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Puerta: Pero te estamos apoyando, ¿o no? (mira a la mesa). Claro que apoyamos, agrega Romero.
«No, acá hay gente que está privilegiando la interna del partido o sus intereses personales» (Rodríguez Saá) «¿Acá?». «Bueno, acá no, hablo de De la Sota», estalló el «Adolfo».
La mención del gobernador de Córdoba fue seguida de los epítetos más duros, recuerdo que incluyó a sus familiares.
«-¿De dónde sacás eso?», dice la mesa.
R.Saá: Está conspirando todo el tiempo, es candidato, tenía que estar acá y no vino y arrastró al resto.
Un gobernador: ¿Dónde lo has visto conspirando?
R.Saá: De todos lados, tengo informes de inteligencia. Acá hay gente que mueve canales de TV, que mueve cacerolazos.
Puerta admitió que la presión de la sociedad se aumentaba con esos apoyos mediáticos. A la entrada de la residencia presidencial los había esperado una brigada de cacerolas que animó la sesión de los gobernadores y hasta levantó un alerta amarillo sobre la seguridad de los pocos asistentes. La mesa miró hacia Ruckauf, que saltó plegán-dose a un apoyo de urgencia al dueño de casa. «Tenés razón,Adolfo, hay mucho juego en contra. Es una pena que no puedas seguir adelante» se compadeció el bonaerense. Su juego fue evidente: provocar el alejamiento de Rodríguez Saá para que la Presidencia estuviera de nuevo en discusión y, eventualmente, cayera en sus manos. Aunque en las últimas horas, con tal de salir de la provincia de Buenos Aires, Ruckauf se conformara con la jefatura de Gabinete de un gobierno que durara hasta 2003.
Rodríguez Saá planteó claramente los términos de su proyecto o «apriete», según quiera vérselo: «Yo tengo un plan para anunciar desde aquí, con ustedes. Se trata de la construcción de 100.000 viviendas, la emisión de LECOP, un decreto convocando a las elecciones del 3 de marzo y un plan financiero para ir abriendo el corralito. Mi idea era armar el gabinete con ustedes, pero si el peronismo no me apoya no puedo seguir adelante». Volvieron a insistirle con que no existe conspiración alguna en su contra, pero él volvió a apuntar a De la Sota: «Dijo que no puede venir por razones climáticas y me lo comunicó por fax, ¿quién puede creerse eso?». El entonces Presidente miró hacia Puerta e insistió: «Si no consigo apoyo esta noche renuncio». Un mensaje que el misionero escuchó con la sangre congelada, ya que significaba que el drama volvería a sus manos de titular provisional del Senado.
En la mesa repasaron las ausencias y sólo se consideraron «con aviso» las de Eduardo Fellner (Jujuy) y Julio Miranda (Tucumán). En cambio no se justificaron las de De la Sota, Carlos Reutemann y Rubén Marín. En el caso del cordobés, se lo supone indignado con el presidente proviso-rio por la sospecha de que no quiere convocar a elecciones; a Reutemann le imputan estar ofendido por la cantidad de adversarios santafesinos que Rodríguez Saá incorporó al gabinete (Vernet, Reviglio, Gurdulich, etc.) y a Marín se lo cree irritado con el presidente provisorio desde que éste lo destronó del Consejo Federal de Inversiones.
De a poco fueron dejando la casa. Puerta, quien salió con Ruckauf, propuso: «Hagamos otra reunión mañana (por hoy) en terreno neutral. Hagámosla en La Pampa y que Marín se encargue de traerlo al 'Gallego' (De la Sota)». Mientras planificaban ese encuentro los alcanzó Rodríguez Saá, que también se iba. Escuchó la propuesta pero, con gesto airado, la rechazó: «Nada de reuniones. Me voy a San Luis y a la noche hablo al país. Si antes no me apoyaron, renuncio».




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