6 de diciembre 2001 - 00:00

Se acentuó ayer una fuerte embestida en contra de Cavallo

Hugo Moyano y Roberto Daer
Hugo Moyano y Roberto Daer
La señal que emitió el Fondo Monetario Internacional, ayer, al anunciar que no desembolsaría el último tramo de u$s 1.260 millones de este año, pareció ser la bandera de largada de una corrida política contra Domingo Cavallo. Con menos velocidad, se lanzó otra contra Fernando de la Rúa. La embestida contra el ministro de Economía tiene su motor en el radicalismo y en el peronismo. La que apunta al Presidente se circunscribe a un sector de este último partido: anoche, en una sede del Banco Provincia, Carlos Ruckauf explicaba la necesidad del reemplazo presidencial a Carlos Reutemann, José Manuel de la Sota y Ramón Puerta. En todas estas maquinaciones están anotados los sindicalistas, con distintos grados de compromiso y agresividad, como se demostró ayer, cuando las dos CGT declararon una huelga para el 13 de diciembre.

En el seno del radicalismo se iniciaron ayer dos operaciones simultáneas. Una, destinada a que De la Rúa modifique su esquema político cambiando al ministro de Economía y a un sector del gabinete nacional. Parte de este curso de acción lo encabeza el titular de la UCR, Angel Rozas, quien anoche prometía visitar Olivos para presentarle a De la Rúa un plan de gobierno, después de reunirse con la cúpula de la UIA.

La premisa en que se basan estos movimientos del radicalismo es que De la Rúa debe armar otro juego político en torno suyo con un cambio de gabinete. No sólo debe promover la salida del ministro de Economía -antes de que la provoque el PJ desde el Congresosino realizar cambios en otras áreas de su elenco. Ayer el Presidente comenzó a discutir con su entorno un par de modificaciones en el gabinete: se analizó el reemplazo de Jorge de la Rúa por José Gabriel Dumón, el de Dumón por Jorge Sappia, el traslado de Ramón Mestre al Ministerio de Seguridad Social y el de Rafael Pascual a Interior. Pese a estas conversaciones, para casi todo el equipo oficial las designaciones seguían siendo hipotéticas hasta anoche.

Promesa

La otra gestión del oficialismo partidario pretendió que los peronistas, sobre todo los de actuación gremial, desistieran de ir contra el Presidente apostando a la promesa de que habría cambios en las decisiones económicas que se adoptaron durante el fin de semana. En otras palabras: ofrecían la cabeza de Cavallo y una mayor apertura del gabinete hacia el partido para aplacar a la fieras opositoras. Enrique Nosiglia y Chrystian Colombo eran los principales gerentes de esta negociación pero anoche apenas habían conseguido que la CGT dialoguista declare un paro para el 13 con una modalidad distinta de la que aplicará, el mismo día, Hugo Moyano con su paro salvaje. En línea con los «gordos» de la CGT, Colombo sacó a Rodolfo Daer varias veces de la negociación con Moyano para adelantarle las flexibilizaciones que iba concediendo Cavallo a sus draconianas medidas financieras: «Déjense de joder, 'Turco', ahora la gente puede sacar mil pesos en una sola extracción», le enrostró Colombo a Daer, como si ésa fuera la clave de la agresividad sindical. El jefe de Gabinete ofreció lo que tenía: desde concertaciones hasta visitas secretas a De la Rúa. El sindicalista ofreció lo mínimo: bajarse de la protesta a ultranza que prepara el camionero y realizar otra más civilizada.

La ira de los gremialistas es bastante comprensible y fue lógico que la expresara Armando Cavalieri antes que ningún otro: el principal efecto de las controvertidas medidas de Cavallo es arrinconar a quienes operan con dinero negro, situación en la que se encuentran los dirigentes sindicales desde hace décadas.

En cambio Moyano, que está incluido en la estrategia de Ruckauf, pretende golpear duro: tomas de edificios, obstrucción de las rutas internacionales, todo está pensado en su huelga con tal de que el poder de De la Rúa quede bloqueado. Ni siquiera la fecha elegida es casual. El 13 de diciembre el Congreso estará ya dominado por el PJ. Hacia allí hay que mirar.

En principio, los senadores peronistas se preparan para defender un dictamen de la Comisión de Asuntos Constitucionales elaborado por Jorge Yoma según el cual las cámaras pueden, por sí mismas, prorrogar las sesiones ordinarias. Esto permitiría al peronismo revisar y, eventualmente, anular el Decreto 1.570, que estableció las actuales restricciones financieras.

Mientras los senadores encaran por este camino, los diputados del peronismo constituirán la semana que viene sólo tres comisiones parlamentarias: la de Presupuesto y Hacienda, la de Asuntos Constitucionales y la de Juicio Político. Esta última es la que promete mayor actividad ya que el PJ reactivará la iniciativa que existe contra Cavallo, para voltearlo de su cargo.

Liquidación

Un segmento del peronismo, cada vez más extendido, pretende levantar esta ola que afectará al ministro de Economía hasta la altura del Presidente. Quienes alientan la renuncia de De la Rúa aducen que ha demostrado no tener la capacidad de decisión necesaria para manejarse en la crisis y que eso el país lo comenzará a pagar caro con la liquidación, tarde o temprano, de sus reservas financieras. Ruckauf es el principal sostenedor de esta tesis y quien manifiesta con mayor audacia, en privado, su vocación por hacerse cargo de la presidencia hasta 2003. Adolfo Rodríguez Saá, más sigilosamente, pretende lo mismo. Los demás dirigentes dudan, preguntan, sugieren, sin darse una estrategia orgánica. La conspiración está desatada pero debió bajar de velocidad ayer: le reprochan a José Luis Manzano, cercano a Nosiglia, haber tocado timbre en Economía para advertirle a Cavallo sobre los peligros que corre. Hasta el propio Nosiglia se enfadó con él.

Mientras tanto, el ministro de Economía se encargó en las últimas horas de crear en torno del Presidente un clima favorable a su continuidad en el cargo. Sin ir más lejos, ayer almorzó con De la Rúa y con un grupo de hombres de negocios y periodistas que, en general, le tienen simpatía como ministro: fue en la casona del Banco Vélox, en la calle Ocampo, y estaban Paolo Rocca, Ricardo Estévez, Eduardo Elsztain, Héctor Magnetto y José Claudio Escribano.

Intangibles

Otra vez, como siempre, los dirigentes sindicales decidieron expresar sus quejas con el anuncio de un paro. Coinciden tanto Hugo Moyano como Armando Cavalieri, las dos CGT, algo que a cualquier normal le parece irrazonable. Pero lo más singular y hasta casi gracioso de la futura protesta es que los gremialistas están molestos por las inhibiciones bancarias a los que ganan más de mil pesos, como si ésa fuera la suma de los agremiados a ambas CGT. Más bien, se expresan a sí mismos, ya que son ellos y no los trabajadores quienes padecen los últimos rigores bancarios de Domingo Cavallo.

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