Qué pasó detrás del recinto
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Mientras Milcíades Peña leía el último discurso de la tenida, nadie le prestaba atención. Los padres aumentaban el barullo, los legisladores se levantaban de las bancas, el personal de seguridad, asesores de los diputados y empleados se paseaban por el recinto temiendo los desbordes y ya los siete diputados kirchneristas se habían retirado en medio de insultos y amenazas desde las barras y discusiones entre ellos mismos. Talento había sido convencido de insertar su discurso en la versión taquigráfica y no hablar para evitar provocaciones y tampoco lo haría en nombre de la bancada el titular del bloque oficialista, Diego Kravetz.
En ese clima, Santiago De Estrada, presidente de la Sala Acusadora, llamó a un cuarto intermedio que tuvo lugar en el Salón Eva Perón, detrás del estrado. Los kirchneristas ya se habían retirado de la Legislatura y solo quedaban del lado de Ibarra cinco diputados: las ibarristas Sandra Dosch y Alicia Caruso, los miembros del Partido de la Ciudad, Jorge Giorno y Julio De Giovanni y el peronista Jorge Mercado. El resto eran los 29 votos en contra de Ibarra: el macrismo, el ARI, la izquierda y algunos independientes como Sandra Bergenfeld o María Eugenia Estensoro, exaltadísima al punto del maltrato verbal contra periodistas de agencias que cubrían la sesión.
Otros furibundos eran Mercado y el peronista macrista Diego Santilli. Allí la izquierda padecía un conflicto propio: pasar a un cuarto intermedio como reclamaban los padres les significaba deshacer las valijas que tenían listas para viajar a Cuba, un paseo a costa del presupuesto público para quienes ya no serán legisladores después del 10 de diciembre.
Uno de los que llevó la propuesta de posponer la definición de enjuiciar o no a Ibarra fue Jorge Enriquez, pero antes algunos legisladores quisieron hablar con representantes de los cinco grupos diferentes de padres para que reestablecieran el orden en el recinto y se pudiera votar: fueron intransigentes, se empacaron con la decisión de que estuvieran los 45 diputados de la Sala Acusadora sentados, un imposible. Habían provocado la ida del kirchnerismo y ya cuatro legisladores no habían asistido al debate. Ni siquiera los convenció que los oficialistas podrían regresar si se les garantizaba la seguridad.
A los legisladores tampoco los animó el llamado del ministro del Interior Aníbal Fernández quien comunicó a De Estrada que le aseguraba que la policía Federal, desplegada en el recinto y fuera, les garantizaba que votaran, pero el personal de seguridad de la Legislatura contradijo esa garantía.
Es que algunos de la izquierda y otros del macrismo, en sintonía con los padres presentes, que a esa altura ya habían desbordado el recinto y también los pasillos de la Legislatura, intentaban posponer la sesión -como finalmente lo lograron- con la idea de conseguir el voto faltante para que el lunes se produzca el desplazamiento de Ibarra de su cargo.
Bergenfeld, en un último intento, resistió forcejeos para acudir en soledad a una última conversación con el abogado y padre de un joven fallecido, José Iglesias. Solo pudo obtener que aceptaban mantener el orden si se sentaban en el recinto, 43 de los 45 integrantes de la Sala, cuando ya quedaban 34 en la Legislatura. "No, nosotros queremos que se sienten todos y si no van a poder votar, no los vamos a dejar votar, y esto es culpa de tu jefe político o el que iba a ser tu jefe político, Alberto Fernández, nos robaron los votos y nos vamos a quedar acá hasta que estén todos y voten". Así, los legisladores daban por perdido el control de la Legislatura, que pasaba a manos de los padres de los fallecidos en el local bailable.
Es de considerar que la salida desde el salón Eva Perón a los pasillos de la Legislatura no era cuestión de caminata: las puertas de ingreso al despacho de De Estrada (lindero al Eva Perón, detrás del recinto) permanecían cerradas con llave y custodiadas, lo mismo que el ascensor privado de los legisladores y la puerta que da al recinto aparecía peligrosa, ya que dentro estaba el centenar de familiares que había acudido a la sesión. Tanta seguridad había dejado a los diputados allí reunidos sin agua, comestibles ni café, pero seguían por TV lo que ocurría del otro lado de la mampostería.
La mala nueva que llevó Bergenfeld desató una reunión más extensa pero ya acotada: cuándo se realizaría finalmente el cuarto intermedio, si el lunes o el martes. Detrás de uno de ese lugar de reunión de los diputados, aguardaban la definición personal de seguridad y asesores, entre ellos el hijo de Eduardo Borocotó, la presencia más polémica de la velada. También estaban diputados que no conforman la Sala Acusadora, como la ibarrista Laura Moresi y la izquierdista Beatriz Baltroc.
Mercado, en el Eva Perón, llevaba la voz de quienes se oponía al cuarto intermedio, contra la mayoría. La ibarrista Caruso recriminaba la "falta de solidaridad" por las amenazas que había recibido, el izquierdista Devoto pedía que se permitiera el lunes también la presencia de los padres. Santilli, en contra de su propio bloque, se oponía al cuarto intermedio lo que provocaba la discusión en fuerte tono entre ellos. Del ARI, Fernando Cantero apoyaba el cuarto intermedio, mientras que los otros que apoyaban la izquierdista Graciela Scorzo -quien ingresó hace pocos meses a la banca en reemplazo de un zamorista- se ofuscaba por la presencia de asesores. ¡Recordá que hace dos meses eras asesora y vas a volver a serlo dentro de un mes y si tenés suerte! La irritabilidad de esa diputada se contagiaba a Estensoro y así demoraba la definición horas.
Finalmente De Estrada ingresó al recinto y anunció ante las cámaras de TV y familiares que s pasaba a cuarto intermedio. Era lo que reclamaban los padres, pero la furia se desató de todos modos, comenzaron los forcejeos, el revoleo de bancos, roturas de vidrios y gases lacrimógenos, con los legisladores encerrados en el Eva Perón.
A los gritos Mercado y Moresi recriminaron a la izquierda ¡Esto es lo que querían, ésto es lo que prometieron!. Colérico el peronista no resistió embates de los izquierdistas y entre tres debieron sostenerlo cuando comenzó a repeler amagues de trompadas, al son de Santilli, también furioso, por la decisión del cuarto intermendio, a medida que comenzaban a percibirse los gases lanzados por la policía, dentro de la Sala. La izquierdista Baltroc a los gritos con aguda voz hablaba de compra de votos y su marido debió sostenerla y retirarla del salón.
Durante más de una hora los diputados y colaboradores debieron permanecer encerrados allí, sea los que propiciaban el juicio político como los que no. "Cualquiera la puede ligar ahora", era la consigna para mantenerse refugiados.
De a grupos, ya cerca de las dos de la madrugada comenzaron a salir por una puerta que da a la diagonal Sur, donde el clima era otro: corría el viento fresco sobre las calles y la Plaza de Mayo deshabitada, una paz contrapuesta a lo que seguía a media cuadra: la ira de los padres que amenazaban con permanecer hasta el lunes ocupando la Legislatura.
A una cuadra de la Legislatura, la luz del despacho de Ibarra permanecía encendida en avenida de Mayo 525. El jefe de gobierno, que se había mantenido on line con sus legisladores, continuaba las especulaciones junto a su jefe de gabinete, Raúl Fernández y el subsecretario de Comunicación, Daniel Rosso, más que nada para acordar cómo responder luego a radios y movileros.
Lejos, los kirchneristas se dispersaban una vez que habían lanzado un comunicado de prensa expresando sus reproches a De Estrada y su postura de abstención en la votación.



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