Cierto estupor se registraba ayer por el despido del general Jorge Cabrera, a cargo de un área especial de Inteligencia del Ministerio de Defensa (el organismo con mayor presupuesto y 90 hombres bajo su tutela). Es que, tras los episodios de Atocha en España y la intranquilidad internacional reinante por amenazas de más bombas en el mundo, un país que no ha sido ajeno a estas complicaciones como la Argentina se desprende en forma traumática de quien presuntamente se ocupaba de la mayor parte de los movimientos terroristas internacionales. Al menos, es lo que suponen los organismos de inteligencia, que no encuentran explicaciones razonables a la exoneración.
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¿Se apoyará en este criterio el esfuerzo que, anoche, realizaba el ministro Julio De Vido para reponer a Cabrera -ya como retirado-en su cargo? Plena negociación entre Presidencia, Obras Públicas y Defensa para alejar definitivamente al militar o reclutarlo de nuevo. La mayor justificación de Néstor Kirchner para devolver a Cabrera a su privilegiado lugar (por los fondos) es debido a la irritación que genera entre casi todos sus compañeros del Ejército.
Como se sabe, Cabrera -hombre de confianza y consulta del Presidente-fue separado hace 24 horas de la fuerza por no haber concurrido a la ceremonia donde se descolgaron los nuevos retratos de Jorge Videla y Reinaldo Bignone.
Casi fue una novedad esa inasistencia, pues Cabrera se destacó por la obediencia al mandatario y allegados, también por los servicios que le prestó a éste realizando perfiles de vida, conducta y estados económicos de distintos oficiales superiores. El militar adujo que su no concurrencia al acto obedeció a que nadie lo instruyó para asistir, pero esa respuesta resultó inaceptable y lo relevaron ipso facto.
• Improvisación
Este caso puede ser entendible para el frente político interno, pero constituye una muestra de improvisación en el análisis del universo del espionaje. Casi una imprudencia y una conspiración inclusive contra prioridades superiores del gobierno, como es la atención de la amenaza terrorista. De inmediato, se explicó que Cabrera dedicaba la mayor parte de su tiempo, y la de sus 90 hombres a cargo, además del Presupuesto, a controlar cuestiones internas (informes sobre actividad de militares, en actividad o en retiro, y otros cuadros locales de situación). O sea, no hay que temer en un desistimiento de las cuestiones internacionales que tanto preocupan. Y, en verdad, debe ser así, por la inter-vención de distintos ministerios para recuperar a Cabrera, quien ha servido con dedicación a los pedidos de varios hombres de Néstor Kirchner y, por supuesto, de él mismo.
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