8 de enero 2003 - 00:00

Se definió Duhalde: se vota a presidente el 27 de abril

El lunes por la tarde, Eduardo Duhalde recibió a un funcionario decisivo de su gobierno con el que analizó, a solas, la interna del peronismo. Ese funcionario, con acceso privilegiado a la Justicia, lo consultó de nuevo casi con las mismas palabras que había usado hace un mes: «La Cámara Nacional Electoral o los jueces de primera instancia no van a declarar inconstitucionales las elecciones del 27 de abril si no se les hace un guiño político desde el gobierno. Si eso sucede, por la información que yo manejo, es posible que lo hagan y le den la razón a (Ricardo) Monner Sans. ¿Qué hacemos?». «Nada. Quiero que haya elecciones el 27 de abril y mañana (por ayer) lo voy a reiterar públicamente. No hay doble juego. Nos vamos. Además, una encuesta de (Julio) Aurelio dice que 60% de la gente quiere votar, lo que sea, pero votar.»

Según esta información, muy confiable, Eduardo Duhalde ya decidió lo principal. No enfrentará a Carlos Menem en una interna, cara a cara, en ningún momento de este año. Por eso ratificó el cronograma electoral y desistió de cualquier gestión ante los magistrados. Es cierto lo que le advirtió el funcionario con el que hablaba: los jueces electorales son, con razón, en extremo sensibles al vaivén de la política y ninguno dará de baja un proceso electoral si esa decisión no está avalada por un consenso suficiente de quienes intervienen en la disputa.

El interlocutor del Presidente se sumó al grupo de perplejos o desencantados que visitan Olivos desde el fin de semana. Van de Jorge Matzkin y Juan Carlos Mazzón a José Pampuro, quien ayer amagó con renunciar a la Secretaría General de la Presidencia. Aunque el más afectado por los erráticos movimientos de su jefe es Eduardo Camaño, el titular de la Cámara de Diputados. En dos oportunidades debió traicionar acuerdos realizados por él mismo con el menemismo: una fue cuando dejó plantado a Eduardo Bauzá en la sede del PJ para acordar la fecha de la interna partidaria para el 23 de febrero; la otra fue el viernes, cuando firmó un compromiso de alentar la ley de lemas y, si no, realizar la elección del peronismo el 2 de marzo. Duhalde lo desautorizó durante el fin de semana.

En este clima, que genera dispersión y desaliento en el duhaldismo íntimo -como se podía verificar ayer por la mañana, en una anodina reunión de gabinete-, el Presidente regresó a su pretensión original: que se suspenda la interna y que cada candidato concurra a las elecciones generales con su propio partido, eso sí, con derecho de todos a usar los símbolos del PJ. Una ecuación que Juan Carlos Romero imaginó hace varios meses, cuando consideraba que sería imposible enfrentar con reglas de juego confiables al aparato nacional del duhaldismo.

La pretensión de Duhalde se ha vuelto inviable dentro del PJ, y los principales dirigentes se lo hicieron saber a Matzkin, Pampuro, Mazzón y Camaño. Tanto Jorge Busti y Ramón Puerta, quienes ya entraron en negociaciones con Menem -ambos hablaron personal-mente con él en la última se-mana-, como Carlos Reute-mann -en cuyas unidades básicas santafesinas ya despunta el cotillón «Menem 2003»- le comunicaron al duhaldismo que existen sólo dos alternativas para resolver la candidatura del PJ: la interna (23 de febrero o 2 de marzo) o la ley de lemas, si es que se consigue aprobarla en el Congreso. En otras palabras, a Duhalde le costará mover al partido del papel firmado el viernes.

• Debilidad

¿Cuál es la estrategia que comienza a elaborarse en Olivos a partir de estas decisiones? Si no se lo puede vencer a Menem en la interna -ésta es la creencia por la que Duhalde, encuestomaníaco, no se postula y la que lo lleva a resignarse ante las elecciones del 27 de abril-, entonces lo que debe lograrse es que llegue con la mayor debilidad posible a los comicios generales. O dicho de otro modo: el gobierno que reemplace al actual el 25 de mayo debe ser, en la visión del duhaldismo, un gobierno débil frente al cual el «factor bonaerense» aumente su peso específico. Este diario expuso ya esta lógica endiablada ayer en la tapa.

Por eso el principal desvelo de Duhalde hoy es cómo evitar que el PJ de la provincia de Buenos Aires no se fragmente en varias candidaturas. Los propios señores feudales de ese territorio le dan la solución: lanzan su candidatura a través de plebiscitos o del «operativo clamor», coleccionando firmas. Pero a estos dirigentes, urgidos por conseguir un producto competitivo para las elecciones, les interesa poco que su jefe no tenga el triunfo asegurado a nivel nacional. A ellos les interesa retener la porción de poder que ya administran a escala local.

Duhalde imagina una solución que compense su reticencia: que se lance Felipe Solá como candidato a presidente contra Menem. Cree que por el hecho de ser bonaerense, el aparato del distrito se encolumnará con el actual gobernador. Quiere, además, sacar a Solá de la competencia provincial, seguramente para ubicar a su propia esposa en esa posición. Es que cuanto más lejos se encuentre del poder nacional, más controlada querrá tener Duhalde la provincia. Por eso ya en la negociación del viernes pasado los bonaerenses hablaban de una candidatura de Solá, asociado a Puerta.

• Negocio propio

¿Irá el PJ de Buenos Aires, como un solo rebaño, detrás del actual gobernador, por el solo hecho de que Duhalde lo ordenó? El Presidente ya reclamó la misma docilidad, días antes de llegar a la Rosada, cuando sugirió que el candidato al cargo que ahora ocupa era Carlos Ruckauf. «Trabajamos para vos si el candidato sos vos; pero si no querés serlo, avisanos, porque cada uno hace su propio negocio», le dijeron entonces, durante un asado en la quinta de Hugo Toledo. ¿Se repetirá el diálogo ahora, con ocasión de una eventual candidatura de Solá?

A Duhalde le importa poco. En rigor, no tiene ni tuvo ningún candidato serio en contra de Menem. Si la posibilidad de ganar la batalla existiera, ése candidato sería él. Ahora sus íntimos lo imaginan preparán-dose para otra operación. Vaciar la interna del PJ, promoviendo la defección de todos los postulantes y dejando al riojano frente al vacío, proclamado por un ritual administrativo. Mientras tanto, Duhalde tejería la red de su poder futuro: pelearía por otra banca en la Corte, armaría con su propia lapicera la lista de diputados de la provincia de Buenos Aires y, también, las de las provincias no gobernadas por el PJ, seduciría a los gremios con prebendas diversas (nunca el país asistió a la tranquilidad que hoy se verifica en el campo sindical, a pesar del recorte de 75% salarial en dólares) y atornillaría su propia estructura de gobierno en La Plata. Es decir: se prepararía para resistir a cualquier gobierno futuro.Y, llegado el caso, también para voltearlo.

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