28 de febrero 2005 - 00:00

Rumsfeld viene el 21 por los radares (para EE.UU.)

Donald Rumsfeld
Donald Rumsfeld
Donald Rumsfeld demorará su llegada a Buenos Aires, según se excusaron en el Pentágono, por problemas de agenda. Sin embargo, estará en la Argentina cuando el escándalo por Southern Winds y el contrabando de drogas a España todavía se esté agitando: el secretario de Defensa de los Estados Unidos llegará el 21 de este mes. ¿Cuál es el corazón de la visita? Hablar de aeropuertos, Aeronáutica, control del espacio aéreo y, sobre todo, instalación de un sistema de radares que le costará al Estado argentino unos 800 millones de dólares a lo largo de 5 años.

Habría que prever que para esta semana se produzca algún encuentro entre el ministro de Defensa, José Pampuro, y el embajador de los Estados Unidos, Lino Gutiérrez. Este diplomático dedicó varias declaraciones -a propósito de una visita a Juan Carlos Romero, el gobernador de Salta- a recordar la importancia que tiene para su país el control de las fronteras, sobre todo en lo que se refiere al tráfico de drogas. Ni una palabra sobre la presunción que domina al gobierno de Kirchner: que fue su representación o alguna de las agencias ligadas a ella la que hizo estallar el escándalo de Southern Winds en la prensa.

Desde otro punto de vista, ese episodio no podría ser más oportuno. La radarización del espacio aéreo comienza a aparecer como imprescindible nuevamente y la participación de los Estados Unidos se presume un hecho indiscutido. Es un secreto a voces en el gobierno de Kirchner que la empresa Northrop Grumman se quedará con el negocio de la instalación de radares militares, un emprendimiento que genera peleas descarnadas en la administración desde que Miguel Angel Toma lo propuso en 1997, a través de un proyecto de ley. Toma era, en ese entonces, presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados.

La Northrop es la principal proveedorade radares (entre otros insumos) del Pentágono. Como se sabe, para Washington el control de las entradas y salidas de personas y bienes en países de la región es una prioridad excluyente. Ese interés llevó a Estados Unidos a pelear y ganar, en 1995, nada menos que la radarización de toda la Amazonia. Allí, en Brasil, la protagonista fue la empresa Raytheon.

En la Argentina, la Northrop ya había conseguido la adjudicación de la radarización. Fue al cabo de un proceso desopilante. Los primeros que llamaron la atención con su conducta fueron los italianos. La empresa Alenia le regaló a la Fuerza Aérea tres radares (uno para Córdoba, otro para Mar del Plata y otro para Río Gallegos) suponiendo que esa generosidad sería recordada a la hora de la confección de los pliegos.

• Lobbista

La compañía se presentó a la licitación sirviéndose del apoyo de un hábil lobbista, Emilio Noceda, vinculado especialmente a los negocios aeroportuarios de Eduardo Eurnekian (además de ser un operador principal de la Curia en el Rio de la Plata). La Northrop eligió la buena llegada que mantenía con el gobierno de Carlos Menem la empresa Siemmens, con la que se asoció. El Noceda de este consorcio fue Carlos Sergi, un hombre que aparece y desaparece según se mueva el Estado en materia de adquisiciones tecnológicas. La francesa Thomson fue el tercer competidor, asociada a la norteamericana Lockheed. Siempre se le adjudicó una cercanía especial con el entonces ministro Jorge Domínguez. O al menos se la asignó Alberto Kohan, quien por entonces se manifestaba un amigo de la Northrop, a tal punto que se le reprochó haber mandado filmar a Domínguez asistiendo a un partido de fútbol en el Mundial de Francia, en 1998. Hay que insistir: la Thomson es francesa.

Los que recuerdan el subsuelo de estas negociaciones y presiones le adjudican a Noceda la habilidad de haber convencido a los italianos de abandonar la licitacióna cuenta de asociarse a la Northrop, que ganaría el torneo. Se lo daba por seguro entonces, como ahora. Al habilidoso Sergi se le atribuyó también haber negociado la deserción de Lockheed, con lo que Thomson quedó debilitada. Ganó Kohan sobre Domínguez: la evaluación del sobre técnico de la licitación le adjudicó a Northrop 98/100 mientras que a la Thomson le asignó 77/ 100.

El proceso terminó en lo de la jueza federal en lo Contencioso Administrativo N° 5, Susana Córdoba, quien suspendió la adjudicación.

Noceda también fue a tribunales, para que le reconozcan la comisión por sus gestiones, aún cuando la empresa no hubiera ganado la licitación por su propio consejo. Total, esa recomendación no había quedado documentada en ningún escrito. Los empresarios de Alenia (en realidad, de Finmecánica, la cabecera del consorcio) consiguieron que retirara la demanda. Pero escucharon atentamente su condición: que Eurnekian tuviera la representación de Alenia si se volvía a abrir el concurso. Es lo que sucede ahora, por eso esos italianos «radaristas» visitaron la Argentina y plantearon sus intereses a dos ministros: Rafael Bielsa (quien, al parecer, los habría derivado a discutir con su amigo el empresario Mario Montoto) y Julio De Vido. Con Pampuro nadie se anima a abrir un diálogo: en el gabinete lo llaman «Nacido el 4 de julio» (homenaje a Oliver Stone) con película con ese título por su relación con Washington, que Kirchner respeta más de lo que se supone. El capítulo italiano no se cerró. Ahora Alenia aspira a que le paguen los radares regalados a la Fuerza Aérea (mal momento para presentar esa factura) y también intervenir en un tramo del negocio. ¿Será verdad que de los u$s 800 millones que invertirá el Estado en el control del espacio aéreo u$s 300 se los llevará Italia aunque a través de la norteamericana Nortrhop?

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