Se conoce hoy veredicto en juicio a Aníbal Ibarra
Sea el que fuere el resultado del juicio a Aníbal Ibarra, la política del distrito -y aun la del país- no será la misma. Si el jefe de Gobierno es confirmado en el cargo, ¿podrá sobrevivir a la reacción de los padres de las víctimas de Cromañón que prometen convertirse en Padres de Plaza de Mayo, paseo sobre el cual mira la ventana del jefe de Gobierno? Si es destituido, se abrirá una resbalosa jurisprudencia sobre todos los gobernantes de la Argentina, que estarán amenazados de destitución si el humor colectivo identifica a su persona con una catástrofe que nunca quisieron provocar. La Capital de la Argentina amanece tensa y con un festival de especulaciones, porque a las 13 los diputados juzgadores leerán la sentencia que decidirá si Ibarra sigue o no a cargo del Gobierno de la Ciudad por sus responsabilidades en la tragedia de Cromañón. Hasta anoche, nadie se animaba a anticipar un final: el ibarrismo confiaba en que sus adversarios no lograrían hoy los fatídicos diez votos para destituirlo. Los antiibarristas decían descontar la salida del poder de este político que accedió dos veces al cargo con amplia mayoría de sufragios populares.
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El ministro de Educación, Daniel Filmus; el invitado Aníbal Ibarra, y el suplente jefe porteño, Jorge Telerman, ayer en la inauguración del ciclo lectivo en una escuela primaria del porteño barrio de La Boca.
«Si no hay diez votos para la destitución hay ocho en contra de la destitución; si hay 10, puede haber 12 para desplazarlo.» Así se planteaba anoche la incógnita que revelará hoy la Sala Juzgadora. La frase, que se cansaron de repetir tanto detractores como adherentes de Ibarra, supone que ante la posibilidad del retorno del jefe porteño más de los pensados se sumen a esa decisión o bien la inversa, que si se reúnen los 10 votos necesarios para echar a Ibarra, se agreguen indecisos a ese número.
Los familiares de las víctimas del trágico accidente acusaron al ibarrismo de maniobras para obtener votos favorables y hasta llegaron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (ver nota aparte). El zamorismo, por su parte, se presentó ante la Justicia para repeler la denuncia de los padres de las víctimas del grupo que conduce el abogado José Iglesias por la supuesta compra del voto de Gerardo Romagnoli a favor de Ibarra. Esa presentación judicial la veían anoche como la posibilidad de que Romagnoli «resista el pedido de los padres de Cromañón» y mantenga su decisión de abstenerse en el momento de votar. De ese modo, agregaría para la no destitución.
A eso se sumaron rumores y versiones con cambio de votos durante todo el día, como que la legisladora Florencia Polimeni estaría con parte médico por su embarazo, lo que era desmentido por sus allegados, quienes a la vez aseguraban que esa diputada se mantendría firme en solicitar la destitución del jefe de Gobierno. Cuando se lanzó que la izquierdista Beatriz Baltroc podría no estar convencida de pedir la destitución, Iglesias y un grupo de padres convocaron a una conferencia de prensa en Plaza de Mayo para denunciar que presuntamente la diputada habría sido presionada por Chacho Alvarez para votar a favor de Ibarra. La legisladora anoche reportaba pintadas y agresiones en su vivienda del barrio de Saavedra. También Iglesias dijo que el peronista Daniel Amoroso habría sido presionado en ese sentido con una auditoría en la obra social del Sindicato de Juegos de Azar que dirige.
A su vez, la primera vez en este proceso que el suplente Jorge Telerman se presenta con el suspendido mandatario en un acto -la apertura de clases en el barrio de La Boca- termina con una denuncia de los macristas Martín Borrelli y Gabriela Michetti.
• Apuesta
Los diputados sostienen que «es contrario a la ley», que Ibarra participe estando suspendido de actos oficiales. «Amigo Aníbal», remedó Telerman a Kirchner delante de los escolares.
En ese clima el ibarrismo se entregó a trabajar en forma incesante para revertir la tendencia que hasta el domingo a la noche le aseguraba al jefe porteño un destino doméstico.
Como boqueteros, excavando hacia todos los puntos cardinales para enviar topos en búsqueda de una salida con oxígeno pleno, se abocaron a conversaciones que se aceleraban anoche. Apostaron a que la suma de adhesiones del ambiente cultural podría influir en legisladores que aspiran o se desempeñan en ese ambiente de tablas y conciertos. Apostaron a que la crisis que se perfila en el ARI pudiera provocar que los dos legisladores de esa fuerza voten uno diferente al otro. Pero nunca abandonaron la mira sobre el presunto voto 10, que sería el zamorista Romagnoli (aunque anoche enviaba señales de abstención) y si el kirchnerista Helio Rebot, junto a su referente político Jorge Argüello, decidirá votar en bloque por el retorno de Ibarra y no en soledad por la destitución.
En ese sentido fue ayer Mauricio Macri, al decir que si hay nueve votos el diez «será de un hombre del Presidente», quien mortificó a Ibarra con la idea de que Kirchner, al no intervenir en la cuestión, dejaría que de su propia tropa surgiera el voto que lo castigue.
Los padres, a su vez, no dejaron de denunciar supuestas maniobras de convencimiento. Inclusive fueron a visitar a la legisladora Noemí Oliveto ( esposa de Luis Zamora) para pedir que la voluntad de Romagnoli sea la destitución, ya que consideraban que Rebot acataría la disciplina partidaria.
«Nosotros no lo vamos a presionar», aseguró el titular de la bancada kirchnerista, Diego Kravetz, sobre el voto del legislador con el cual no mantiene una relación en sintonía.
De ese modo, casi como en los últimos días, Ibarra oscilaba entre el resurgimiento y el ocaso, dependiendo de la voluntad de Rebot y del zamorismo.
Oliveto explicó que «vamos a mantener lo que venimos diciendo». Eso podría entenderse como que si Romagnoli aseguró que el juicio político «es un circo» no estaría hoy votando, pero también puede interpretarse como que levantará la mano por la destitución, ya que viene sosteniendo la responsabilidad del jefe porteño. Pero Oliveto también dispara contra Macri y la Legislatura que integra, a la que considera también responsable. Casi un jeroglífico para el ibarrismo, sumergido en la confusión.




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