Renunció Caputo. Otro conflicto en gobierno
Desangrado, Dante Caputo terminó ayer de renunciar a la Secretaría de Ciencia y Técnica. En diciembre tuvo la sinceridad de reconocer que se había equivocado en su proyecto de pelearse con los científicos estatales, que nunca le reconocieron méritos (Caputo en realidad no es doctor como ellos; tampoco tiene un currículum notable en materia científica). Ahora cae derrotado por el secretario de Comunicaciones Henoch Aguiar, que le sacó todas las oficinas (eran varias) dedicadas a la informática e Internet. Como este funcionario alberga en una célula del delarruismo extremo, que lidera el presidencial hijo Fernando "Aíto" de la Rúa, el resultado era previsible. Igual que cuando Aguiar enfiló los cañones mientras se discutía la desregulación telefónica contra Nicolás Gallo y también logró sacarlo del cargo.
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Reformas
Desde que se creó Internet la SECyT manejaba uno de los servidores más conocidos (Rep-Cyt) que llegaron a prestarle servicios a empresas privadas, como el Hospital Italiano. Con la llegada de Caputo, se había creado otra oficina dedicada a desarrollar nada menos que un programa de e-business o comercio electrónico. El responsable era el ex embajador Ricardo Campero, cuyos resultados nunca se conocieron. Tampoco las razones por las cuales el Estado dedicaba esfuerzos a desarrollar un tema de estricto interés de las empresas privadas,
Otro sector, a cargo del experto Jorge Zubieta (fue funcionario del alfonsinismo en los años '80), desarrolla programas de computación de aplicación científica en las oficinas de la calle Ecuador de la Capital Federal, donde antes el gobierno entregaba los créditos Fontar a empresas que apoyasen emprendimientos científicos. En la última reforma del organigrama estatal, Aguiar reclamó todas las potestades en el ramo informático y de Internet. Como su aliado en el corazón presidencial es infalible -se llama «Aíto» de la Rúa-el secretario de Comunicaciones derrotó a Caputo con amplias bajas.
Demoras
Caputo fue también centro de otras disputas dentro del gobierno. Por ejemplo, la Presidencia de la Nación le demoró la aprobación de muchas designaciones de contratados, en algunos casos por lo elevado de las remuneraciones. También le demoraron la aprobación de la estructura funcional durante meses, lo que impidió hasta el cobro de haberes de los funcionarios que debieron facturar como honorarios su tarea política.
No le ayudó a Caputo a destrabar esos conflictos su alianza con el senador bonaerense Leopoldo Moreau, un dirigente que en la Casa de Gobierno es considerado una rama de la oposición. En Ciencia y Técnica albergó una verdadera célula moroísta integrada por el hijo del legislador «Leopoldito» (o Leopoldo Moreau hijo) y Leandro García Silva, hijo de un recordado legislador radical ya fallecido. También en Moreau se referencia Guillermo Blusque, presidente de la Agencia Nacional de Ciencia y Técnica, una de las tantas oficinas dedicadas al tema en la burocracia del Estado. La excepción a este cuadro monocolor es Silvia García de Machinea, esposa del ministro de Economía, una lingüista que trabajó el área de cooperación internacional con Guido Di Tella en la Cancillería y que migró hacia Ciencia y Técnica cuando llegó Adalberto Rodríguez Giavarini. Su entidad la constituye en un poder en sí mismo. Tampoco responde al moreauismo Hilda Herzer, principal asesora de Caputo, una socióloga que se referencia en Pedro Pires, un caputista de la primera hora.
En el envío que le hizo ayer de la renuncia al presidente Caputo recordó que desde noviembre estaba pidiendo volver al banco de suplentes.
En diciembre animó una cumbre de funcionarios en Olivos con una autocrítica por su enfrentamiento con los investigadores del Conicet: «Me equivoqué de medio a medio. Lo reconozco y debo empezar de nuevo». A Fernando de la Rúa le llamó la atención ese brote de sinceridad que hubiera querido en otros funcionarios a los que no les ha ido mejor que a Caputo en sus sillas.
Candidatos
Ayer, el Presidente se atardeció mirando papeles que le acercaron sus asesores para la redacción del discurso de apertura del año legislativo el 1 de mayo. Por eso miró la carta de Caputo y mandó a decir que por ahora no lo reemplazará. Circulaban, sin embargo, un puñado de nombres para heredar esa función que los gobiernos suelen confiar a gente que no ejerce la ciencia. El récord de Caputo como científico no existe; se interrumpió en el nivel de la licenciatura, no se le conocen libros ni monografía; tampoco se ocupó por lo menos de obtener un título de doctor, un requisito para que los demás científicos saluden al secretario de área. En el gobierno anterior ya Carlos Menem había entendido que la medicina era una ciencia (y no una profesión que se alimenta de saberes científicos y técnicos) y nombró para esa función a dos médicos, Raúl Matera y Domingo Liotta, con resultados más que modestos.



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