2 de mayo 2002 - 00:00

Psicólogo para duhaldistas por el cambio en Economía

Todavía es impredecible el efecto que tendrá sobre la marcha del gobierno la llegada de Roberto Lavagna al Ministerio de Economía. Pero para la historia individual de varios funcionarios de Eduardo Duhalde esa incógnita ya está despejada. Convertido en hombre fuerte del elenco,. Para gente sentimental del conurbano, aficionada al radio-teatro, habría que decir que el equipo recuerda ahora las «dos carátulas» en plena función:

• El más contento debe ser Carlos Ruckauf, seguramente
. Por un lado, fue el que dio el último empujón al apellido Lavagna en la noche triste del martes pasado, cuando Alieto Guadagni se refugió en La Biela, apesadumbrado por los sucesivos vetos que habían caído sobre su candidatura a ministro de Economía. La prematura defenestración de Guadagni ya había repuesto la sonrisa en la cara del canciller: el frustrado ministro lo odia desde que él lo exoneró por los diarios por encontrarse de viaje en España, cuando era titular de un fondo fiduciario para la obra pública en la provincia.

• Ruckauf exagera su protagonismo. Hombre de suerte, se le dio también que el funcionario que tendrá a su cargo la gestión política del Ministerio es un viejo adherente suyo en la provincia, Alberto Coto (nada que ver con las versiones que hizo correr Alberto Alvarez Gaiani, en el sentido de que a Coto lo puso él, ya que este diputado no tiene vinculación con los supermercados del mismo nombre). Es cierto que Coto fue ruckaufista en Morón y que en ese carácter integró la lista legislativa bonaerense. Pero está junto a Lavagna porque en la década del '80 ya había ejercido un rol similar de hombre de contactos, cuando el actual ministro ocupaba la Secretaría de Industria en la gestión de Raúl Alfonsín. Coto integraba entonces el staff de representantes comerciales («traders») en el exterior del Palacio de Hacienda, cuerpo creado por Leopoldo Tetamanti en los '60 (y después licuado por Domingo Cavallo en Relaciones Exteriores al fusionar diplomáticos y «traders»).

Más allá de esto, hay que reconocer que el actual canciller y Lavagna mantuvieron una buena relación hacia 1989, cuando «Rucucu» fue designado por Carlos Menem como embajador en Italia. En esos tiempos consultó reiteradas veces al actual ministro de Economía, autor del convenio de cooperación que se firmó por aquel entonces con el gobierno de Bettino Craxi y que tanto escandalizó la moral media más tarde.

• Si a Ruckauf le fue bien con esta crisis -un remanso en el largo duelo por la malograda candidatura presidencial-, Eduardo Amadeo se sumió en un pozo depresivo. No sólo perdió un amigo, Jorge Remes Lenicov, en Economía. Ahora llegó un adversario, con quien está enemistado desde hace más de una década. El encontronazo viene de cuando ambos eran figuras centrales de los equipos que rodeaban a Antonio Cafiero en los '80.

Ya en 1982, en aquella reunión fundacional del MUSO cafierista, en el Hotel Colón, Lavagna figuraba como «ministro in pectore» de «Tony». Hasta 1987 siguió vinculado a ese círculo, pero ese año, cuando el cafierismo llegó al gobierno bonaerense, lo dejaron con «la ñata contra el vidrio». Desde entonces le atribuye la exclusión a Amadeo, que se quedó entonces con el Banco Provincia. Claro, desde la vereda del vocero presidencial se aduce lo obvio: «¿Qué quería, cobrar con Alfonsín y también con nosotros?». Allí lo tienen por angurriento.

• Tal vez el disgusto de Amadeo no se deba tanto a la felicidad de Lavagna sino a la alegría de Carlos Ben, el secretario de Medios. Es conocida popularmente la rivalidad entre ambos (los funcionarios vinculados a la prensa suelen asimilarse rápidamente a la farándula en su conducta). Ahora Ben se regodea con la desdicha de su enemigo, que se agrega a otro triunfo: la salida de Remes del cargo. La enemistad que tenía con el ex ministro de Economía es inconfesable, se debe a razones que sólo sus amigos íntimos y confidentes conocen. Ben dos, Amadeo cero.

• Para completar el cuadro, se agrega
Diego Guelar, desde Washington. El embajador supone, auxiliado por algún dato, que Lavagna hará caer el contrato de los lobbystas que Remes había cerrado en los Estados Unidos para promover la imagen de su gestión. A ningún diplomático le gusta que lo puenteen con empresas privadas, como sucedió hasta ahora. Es posible que Lavagna se abstenga de estas contrataciones, sobre todo porque una de ellas -la de Alan Stoga- fue recomendada por Amadeo, enemigo de Guelar por carácter transitivo.

• Si a Ruckauf le salió bien la apuesta, otros integrantes del equipo de Duhalde retrocedieron diez casilleros. Además de Amadeo, también José Pampuro, Rodolfo Gabrielli
y la mayor parte de los gobernadores apostaron a que el ministro sería Guillermo Calvo. No estaban tan lejos de lo cierto ya que el economista del BID llegó a Buenos Aires predispuesto a aceptar el cargo si lo «presionaban» como corresponde. Sin embargo, da la impresión de que se impuso el veto de los radicales. Duhalde los consultó de manera permanente, y hay quienes creen que el nombre de Guadagni para Economía se terminó de resolver definitivamente en una comida de Alfonsín con el Presidente, en Olivos, el lunes de la semana pasada. Finalmente, los hombres de la UCR se adecuaron a Lavagna, quien, a pesar de las diferencias con que se marchó del gobierno radical, es mejor visto que el ortodoxo Calvo. Curiosa gravitación la de los dirigentes del radicalismo en materia económica: en casa les va bastante mal, ya que al Comité Nacional le cortaron el teléfono y al Comité Provincia, la luz, por falta de pago.

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