Radicales deciden hoy si dialogarán. No, si son exclusivos
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Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner, Elisa Carrió y Ricardo López Murphy
• Una segunda razón por la cual la UCR mostrará cierta reticencia al diálogo político es, como de costumbre, su pelea doméstica. Esta se libra desde la fundación del partido (Leandro Alem explicó su suicidio en el enfrentamiento con su sobrino Hipólito Yrigoyen), pero se ha vuelto irrespirable desde la caída del gobierno de Fernando de la Rúa. Los sectores más ligados al ex presidente están convencidos de que su final fue producido por el duhaldismo con la aquiescencia o la colaboración de Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani, entre otros. Esos mismos sectores quieren estar seguros de que, si concurren al diálogo oficial, no será en calidad de apéndices de un nuevo acuerdo más importante entre Kirchner y Eduardo Duhalde, vía Leopoldo Moreau. Aunque la reciente presentación del diputado bonaerense con el Presidente (fue para bautizar como «Ricardo Balbín» la autopista Buenos Aires-La Plata) sea explicada casi como una casualidad por los amigos de Moreau, en las tribus que se oponen al oficialismo bonaerense de la UCR creen ver corrientes más espesas en el fondo del río. Hay quienes hasta fantasean en una componenda electoral entre el radicalismo antidelarruista y el duhaldekirchnerismo.
• A estas sospechas sobre la conducta de Moreau sus detractores suman otro dato: la visita secreta de Néstor Kirchner a Raúl Alfonsín para interesarse por una enfermedad de la que fue informado el Presidente. Fue hace 15 días en el domicilio de Alfonsín, en la avenida Santa Fe de la Capital Federal. Se podrá decir que es un argumento ramplón pero, para muchos radicales, es el más decisivo para no correr al eventual abrazo de Kirchner y sus hombres: el gobierno todavía no emitió ninguna señal placentera para la UCR en términos de ocupación de cargos en el Estado para la militancia partidaria (lo que vulgarmente se conoce como «alimento vital para los punteros» y que son un manjar político para muchos dirigentes, en especial de la provincia de Buenos Aires). «Si quieren hablar de lo visible, primero hablemos de lo invisible», recomendó un caudillejo de esa zona cuando le preguntaron qué actitud adoptar.
• La incertidumbre que el propio radicalismo podía ostentar se fue acotando también por la situación del gobierno. Muchos dirigentes de la UCR creen que el colapso en las relaciones con el Fondo Monetario Internacional tiene efectos de aislamiento sobre el Ejecutivo que obligan a ser más prudentes en exhibirse con Kirchner. El mismo dirigente bonaerensese lo explicó a un amigo duhaldista el martes, en estos términos: «Cuando nos llamaron, creían que nos estaban poniendo el respirador antes de la extinción. Y tal vez era cierto. Pero dentro de 15 días tal vez el que necesite de un pulmotor sea el que nos llamó. ¿Para qué apurarnos?».
• Finalmente, en un rasgo más de informalidad por parte del equipo de Kirchner, nadie conocía bien anoche el carácter de la invitación cursada por el gobierno a la UCR para iniciar un diálogo. ¿Fue sólo una conversación telefónica entre Alberto Fernández y Rozas? ¿Se trató nada más que de un comentario de Aníbal Fernández a un grupo de radicales bonaerenses que lo visitaban para pedirle apoyo en los homenajes a Balbín, uno de los cuales será la comida que se servirá hoy por la noche en el Centro Asturiano? ¿Hubo alguna carta oficial invitando al partido? Enigmas que los descendientes de aquel radical suicida despejarán hoy en su sede de la calle Alsina.



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