede, que la Argentina adhería a Brasil en la defensa del matrimonio de homosexuales).

• Congreso

En tercer lugar, el catolicismo argentino está en vísperas de realizar, el mes que viene, en Corrientes, un nuevo Congreso Eucarístico (el último fue hace 10 años, en Santiago del Estero). Para esa ocasión, visitará el país como representante de Juan Pablo II el cardenal Julio Terrazas, primado de Bolivia. Le ganó la pulseada este carismático prelado a Jorge Mejía, también cardenal, argentino y jubilado, quien cayó en desgracia en la administración por su cercanía con Gustavo Béliz. Festejaron los Kirchner, seguramente, la decisión del Pontífice, que además abre la posibilidad al gobierno de exhibir a su presidente en una fiesta multitudinaria en Corrientes.

¿Se quebrará a partir de ahora la indiferencia del gobierno y los obispos? ¿Se podrá evitar así un pronunciamiento duro de la próxima asamblea? Son objetivos de la Casa Rosada, a pesar de que hace 15 días pasó por Buenos Aires el argentino más encumbrado en la cúpula universal de la Iglesia, Leonardo Sandri, sin que funcionario alguno lo invitara a tomar un café (sí lo hizo Aguer, cuyos puntos, al parecer, subieron en la Santa Sede).

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