La tragedia del local bailable República Cromagnon, le cobró ya a Aníbal Ibarra las primeras víctimas políticas. Con la dimisión de Juan Carlos López -ex secretario de Seguridad y Justicia-, la de la jefa de inspectores, Fabiana Fiszbin, y medidas más duras para los locales bailables, el jefe de Gobierno resistía anoche el primer cacerolazo en su contra y se preparaba para amortiguar el previsto para hoy.
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Algunos funcionarios del gobierno nacional consideraban ayer que los pedidos de renuncia de Ibarra llegaron demasiado rápido, un estilo disímil con el de la Nación, que contrarrestan con un Kirchner resguardado, «casi» escondido en su provincia.
En el otro extremo, Mauricio Macri confiaba a sus allegados que la tragedia lo golpea a Ibarra sin remedio. El empresario daría hoy una conferencia de prensa donde explicará su posición.
A esas pulseadas que responderá Ibarra con el correr de las horas se suma que tanto López, como su segunda Fiszbin y gran parte de esa Secretaría de Seguridad, mantiene afinidad con Vilma Ibarra, la senadora por la Capital Federal y hermana del jefe porteño. Juntos, López y Vilma, celebraron un festejo de fin de año, después de impulsar en una movida interna del ibarrismo, el «lanzamiento nacional» del jefe de la Capital que organizó finalmente el titular del gabinete de la Ciudad, Raúl Fernández, con quien la senadora mantiene un fuerte contrapunto.
Fue por la noche del 1 de enero, que Ibarra llamó a López a su despacho. Durante la jornada de emergencia el ex funcionario había estado en la Chacarita, en la Morgue, en los avatares macabros de la tragedia y en Casa de Gobierno. Le pidió la renuncia casi al mismo tiempo que López la ofertaba y no hubo dudas. «Desleal a su gente», consideró algún funcionario del gobierno nacional sobre la suelta de mano de López. «Estaba haciendo las cosas bien, hasta el punto que Pepe Albistur se quejaba que en el viejo teatro Ateneo, de su propiedad, ya había tenido 6 inspecciones», confió ese allegado al despacho presidencial.
• Coincidencias
Como estocada final, sin candidato para sucesor, Ibarra pasó el área, temporariamente, a manos de R. Fernández. Después de todo, qué no puede comprender un amigo. Con López comparten tiempos de juventud y familiares, cuando los amigos conocieron a dos hermanas y cada uno se casó con una de ellas, los dos más tarde se separaron y luego se reconciliaron, pero Ibarra volvió a alejarse de su ex esposa definitivamente. Kirchner, en Santa Cruz, decidió estar ausente en las escenas del drama, prefirió «no debilitara Aníbal» con su injerenciaen la mayor catástrofe de la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Se recluyó en el sur, para seguir por TV los acontecimientos y dar indicaciones a su jefe de Gabinete, quien al igual que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, fueron los que se comunicaban permanentemente con Ibarra. «Alberto, mirá la televisión, fijate lo que está pasando», llamó el Presidente a Alberto Fernández desde Santa Cruz. Era la una de la madrugada del 31 de diciembre y el jefe de Gabinete requirió a Aníbal Fernández que fuera a la calle Bartolomé Mitre al 3000, en el barrio porteño de Once. También a ese funcionario le pidieron que regresara de la playa, en viaje casi relámpago ida y vuelta, para que ayer visitara a los internados en los hospitales de la Ciudad.
Allí ya estaban López, el ahoraex secretario de Seguridad y Justicia, el legislador Jorge Enríquez (macrista), el jefe policial Norberto Valleca, el secretario de Salud de la Capital Federal, Alfredo Stern, el ombudsman alterno Atilio Alimena, el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde y entre otros, el legislador kirchnerista Milcíades Peña. Pocos vieron a ese diputado, atareado por su propio destino: la búsqueda de un sobrino de 13 años, Lautaro Blanco, quien falleció.
• Debilidad
Ibarra comandó su propio operativo, ordenó centrar la información en las oficinas del Centro de Gestión y Participación y esperó que su gabinete se solidarizara. Las listas de ausentes comenzaron a esbozarse a las 6 de la mañana, en la primera reunión de gabinete del día. El vicejefe, Jorge Telerman, avisó que suspendía su estada en la costa y emprendió el regreso. El más débil en esa tenida resultó López; su subsecretaria de Control Comunal, Fiszbin, la jefa de los inspectores estaba en Brasil. El subsecretario de Seguridad, Enrique Carelli, con parte médico por una delicada enfermedad; sólo Marcelo Antuña, subsecretario de Justicia, se mantenía en los centros de emergencia. Ese hombre, también del amparo de Vilma Ibarra, corrió otra suerte: anoche, con su puesto ratificado, se permitió salidas por televisión.
Los remates ocurrieron ayer a partir de las 15, en la última reunión de gabinete del día en el Palacio Municipal, cuando empleados y asesores no se animaban a entrar por el clima que allí se respiraba. Más que una guerra de funcionarios se convirtió la mesa en consuelo de padres: «Mi hijo estaba invitado y no fue», confió Ibarra; «el hijo de un asesor mío, de este gobierno», falleció», contó Gustavo López. «También falleció el ahijado de Milcíades», completaron el cuadro.
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