Se definió Duhalde: se vota a presidente el 27 de abril
-
Recorte de servicios: el Congreso alerta por ajuste en salud y transporte
-
El costo político del Adornigate: entre encuestas, desgaste y la ensalada rusa
¿Cuál es la estrategia que comienza a elaborarse en Olivos a partir de estas decisiones? Si no se lo puede vencer a Menem en la interna -ésta es la creencia por la que Duhalde, encuestomaníaco, no se postula y la que lo lleva a resignarse ante las elecciones del 27 de abril-, entonces lo que debe lograrse es que llegue con la mayor debilidad posible a los comicios generales. O dicho de otro modo: el gobierno que reemplace al actual el 25 de mayo debe ser, en la visión del duhaldismo, un gobierno débil frente al cual el «factor bonaerense» aumente su peso específico. Este diario expuso ya esta lógica endiablada ayer en la tapa.
Por eso el principal desvelo de Duhalde hoy es cómo evitar que el PJ de la provincia de Buenos Aires no se fragmente en varias candidaturas. Los propios señores feudales de ese territorio le dan la solución: lanzan su candidatura a través de plebiscitos o del «operativo clamor», coleccionando firmas. Pero a estos dirigentes, urgidos por conseguir un producto competitivo para las elecciones, les interesa poco que su jefe no tenga el triunfo asegurado a nivel nacional. A ellos les interesa retener la porción de poder que ya administran a escala local.
Duhalde imagina una solución que compense su reticencia: que se lance Felipe Solá como candidato a presidente contra Menem. Cree que por el hecho de ser bonaerense, el aparato del distrito se encolumnará con el actual gobernador. Quiere, además, sacar a Solá de la competencia provincial, seguramente para ubicar a su propia esposa en esa posición. Es que cuanto más lejos se encuentre del poder nacional, más controlada querrá tener Duhalde la provincia. Por eso ya en la negociación del viernes pasado los bonaerenses hablaban de una candidatura de Solá, asociado a Puerta.
• Negocio propio
¿Irá el PJ de Buenos Aires, como un solo rebaño, detrás del actual gobernador, por el solo hecho de que Duhalde lo ordenó? El Presidente ya reclamó la misma docilidad, días antes de llegar a la Rosada, cuando sugirió que el candidato al cargo que ahora ocupa era Carlos Ruckauf. «Trabajamos para vos si el candidato sos vos; pero si no querés serlo, avisanos, porque cada uno hace su propio negocio», le dijeron entonces, durante un asado en la quinta de Hugo Toledo. ¿Se repetirá el diálogo ahora, con ocasión de una eventual candidatura de Solá?
A Duhalde le importa poco. En rigor, no tiene ni tuvo ningún candidato serio en contra de Menem. Si la posibilidad de ganar la batalla existiera, ése candidato sería él. Ahora sus íntimos lo imaginan preparán-dose para otra operación. Vaciar la interna del PJ, promoviendo la defección de todos los postulantes y dejando al riojano frente al vacío, proclamado por un ritual administrativo. Mientras tanto, Duhalde tejería la red de su poder futuro: pelearía por otra banca en la Corte, armaría con su propia lapicera la lista de diputados de la provincia de Buenos Aires y, también, las de las provincias no gobernadas por el PJ, seduciría a los gremios con prebendas diversas (nunca el país asistió a la tranquilidad que hoy se verifica en el campo sindical, a pesar del recorte de 75% salarial en dólares) y atornillaría su propia estructura de gobierno en La Plata. Es decir: se prepararía para resistir a cualquier gobierno futuro.Y, llegado el caso, también para voltearlo.




Dejá tu comentario