Reabren Legislatura para que Ibarra rinda cuentas
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Aníbal Ibarra
«Si hay sesión, hay interpelación», coincidían de uno y otro lado de los despachos. Del macrismo, promotor de la medida y del kirchnerismo que con el Presidente ausente de la escena dudaba qué rumbo tomar, pero la certeza que corría en los pocos despachos ocupados de una Legislatura de vacaciones, era que «nadie se atrevería a votar en contra de la interpelación, ni las propias ibarristas».
«Ibarra está dispuesto a someterse a esa interpelación si la piden», confiaban anoche allegados al despacho del jefe porteño, una vez que suspiraron tras la finalización de la marcha de protesta (ver nota aparte).
Macri en esta oportunidad no logra todavía abroquelar a los dos bloques que le responden: el oficial de Compromiso para el Cambio acatará su pedido, pero el adherente Juntos por Buenos Aires, que conduce Jorge Mercado, ayer -excepto Enríquezseguía discutiendo. El titular de la bancada sostenía la postura de «pedir oficialmente el expediente de habilitación e iniciar una investigación propia para ver las diferentes responsabilidades y seguro que el mayor responsable es Omar Chabán. No queremos hacer un reportaje. Si somos serios, tenemos que tener elementos».
Con ese criterio, Macri anoche esperaba a Mercado para que le diera explicaciones en su casa. Raro para Macri, contar con el consentimiento de la izquierda que clama por la renuncia de Ibarra y la resistencia de propios a esa cruzada.
El kirchnerismo, por su parte, estaba seguro de aceptar la interpelación si no encontraba otra alternativa. La opción era conformar una comisión que se sume al control de los controles del Gobierno porteño e implementar medidas más severas aún que las que explicó Ibarra para los locales bailables, como alternativa en espera de que «se aclaren los hechos».
En el seno del Gobierno, Ibarra eludía la interna a su alrededor. Heridos quedaban aquellos funcionarios que animaron la dupla Vilma Ibarra-Juan Carlos López. Esa incipiente sociedad política contaba además con la simpatía del jefe de Gabinete nacional, Alberto Fernández. Todos miraban ayer cómo el funcionario renunciante tragaba más saliva al ver que la persona con la que más ha diferido (igual que la senadora) por los pasos políticos del jefe porteño, Raúl Fernández, tomaba a cargo su área. Lo contaron algunos directores a los que convocó por la mañana a su despacho, como despedida. El jefe de Gabinete porteño, por su parte, ya pidió un informe de gestión a cada uno de los directores y directores generales de las tres subsecretarías que tenía a cargo López. Piensa hacer una reestructuración que incluiría desdoblar las áreas.



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