Scioli quiere tribu propia en boletas K
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Corresponde una observación que aporta claridad a la pretensión del vice. Para el sciolismo hablar de « propios» es hablar de sciolistas puros y no -como se tientan con especular algunos, relamiéndose- de aliados eventuales. Aun virtuales, ya tienen nominación obvia: los «S».
Sin una pizca de ingenuidad, Scioli niega que su deseo de filtrar candidatos propios pueda generar conflictos con Néstor Kirchner o con los demás «jugadores» del póker bonaerense. «Con legisladores propios se logra gobernabilidad, que le hace bien a Cristina», lo traducen.
Además, precavido, el vice marca otra raya: no planea, salvo algún caso específico, entrometerse en la discusión por los postulantes a intendentes ni, mucho menos, de concejales. Es una señal de distensión para los caciques -o aspirantes a serlo- territoriales.
En tanto, con agenda saturada, el candidato recorre los distritos mientras delega en Alberto Pérez el vínculo con el multicolor universo K de la provincia. Este diario lo anticipó: Pérez será el superministro, tendrá a su cargo Gobierno y Jefatura de Gabinete de Scioli.
Oblicuo, un dato parece explicar las aspiraciones de Scioli y los suyos. La Casa Rosada tendría, en principio, la decisión de unificar en una sola lista, a nivel seccional, la diversidad -por no decir el antagonismo- que constituye el kirchnerismo bonaerense.
La hipótesis ilumina los ojos de los que la relatan. Sostiene lo siguiente: si el kirchnerismo se alinea en una sola boleta, tendría muchas chances de quedarse con todas las bancas en juego en más de una sección. Citan, por ejemplo, la Segunda, la Cuarta y la Séptima.
Pero vale, también, para el conurbano. En 2003, la atomización de la oposición le permitió al PJ quedarse con las nueve senadurías que estaban en juego en la Tercera Sección (conurbano sur) porque ninguna boleta -salvo la del PJ- superó 11%. Encantos del sistema D'Hont.
Los cálculos que leen en el gobierno advierten que la tira oficial, con Cristina Fernández en el primer tramo y Scioli en el tercero, superará 50%. La dispersión de la oposición en al menos tres bloques sería funcional al «toma todo» que pretende el oficialismo.
Ese número mágico -50%- es música celestial para Kirchner porque garantizaría de su esposa un triunfo sin ballottage, a Scioli le otorgaría un score del que sólo gozó Eduardo Duhalde en el 95 y, además, podría ser una zanahoria para el saliente Felipe Solá.
«¿Qué gobernador deja su gestión votado por más de 50% de la gente, por más que no sean votos propios?», especuló, ladeando la boca, un interesado en que Solá encabece la lista de diputados nacionales, es decir el segundo pliego de la boleta del FpV. Solá ejercita la mandíbula para morder ese anzuelo.
P.I.




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