Un millar de policías se sumarán en las próximas horas a los que actualmente patrullan las calles y controlan los accesos de la Capital Federal. Así lo anunció ayer el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Juan José Alvarez.
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El ministro opinó que por primera vez en una década durante el año 2002 «dejó de crecer el delito en Buenos Aires, los delitos más violentos se estabilizaron y se observa hoy una suave curva descendente, lo que anima a impulsar nuevamente lo que se llamó 'operativo cerrojo' de distintos controles en la ciudad». Esa iniciativa se relaciona con los controles que se realizan en los ingresos y salidas de Buenos Aires y los operativos sorpresa que, según anticipó Alvarez, ahora «aumentarán y mejorarán, ya que se ha dispuesto que unos 1.000 efectivos más se sumen en las próximas horas a los que ya trabajan en la ciudad».
Indicó que la policía de París, por ejemplo, ha solicitado al gobierno argentino abundante información respecto de cómo se realizan esos operativos de seguridad, ya que «los observan con mucha atención», y recordó que en ocasión de participar en Brasil en una reunión de ministros de seguridad del Mercosur, el viceministro de Chile reivindicó esa metodología de acción. No obstante, Alvarez reconoció que la seguridad en el país «ha desmejorado mucho en los últimos años», pero aclaró que «en Buenos Aires comenzó a decrecer el delito, ya que se actuó muy fuertemente y por primera vez, hoy hay en la calle una proporción muy importante de policías las 24 horas del día».
Alvarez afirmó que no existe compatibilización o acuerdo con los que proponen la política del «gatillo fácil» y creen que la función policial consiste en hacer en forma inmediata uso de la fuerza y señaló que es preciso ser «excesivamente prudentes, porque la Argentina no soporta episodios como los de hace un año».
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