Eduardo Duhalde hizo ayer un balance de su gestión delante de 400 funcionarios, a los que pidió que se aplaudieran a sí mismos por los éxitos obtenidos. Omitió mencionar en el repaso a Jorge Remes Lenicov e Ignacio de Mendiguren. A la salida, los cronistas le preguntaron por el olvido. Sin pestañear, reconoció que "ésa fue la etapa del derrumbe". Con una mención especial a su esposa Chiche, comenzó los halagos a sus ministros con Jorge Matzkin. Elogió la reforma política que se impulsó desde Interior, justamente la que estableció las internas abiertas para definir candidatos presidenciales a las que ahora se opone Duhalde. Casi una broma.
Eduardo Duhalde evitó ayer nombrar a Jorge Remes Lenicov e José Ignacio de Mendiguren cuando hizo un balance de su gestión, frente a 400 funcionarios. Por supuesto, cumplió a rajatabla con lo que él desearía fuera su único concepto de gobierno: hablar solo y que los demás escuchen en silencio o con interrupciones en formato de alabanza.
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Esta despedida del año desvirtuó la reunión de gabinete que había sido convocada en Olivos, pero sirvió para que el designado cantara loas a su gestión y pidiera aplausos para cada uno de sus ministros e incluso su mujer, Hilda González de Duhalde. «He hecho un repaso de todas las áreas sociales, y acá sí quiero agradecerle a mi esposa, Chiche, no solamente por la tarea de coordinación, sino también por su entrega y gran capacidad de dar amor», dijo sin ruborizarse delante de sus colaboradores, en una virtual evocación de la declaración que le dedicó en los '60 cuando Duhalde era guardavidas en un natatorio que frecuentaba la entonces juvenil creadora de las «manzaneras».
En el repaso de cada área, el mandatario comenzó por Interior. Una curiosidad o una broma macabra. Elogió que Jorge Matzkin y su equipo hubieran trabajado «en la reforma política» que habilitó las internas abiertas, a los que ahora se opone el mismo Duhalde para resolver las candidaturas del PJ. «Quedará esa ley para otra oportunidad», siguió sin reírse, y atribuyó la suspensión del sistema de selección de postulantes a «decisiones judiciales encontradas». El gobierno, por supuesto, no tuvo nada que ver.
Sorprendió que se explayara sobre Carlos Ruckauf. «El era gobernador de la provincia de Buenos Aires, y el día que me insistían para que asumiera la tarea le pregunté si estaba dispuesto a acompañarme», comenzó, mientras varios de los presentes contenían la carcajada. Como si Ruckauf nunca hubiera pensado en fugarse de La Plata por la amenaza de estallido, memoró que el actual canciller le dijo: «Si nos tenemos que ir en una semana, nos vamos, pero yo te acompaño». Muy emotivo.
• Olvido
A la salida de la reunión ministerial, los periodistas interrogaron a Duhalde por el olvido de mencionar al primer ministro de Economía de su gestión y al responsable de la cartera de la Producción. Sin mencionarlos, recordó que ellos desempeñaron cargos en «la etapa del derrumbe», según las propias palabras duhaldistas. «El momento en el que lancé la alianza con los sectores productivos fue apresurada», se disculpó con timidez por haber designado a De Mendiguren, impulsor de la devaluación. Sobreactuó un «mea culpa»: «la responsabilidad es de los que gobiernan».
Trató de diferenciar a Remes. «Algún día va a ser reconocido: la tan criticada pesificación fue lo que salvó el motor de la recuperación argentina», improvisó un speech que, a oídos de los ahorristas «acorralados», debe haber sonado a chiste de mal gusto.
En la misma ronda con cronistas, se autoensalzó señalando que él aceptó el gobierno, a pesar de que el Papa «decía que la Argentina podía entrar en una guerra civil, Fidel Castro decía que solamente un loco podía agarrar el gobierno, o el asesor del presidente de los Estados Unidos decía que no le gustaría estar en los zapatos del presidente de la Argentina». Por poco, termina pidiendo un monumento en vida.
Finalmente, admitió que, «más allá de las ganas que pueda darme» seguir más allá del 25 de mayo, «hay un principio ético que no se puede traspasar». «Quiero ver una Argentina que, cuando el presidente dice algo, ese algo se cumpla», sentenció como si nunca hubiera dicho que «quien depositó dólares recibirá dólares» el mismo día de su asunción, por mencionar el ejemplo más trillado.
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