Se complica ya kirchnerismo con jefaturas en el Congreso

Política

Las alternativas se comentan, sólo por ahora, en los pasillos del Congreso, pero la sucesión del presidente de la bancada Frente para la Victoria de Diputados, de la del Senado y de la propia presidencia de la Cámara baja, en caso de que Alberto Balestrini deba asumir mayores compromisos, ya divide aguas. En cualquiera de los cargos que deben reemplazarse la regla es la misma: no sólo lo definirán las elecciones de octubre -donde se juegan diputados y algunos senadores nacionales-, sino que lo van perfilando las elecciones locales.

Uno de los casos que despierta más incógnitas es el de Miguel Pichetto, presidente del Frente para la Victoria en el Senado. Hace 9 días perdió por seis puntos la gobernación de Río Negro contra el radical K Miguel Saiz. De esa pelea salió golpeado y resentido con el gobierno. Su mandato como senador termina el 10 de diciembre, pero se presentará para reelección, que no tendrá problemas en conseguir por la minoría.

Por ahora eso no le garantiza ni seguir como presidente del kirchnerismo en el Senado, ni acceder a un ministerio en un hipotético gobierno de Cristina Kirchner, como se suele fabular por los pasillos del Palacio con relación a Interior o Justicia.

Pichetto está en el peor momento de su relación con la Casa Rosada y especialmente enojado con Cristina, al punto que en su provincia hace público su malestar por los medios locales, algo impensado en un cultor de la obediencia debida al Poder Ejecutivo, como fue hasta hace poco.

Pero el abandono al que lo condenó el matrimonio presidencial en su pelea contra el radical K Saiz fue demasiado. Hace pocos días llegó a decir que siempre supo que no tendría contención oficial y que siguió en la candidatura a la gobernación sólo por amor propio. «No hablé nada. Ni ministerios ni continuidad. Hablé con Cristina, que me reconoció la muy buena elección, pero falta una charla a fondo con el Presidente», le dijo a un diario rionegrino el viernes pasado.

  • Reemplazante

    Uno de los posibles reemplazantes es el mendocino Celso Jaque. Como a Pichetto, le toca jugar como candidato a gobernador en una provincia de radicales K -en este caso la capital de la Concertación que anima Julio Cobos-, donde peleará contra el intendente radical de Godoy Cruz, César Biffi. Esa elección tiene resultado abierto.

    De conseguir sólo un segundo puesto, aspiraría entonces a la presidencia del bloque kirchnerista, aunque una derrota complicaría sus pretensiones. Pero a diferencia de Pichetto, Jaque controla mejor sus relaciones con la Casa Rosada. Por lo pronto, no se da esa rareza de ser candidato peronista en una provincia donde el presidente peronista apoya al gobernador radical, como debió sufrir Pichetto. Jaque tiene el apoyo de Kirchner y una buena relación con Cristina, lo que debería bastar para cualquier cargo.

    Pero como siempre sucede en la renovación de mandatos, el plato fuerte del circo peronista será la presidencia del bloque de Diputados. Agustín Rossi tiene mandato hasta diciembre de 2009, pero está empecinado en competir por la gobernación de Santa Fe.

    Hasta ahora las encuestas no lo dan como ganador, inclusive algunas lo ponen por debajo de Roxana Latorre y lejos de Hermes Binner, pero esa pelea provincial podría ser la oportunidad para que renovar viejas pretensiones.

    Nadie olvida que José María Díaz Bancalari vive su exilio del bloque oficialista -como presidente del también leal a Kirchner Peronismo Federal- como un purgatorio del que alguna vez saldrá arrastrando con él a los veinte duhaldistas que todavía no consiguieron indulgencia plenaria de Kirchner, después de haber cometido el pecado de apoyar a Hilda Chiche Duhalde en su pelea por la senaduría contra Cristina.

    Ese «bloque oficial paralelo» fue también una estrategia del gobierno para mantener matices y sumar así votos.

    Pero esas sutilezas no le alcanzana Díaz Bancalari, que cuenta sus viajes en el Tango 01 junto a Kirchner como los escalones que sube lentamente para liberarse de su pasado duhaldista.

    Si en diciembre ambos bloques se fusionan, como imaginan muchos dentro del peronismo bonaerense que preside Bancalari, Rossi tendrá otro dolor de cabeza que sumar en su camino para sobrevivir como jefe del bloque.

    La idea no es descabellada para los bonaerenses que quieren reeditar la dupla con la que Duhalde rompió una tradición de años en Diputados: le entregó la presidencia del bloque PJ a Bancalari y la de la Cámara a Eduardo Camaño, cuando se sabe que la provincia de Buenos Aires nunca se lleva ambos cargos.

    De todas formas, otra elección puede entrar a tallar también aquí: el cordobés Carlos Caserio nunca resigna ninguna pretensión y espera el resultado de Córdoba para confirmarlo. Pese a que esta semana volvió a negarlo, Alberto Balestrini se reúne con Daniel Scioli casi todas las noches. Esos cruces sirvieron para alentar una candidatura a vicegobernador para el actual presidente de Diputados, aunque ese puesto esté hoy lejos de sus pretensiones.

    Esa definición, fuera de la elección a gobernador bonaerense, tiene otros actores que aún no están definidos. Carlos Kunkel, Guillermo «Cuto» Moreno y hasta Felipe Solá tienen también la presidencia de la Cámara como pista de aterrizaje en caso de que la Casa Rosada no sea tan cálida con Cristina como lo es con Kirchner.
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