4 de enero 2005 - 00:00

Reabren Legislatura para que Ibarra rinda cuentas

Aníbal Ibarra
Aníbal Ibarra
Aníbal Ibarra medirá el jueves cuánto control le queda sobre una Legislatura que ya le es adversa, que la viene manejando con tres diputadas propias a puro veto de leyes y que está dispuesta a reunirse el jueves para pedir la interpelación del jefe de Gobierno. Se sumará el macrismo y la izquierda, con un oficialismo que duda sobre qué actitud tomará al momento de votar, si se concreta el debate.

Los legisladores del macrismo hicieron el pedido de sesión extraordinaria con el requisito de juntar las 20 firmas necesarias para autoconvocarse. Una vez en el recinto deben llenar por lo menos 31 bancas, la mitad más uno, para poder dar inicio a ese debate sobre la responsabilidad o no del Gobierno porteño en la tragedia del barrio de Once. Sin embargo, para que la interpelación prospere, los votos deben ser 40, dos tercios de las bancas.

«Si hay sesión, hay interpelación»,
coincidían de uno y otro lado de los despachos. Del macrismo, promotor de la medida y del kirchnerismo que con el Presidente ausente de la escena dudaba qué rumbo tomar, pero la certeza que corría en los pocos despachos ocupados de una Legislatura de vacaciones, era que «nadie se atrevería a votar en contra de la interpelación, ni las propias ibarristas».

«Ibarra está dispuesto a someterse a esa interpelación si la piden»,
confiaban anoche allegados al despacho del jefe porteño, una vez que suspiraron tras la finalización de la marcha de protesta (ver nota aparte).

El último intendente que llegó al recinto con ese espíritu fue Carlos Grosso (no era electo). Lo interpelaron con la excusa de conocer manejos sobre la concesión del servicio de recolección de residuos, pero terminaron interrogándolo por privatizaciones y otros temas que se extendieron durante 12 horas. Luego Grosso renunció y son varios los actuales funcionarios porteños que recuerdan la movida.

• Pedido

Primero disparó el legislador Jorge Enríquez, con la idea de interpelar tanto a Ibarra como a Juan Carlos López, ya ahora renunciado. Después tomó el guante el propio Mauricio Macri. El empresario relegó una conferencia de prensa que terminó considerando no oportuna. En cambio, reunió en su casa, ayer a la mañana, a algunos legisladores que interrumpieron sus vacaciones, como Martín Borrelli y la titular de la bancada, Gabriela Michetti. Con Macri estaba, entre otros, su ex jefe de campaña, Juan Pablo Schiavi, y otros colaboradores.

Allí decidieron hacer del bloque el pedido de interrogar a Ibarra, de quien creen «ya se cae».

Macri
en esta oportunidad no logra todavía abroquelar a los dos bloques que le responden: el oficial de Compromiso para el Cambio acatará su pedido, pero el adherente Juntos por Buenos Aires, que conduce Jorge Mercado, ayer -excepto Enríquezseguía discutiendo. El titular de la bancada sostenía la postura de «pedir oficialmente el expediente de habilitación e iniciar una investigación propia para ver las diferentes responsabilidades y seguro que el mayor responsable es Omar Chabán. No queremos hacer un reportaje. Si somos serios, tenemos que tener elementos».

Con ese criterio, Macri anoche esperaba a Mercado para que le diera explicaciones en su casa. Raro para Macri, contar con el consentimiento de la izquierda que clama por la renuncia de Ibarra y la resistencia de propios a esa cruzada.

El kirchnerismo, por su parte, estaba seguro de aceptar la interpelación si no encontraba otra alternativa.
La opción era conformar una comisión que se sume al control de los controles del Gobierno porteño e implementar medidas más severas aún que las que explicó Ibarra para los locales bailables, como alternativa en espera de que «se aclaren los hechos».

En el seno del Gobierno, Ibarra eludía la interna a su alrededor. Heridos quedaban aquellos funcionarios que animaron la dupla Vilma Ibarra-Juan Carlos López. Esa incipiente sociedad política contaba además con la simpatía del jefe de Gabinete nacional, Alberto Fernández. Todos miraban ayer cómo el funcionario renunciante tragaba más saliva al ver que la persona con la que más ha diferido (igual que la senadora) por los pasos políticos del jefe porteño, Raúl Fernández, tomaba a cargo su área. Lo contaron algunos directores a los que convocó por la mañana a su despacho, como despedida. El jefe de Gabinete porteño, por su parte, ya pidió un informe de gestión a cada uno de los directores y directores generales de las tres subsecretarías que tenía a cargo López. Piensa hacer una reestructuración que incluiría desdoblar las áreas.

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