El sábado se reunirá en Berazategui la convención bonaerense de la UCR, que tendrá a su cargo aprobar la caducidad de los padrones partidarios. El enfrentamiento entre antiguos aliados, como Federico Storani y Leopoldo Moreau, hoy claramente alineados en bandos opuestos, augura un ácido debate donde no estará ausente el fantasma de las precandidaturas presidenciales.
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Por lo pronto la Corriente de Opinión Nacional (CON) que lidera «Fredi» Storani, junto a sectores porteños de Jesús Rodríguez, y representantes de las 23 provincias, decidieron la semana pasada apoyar la nominación presidencial de Rodolfo Terragno. Este, que llegó ayer de Europa, aseguran que hará esta semana su presentación desde un hotel céntrico y la que viene se lanzará la campaña en todo el país. Esto lo pondrá en directa colisión con Raúl Alfonsín, del que no descartan que termine apadrinando a Moreau en ese enfrentamiento si llega a bajarse el chaqueño Angel Rozas. El tercero en discordia sería otro antiguo compañero de ruta, Juan Manuel Casella, que sostiene que debe haber una única fórmula presidencial, evitando el desgaste de una interna con su secuela de muertos y heridos.
Sin embargo los convencionales bonaerenses llegados desde el interior es probable que terminen pidiendo la renuncia de toda la mesa del comité de la provincia, que hoy preside Storani. La antigua alianza con Moreau y Casella, que los llevó a la conducción del distrito, está destruida. Y entre la gente del interior ha crecido el enojo por el desprecio con que han sido considerados muchos intendentes municipales exitosos, impedidos de ser promovidos trascendiendo los límites de sus comunas.
Esto es tan así que los denominados «autoconvocados» del radicalismo bonaerense reclaman «que se vayan todos». En este caso, para la vieja guardia partidaria: Alfonsín, Moreau, Storani y compañía. Algunos de estos rebeldes incluyen en la nómina hasta a Melchor «Cholo» Posse.
Una verdadera curiosidad porque el grupo díscolo lo anima, entre otros, el hijo del ex intendente de San Isidro, el actual jefe comunal de ese distrito, Gustavo Posse. Posse (h), quien niega cualquier precandidatura a la gobernación bonaerense y prefiere pregonar la descentralización de la provincia, compartió con los legisladores provinciales Juan Pedro Tunesi, Mario Meoni, Raúl Altabe y José Eseverri (este último descendiente del lord mayor de Olavarría y storanista Elios Eseverri) una algarada en Junín, durante el fin de semana, para reclamar la retirada de la actual conducción partidaria.
Estos «autoconvocados» son congéneres que reivindican los 61 municipios que todavía administra la UCR, a pesar de que -como Posse (h)-, no reniegan hacer frentes electorales con vecinalistas e independientes. No obstante compartir la misma franja de edad, le negaron la entrada a Ricardo Alfonsín, y no sólo por portación de apellido.
Por su parte, el «Marciano» Moreau, hoy un diputado raso, promueve su precandidatura presidencial dicen que con un propósito ulterior: que esto lo habilite para sentarse a la mesa grande de las decisiones partidarias. Sin embargo, entre los radicales nadie lo toma realmente en serio.
• Versión descalificada
Inclusive ayer fue descalificada la versión que señalaba que Moreau concurriría el sábado buscando el aval de la convención a su nominación. «La convención no puede avalar precandidaturas», afirmaron desde el comité provincia de la UCR. La especie fue atribuida a que esto pasó con Fernando de la Rúa, pero porque era el único candidato. Es decir que la convención nacional -no la provincial- puede avalar a un candidato sólo después que la interna lo ha consagrado, nunca antes.
En la agenda del sábado figura la caducidad de todas las afiliaciones, decidida en la última reunión. Como nadie se manifestó en contra, queda por resolverse cómo se instrumentará la renovación del padrón de inscriptos. Mientras unos proponen que la ratificación se haga en cada comité, gana terreno la propuesta de que en la próxima interna esa ratificación se haga de hecho con quienes concurran a votar. Una manera de asegurarse el trabajo interno de dirigentes y punteros, aunque más no sea para seguir manejando alguna porción de poder político partidario a la hora de reclamar un lugar en las listas de candidatos.
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