3 de agosto 2007 - 00:00

Se confesó Macri con Bergoglio

Mauricio Macri y Jorge Bergoglio
Mauricio Macri y Jorge Bergoglio
Mauricio Macri mantuvo ayer su primera entrevista, en carácter de jefe de Gobierno porteño electo, con el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. La reunión, que fue calificada de «protocolar» tanto por parte del macrismo como de la Iglesia, apareció como simbólica. Una nadería tratándose de dos hombres políticos. Por un lado, Macri no ha tenido -como sí un reducido grupo de sus aliados- un trato preferencial de la Iglesia Católica, clave en algunos casos para los mandatarios de la Ciudad.

Por otro, el mandatario electo viene confrontando con el gobierno nacional, que considera a Bergoglio como un opositor.Más aún, como verdadero jefe de la oposición.

Recientemente, además, un grupo de sacerdotes que realizan sus actividades en las villas de emergencia de la Capital Federal, se pronunció duramente sobre la intención de Macri de erradicar algunas de ellas y también sobre el concepto de « urbanización» del resto.

Macri -en la relación que podría presumirse tendrá con el cardenal Bergoglio durante su estada como jefe porteño- juega, con respecto a los anteriores gobernantes de la Ciudad, con algunas situaciones a favor y otras no.

Aníbal Ibarra fue sin duda quien más rispideces mantuvo con la Iglesia, la que finalmente abrazó a los padres de las víctimas de la tragedia de Cromañón que alentaron su destitución. En cambio su sucesor, Jorge Telerman, contó de inmediato con la simpatía del cardenal. La anécdota cuenta que Telerman, una vez que asumió el lugar de Ibarra, solicitó una entrevista con el arzobispo, quien le respondió: «No hace falta, voy para allá», y se cruzó al palacio municipal.

  • Legisladora

    Macri, en cambio, llevará a la Legislatura porteña a una empleada de la vicaría, Victoria Morales, quien resultó electa para ocupar una banca el 3 de junio pasado. La futura diputada -asumirá el 10 de diciembre- se especializa en temas educativos y su inclusión en las listas de candidato contó con la anuencia del padre Juan Torella, vicario de Educación, y también con la intervención del titular de la Legislatura, Santiago de Estrada, quizá el de más aceitadas relaciones con la Iglesia dentro de las filas macristas. Otro es Jorge Enríquez, quien en la anterior elección, 2003, fue de tercer candidato a legislador porteño, en una movida que auspició el ex vocero del arzobispado, Guillermo Marcó, y el propio Bergoglio.

    A esas relaciones se agregan las de Gabriela Michetti -la vicejefa electa- de trato también preferencial por parte del cardenal. Pero hay cuestiones que deberá Macri desandar.

    Algunas leyes que irritaron a la Iglesia, como de ligadura de trompas o de educación sexual, no tuvieron directiva de Macri a sus legisladores sino libertad.

    No será tan grave, sin duda, como los tropiezos que un considerado no católico como Ibarra mantuvo en su gestión. Por ejemplo en la sanción de un Código Contravencional más permisivo en su momento para la prostitución, una norma de procreación responsable y como broche para tensar la relación, la muestra de León Ferrari -crítico de los simbolismos de la Iglesia- en un centro cultural del Estado porteño.

    Quizá Macri haya recordado aquel episodio en los últimos días, ante la cita con Bergoglio, o tal vez lo tenga en cuenta cuando confirme a sus ministros una vez que asuma la Jefatura porteña, especialmente a los de Educación y Cultura, si desea mantener sintonía con el culto católico. Al menos le ha expresado a Bergoglio sus deseos de que lo acompañe en el sentido de tener una gestión exitosa. Pero lo cierto es que el responsable del área cultural del macrismo, Ignacio Liprandi, no parece contar con la mejor opinión del núcleo partidario que mantiene aceitadas relaciones con Bergoglio. Declaraciones del coleccionista de arte sobre el aborto, la unión de homosexuales y aquella muestra de Ferrari son analizadas desde la Iglesia. Pero es cierto también que Macri, si bien colocó a Liprandi como una suerte de ministro «in péctore» para la transición, no lo ha confirmado para el cargo. Mejor simpatía en cambio despierta la legisladora Lidia Saya, a quien Macri ha nombrado -en las sombras, como a Liprandi- encargada de monitorear la administración del Teatro Colón.

    El encuentro de ayer, entre Macri y Bergoglio, se inició a media mañana en la sede del Arzobispado porteño y se extendió por una hora. Acordaron «cooperación y trabajo en conjunto».

    «Durante la reunión dialogaron sobre distintos aspectos de la realidad social y política de la Ciudad y de futuras líneas de cooperación y trabajo en conjunto», difundió el macrismo en un comunicado.
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