31 de diciembre 2001 - 00:00

R.Saá dio su ultimátum al fracasar cumbre en la costa

R.Saá dio su ultimátum al fracasar cumbre en la costa
El portazo de Adolfo Rodríguez Saá no le pareció improvisado a ninguno de los asistentes a la brevísima cumbre del peronismo en Chapadmalal. «Si viene la mitad de los gobernadores que querían armar un nuevo gabinete, es que no tengo el apoyo del partido» dijo, y arrancó hacia la puerta. Ya casi en la salida completó: «Hoy a la noche hablo al país y si antes de ese discurso no tengo el aval del partido voy a acusar a los que no vinieron y especialmente a (José Manuel) de la Sota por mi renuncia». El gobernador de Córdoba había enviado un fax con un pretexto por su inasistencia, pero cuando un colega le preguntó si iría a la costa replicó: «Yo no veraneo cuando el país está destrozándose».

Escuchaba un puñado de gobernadores que se estaban despidiendo después de una reunión breve y de final abrupto. Carlos Rovira, Juan Carlos Romero, Gildo Insfrán, Carlos Ruckauf, Ramón Puerta sintieron sudor frío. Lo habían citado al Presidente para reclamarle un decreto de convocatoria a elecciones el 3 de marzo -quizás hasta adelantadas-, como dijo este diario, al 17 de febrero. También para retarlo por las lindezas de la primera semana de gobierno, que fue lo que hicieron algunos de los presentes.

Rodríguez Saá, enardecido contra el cordobés, siguió con su carga: «Esta reunión la teníamos que hacer el martes. Era para hablar de la coparticipación y de emitir algún mensaje económico al empresariado. Si la adelantamos fue por insistencia de De la Sota y ahora no aparece».

Ruckauf le recordó que la Asamblea Legislativa lo había designado para llamar a elecciones. Romero se quejó de los gestos populistas como prometer aumentos en la visita a la CGT, los miles de empleos y los millones de «Argentinos». También por decisiones iniciales agresivas, «como las del ministro de Justicia anunciándoles extradiciones a los militares» se quejó el salteño. Adolfo Rodríguez Saá y, sobre todo, su hermano Alberto aclararon que «Zuppi es un amigo, no es de izquierda, es más bien fascista, de derecha...». A esa altura nadie entendía nada.

• Enojo

Otro le recriminó la selección del primer gabinete, llamado por sus críticos el «tren fantasma». Rodríguez Saá escuchó más serio y respondió con una fiereza de gesto que no se le había visto como presidente hasta ahora. «¿Creen que soy De la Rúa, que tengo que flotar?». Y siguió: «No estoy acá para hacer la plancha, ni para reprimir o pagar el costo de las medidas más duras. O me apoyan o me voy». Su hermano Alberto agregó, en defensa del apellido: «Los Rodríguez Saá no vamos a ser los represores del pueblo argentino». Le hicieron notar que no se trata de reprimir o no, sino de garantizar el orden para que se pueda caminar por la calle.

Puerta: Pero te estamos apoyando, ¿o no? (mira a la mesa). Claro que apoyamos, agrega Romero.

«No, acá hay gente que está privilegiando la interna del partido o sus intereses personales» (Rodríguez Saá) «¿Acá?». «Bueno, acá no, hablo de De la Sota»
, estalló el «Adolfo».

La mención del gobernador de Córdoba fue seguida de los epítetos más duros, recuerdo que incluyó a sus familiares.

«-¿De dónde sacás eso?»
, dice la mesa.

R.Saá: Está conspirando todo el tiempo, es candidato, tenía que estar acá y no vino y arrastró al resto.
Un gobernador: ¿Dónde lo has visto conspirando?

R.Saá:
De todos lados, tengo informes de inteligencia. Acá hay gente que mueve canales de TV, que mueve cacerolazos.

Puerta admitió que la presión de la sociedad se aumentaba con esos apoyos mediáticos. A la entrada de la residencia presidencial los había esperado una brigada de cacerolas que animó la sesión de los gobernadores y hasta levantó un alerta amarillo sobre la seguridad de los pocos asistentes. La mesa miró hacia Ruckauf, que saltó plegán-dose a un apoyo de urgencia al dueño de casa.
«Tenés razón,Adolfo, hay mucho juego en contra. Es una pena que no puedas seguir adelante» se compadeció el bonaerense. Su juego fue evidente: provocar el alejamiento de Rodríguez Saá para que la Presidencia estuviera de nuevo en discusión y, eventualmente, cayera en sus manos. Aunque en las últimas horas, con tal de salir de la provincia de Buenos Aires, Ruckauf se conformara con la jefatura de Gabinete de un gobierno que durara hasta 2003.

Rodríguez Saá planteó claramente los términos de su proyecto o «apriete», según quiera vérselo:
«Yo tengo un plan para anunciar desde aquí, con ustedes. Se trata de la construcción de 100.000 viviendas, la emisión de LECOP, un decreto convocando a las elecciones del 3 de marzo y un plan financiero para ir abriendo el corralito. Mi idea era armar el gabinete con ustedes, pero si el peronismo no me apoya no puedo seguir adelante». Volvieron a insistirle con que no existe conspiración alguna en su contra, pero él volvió a apuntar a De la Sota: «Dijo que no puede venir por razones climáticas y me lo comunicó por fax, ¿quién puede creerse eso?». El entonces Presidente miró hacia Puerta e insistió: «Si no consigo apoyo esta noche renuncio». Un mensaje que el misionero escuchó con la sangre congelada, ya que significaba que el drama volvería a sus manos de titular provisional del Senado.

En la mesa repasaron las ausencias y sólo se consideraron «con aviso» las de
Eduardo Fellner (Jujuy) y Julio Miranda (Tucumán). En cambio no se justificaron las de De la Sota, Carlos Reutemann y Rubén Marín. En el caso del cordobés, se lo supone indignado con el presidente proviso-rio por la sospecha de que no quiere convocar a elecciones; a Reutemann le imputan estar ofendido por la cantidad de adversarios santafesinos que Rodríguez Saá incorporó al gabinete (Vernet, Reviglio, Gurdulich, etc.) y a Marín se lo cree irritado con el presidente provisorio desde que éste lo destronó del Consejo Federal de Inversiones.

De a poco fueron dejando la casa. Puerta, quien salió con Ruckauf, propuso:
«Hagamos otra reunión mañana (por hoy) en terreno neutral. Hagámosla en La Pampa y que Marín se encargue de traerlo al 'Gallego' (De la Sota)». Mientras planificaban ese encuentro los alcanzó Rodríguez Saá, que también se iba. Escuchó la propuesta pero, con gesto airado, la rechazó: «Nada de reuniones. Me voy a San Luis y a la noche hablo al país. Si antes no me apoyaron, renuncio».

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