12 de agosto 2004 - 00:00

Radicales deciden hoy si dialogarán. No, si son exclusivos

Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner, Elisa Carrió y Ricardo López Murphy
Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner, Elisa Carrió y Ricardo López Murphy
Los principales dirigentes del radicalismo se reunirán hoy para definir qué conducta seguir frente al diálogo político, un experimento emprendido por el gobierno de Néstor Kirchner que comenzó a tener ahora una consistencia fantasmagórica. La reunión está anunciada para las 12, lo que hace pensar en que se realizará recién a la hora de la siesta, sin que esta demora, en la tradición radical, deba ser vista como una adhesión al protocolo impuesto en la Casa Rosada por los Kirchner.

Alrededor de la mesa, que encabezará Angel Rozas, estarán los 24 presidentes del partido en los distintos distritos del país y también las conducciones de los dos bloques parlamentarios de esa fuerza en el orden nacional. Los radicales llegan a la reunión un poco ansiosos, ya que Rozas se ausentó del país durante aproximadamente 15 días a partir de su viaje a Boston para asistir a la Convención Demócrata.

• Posición común

Más allá de la interna, que se tramita de manera incesante en la UCR, es posible que del encuentro de hoy emerja una postura común frente al gobierno. Los radicales tienen fijada una posición que podría resultar unívoca: no asistirán a un eventual diálogo si el gobierno no convoca, al mismo tiempo, a todas las fuerzas políticas. Tampoco lo harán de manera precipitada.

Las razones de esta actitud hay que buscarlas en el juego político en el que se encuentra inscripta la UCR:

• Buena parte de la dirigencia del partido, sobre todo la de los bloques legislativos, está convencida de que el radicalismo volverá de la muerte sólo si asume alguna agresividad frente al poder. Es una premisa bastante obvia en la política, sobre todo cuando esa sigla está desafiada hoy en su base electoral por gajos de su propio tronco, como Elisa Carrió y el ARI, o como Ricardo López Murphy y Recrear. Esto último es lo que se aconsejó a los radicales, en sus reuniones preliminares a la de hoy, a resolver: sólo confluirían en la mesa del gobierno si también se invita a esas otras personalidades y partidos.

• Una segunda razón por la cual la UCR mostrará cierta reticencia al diálogo político es, como de costumbre, su pelea doméstica. Esta se libra desde la fundación del partido (Leandro Alem explicó su suicidio en el enfrentamiento con su sobrino Hipólito Yrigoyen), pero se ha vuelto irrespirable desde la caída del gobierno de Fernando de la Rúa. Los sectores más ligados al ex presidente están convencidos de que su final fue producido por el duhaldismo con la aquiescencia o la colaboración de Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani, entre otros. Esos mismos sectores quieren estar seguros de que, si concurren al diálogo oficial, no será en calidad de apéndices de un nuevo acuerdo más importante entre Kirchner y Eduardo Duhalde, vía Leopoldo Moreau. Aunque la reciente presentación del diputado bonaerense con el Presidente (fue para bautizar como «Ricardo Balbín» la autopista Buenos Aires-La Plata) sea explicada casi como una casualidad por los amigos de Moreau, en las tribus que se oponen al oficialismo bonaerense de la UCR creen ver corrientes más espesas en el fondo del río. Hay quienes hasta fantasean en una componenda electoral entre el radicalismo antidelarruista y el duhaldekirchnerismo.

• A estas sospechas sobre la conducta de Moreau sus detractores suman otro dato: la visita secreta de Néstor Kirchner a Raúl Alfonsín para interesarse por una enfermedad de la que fue informado el Presidente. Fue hace 15 días en el domicilio de Alfonsín, en la avenida Santa Fe de la Capital Federal. Se podrá decir que es un argumento ramplón pero, para muchos radicales, es el más decisivo para no correr al eventual abrazo de Kirchner y sus hombres: el gobierno todavía no emitió ninguna señal placentera para la UCR en términos de ocupación de cargos en el Estado para la militancia partidaria (lo que vulgarmente se conoce como «alimento vital para los punteros» y que son un manjar político para muchos dirigentes, en especial de la provincia de Buenos Aires). «Si quieren hablar de lo visible, primero hablemos de lo invisible», recomendó un caudillejo de esa zona cuando le preguntaron qué actitud adoptar.

• La incertidumbre que el propio radicalismo podía ostentar se fue acotando también por la situación del gobierno. Muchos dirigentes de la UCR creen que el colapso en las relaciones con el Fondo Monetario Internacional tiene efectos de aislamiento sobre el Ejecutivo que obligan a ser más prudentes en exhibirse con Kirchner. El mismo dirigente bonaerensese lo explicó a un amigo duhaldista el martes, en estos términos: «Cuando nos llamaron, creían que nos estaban poniendo el respirador antes de la extinción. Y tal vez era cierto. Pero dentro de 15 días tal vez el que necesite de un pulmotor sea el que nos llamó. ¿Para qué apurarnos?».

• Finalmente, en un rasgo más de informalidad por parte del equipo de Kirchner, nadie conocía bien anoche el carácter de la invitación cursada por el gobierno a la UCR para iniciar un diálogo. ¿Fue sólo una conversación telefónica entre Alberto Fernández y Rozas? ¿Se trató nada más que de un comentario de Aníbal Fernández a un grupo de radicales bonaerenses que lo visitaban para pedirle apoyo en los homenajes a Balbín, uno de los cuales será la comida que se servirá hoy por la noche en el Centro Asturiano? ¿Hubo alguna carta oficial invitando al partido? Enigmas que los descendientes de aquel radical suicida despejarán hoy en su sede de la calle Alsina.

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