20 de diciembre 2000 - 00:00

Repudian a Daer por sus amenazas contra el Gobierno

Tanto del oficialismo como de la oposición y las filas del gremialismo se criticó ayer duramente la advertencia del titular de la CGT «oficial», Rodolfo Daer, de «sacar a patadas» al gobierno si éste no responde a una serie de reclamos. El propio Daer salió ayer a disculparse, atribuyendo el exceso verbal al «fragor» del momento en que pronunció su discurso. «Bajo ningún punto de vista tuve una intención 'golpista'», dijo ayer después de advertir la reacción provocada. A todas luces, el aporte que hizo Daer a la lucha de su CGT en defensa de «la caja» de las obras sociales, fue catastrófico. Convalidó la imagen prepotente y golpista de la que hicieron fama los gremios argentinos durante buena parte de la historia reciente. Por eso todos fueron contra él, inclusive quienes lo justificaron en su torpeza, como Armando Cavalieri, quien dijo que «no se comportó como un dirigente sino como un militante», lo que revela el concepto que Cavalieri se ha formado sobre los militantes a lo largo de su larga vida.

Fernando de la Rúa, desde Chile, calificó de «impropias» las aseveraciones de Daer. Su vocero, Ricardo Ostuni, fue más severo. Dijo que los sindicalistas protestan contra la desregulación de las obras sociales porque el gobierno «afectó la caja negra». «Están viendo esfumarse cuantiosos ingresos que antes alimentaban intereses particulares», dijo Ostuni. Cuando ayer le preguntaron a Cavalieri por «la caja», el jefe de los empleados de comercio se quejó. Al cronista radial que lo interrogaba le contestó que «los periodistas hablan así para justificarse frente a los que les mandan decir esas cosas». Agregó: «¿Yo le pregunté de dónde saca el dinero para hablar así?». La desmemoria de Cavalieri, que algunos atribuyen a razones de edad, sorprende. Primero, porque quien bautizó a las obras sociales como «la caja» fue un sindicalista: el retirado Lesio Romero, del gremio de la industria de la carne, durante un congreso sindical, dijo que «no podemos dejar que nos toquen la caja». Se refería al primer intento de desregulación de las obras sociales que llevó adelante la gestión de Carlos Menem y fue publicado en aquel momento por este diario en exclusiva. En segundo lugar, asombra más la amnesia de Cavalieri porque si hubo un testimonio reciente sobre lo que él pretendió denunciar (figuras públicas que ofrecen dinero a cambio de que se oculte o divulgue información), lo aportó él mismo cuando fue descubierto en un intento de coima a cronistas de la revista «Noticias». Cavalieri -socio de Daer en la CGT oficial-calificó a las palabras de Daer como «un error» y señaló que el dirigente «tiene que tener serenidad frente una masa importante de gente».

Para la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, las advertencias del titular de la CGT «oficial» fueron «una desubicación total» y una «amenaza que el gobierno no va a aceptar». La ministra dijo también que se está estudiando en su cartera si la amenaza de Daer podría dar lugar a una denuncia por apología del delito, que se encuadraría en las previsiones de la Ley de Defensa de la Democracia.

El titular de la CGT «disidente», Hugo Moyano, consideró que esa expresión fue producto «del fragor del discurso y no la intención de Daer», y afirmó que «al que habría que sacar a patadas es al Fondo Monetario».

Otro cegetista oficial, el dirigente del gremio de Gastronómicos, Luis Barrionuevo, explicó que las palabras del titular de la central obrera «oficial» no representan «el pensamiento ni de Daer ni de la CGT», y aseguró que «indudablemente Daer estaba mal» a la vez que admitió que la expresión pudo haber surgido en un momento de «calentura».

Carlos Menem sostuvo ayer que «es bueno que Daer haya pedido disculpas, porque se dio cuenta de que estaba totalmente desubicado». Afirmó que la del sindicalista «fue una expresión poco feliz, que espero que no se vuelva a repetir pues daña la imagen no sólo del Presidente y del gobierno, sino también de la República».

El gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, se-ñaló por su parte que «cada uno tiene derecho a hacer la crítica más adecuada», aunque reclamó «potenciar el diálogo en la Argentina».

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