Se encarnizó Kirchner con Scioli: le barrió Turismo

Política

Daniel Scioli no piensa renunciar pese a que anoche Néstor Kirchner lo citó en Casa de Gobierno. Lo hizo esperar varias horas y se retiró sin recibirlo ni avisarle que se iba. Además, le decapitó los funcionarios de Turismo. Cae el secretario Germán Pérez, un experto, afiliado radical y ex presidente de la Cámara de Turismo; lo reemplaza otro hombre de Santa Cruz. Kirchner puede resolver en Turismo aunque rompiendo un pacto preelectoral con Scioli. El nuevo frente que abrió de repente el Presidente sorprendió. ¿Meter más miedo en el país con otras purgas? ¿Mensaje al Senado, que no querría aprobarle la anulación de leyes antimilitares ni Zaffaroni para la Corte Suprema al ser muchos los pedidos de que renuncie ese jurista? Kirchner pidió dimisión de todos los directores de Turismo, área que Scioli acordó reservarse al aceptar candidatura a vicepresidente, aportándole a Kirchner el voto de moderados. Se descuenta que más que declaración de aumento de tarifas trajo ira a Kirchner que Scioli rechace anulación de leyes de punto final, que son gesto testimonial sin efectos jurídicos serios. Teme que el Senado también le rechace eso y el juicio a Moliné. Iracundia del Presidente cada vez alarma más al país y ruptura con el vice trae riesgo institucional. Evidente que Scioli representa a Duhalde, a gobernadores y al Senado. ¿Kirchner se lanza a gobernar por decreto?

Néstor Kirchner promovió ayer la crisis más grave de su corta gestión al pedirles la renuncia a los funcionarios de la Secretaría de Turismo y Deporte que dependían políticamente de las directivas del vicepresidente Daniel Scioli. Con ese gesto, el Presidente quebró el acuerdo político que dio origen a la fórmula presidencial que asumió el 25 de mayo, según el cual Scioli seguiría controlando la secretaría presidencial que había ejercido con lo mandatarios Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde.

El presidente expuso a sus asesores íntimos la posibilidad en las próximas horas de hacer un pedido público de renuncia del vicepresidente con el argumento de que debe haber una unidad del gobierno ante la crisis y que quien desentona en la gestión es Scioli.

Ninguno de los funcionarios del círculo íntimo se animaba esta madrugada a confirmar esta versión que explica las expresiones de Scioli sobre que no piensa renunciar a su cargo.

Anoche, cerca de las 23, se esperaba algún desenlace a partir de una reunión que se demoraba entre el Presidente y su vice, que permanecían en sus despachos de la Casa de Gobierno como semblanteándose durante más de dos horas con respectivos grupos de asesores.

Kirchner se retiró a esa hora de Casa de Gobierno sin haber recibido al vicepresidente, pese a que Scioli había concurrido tras anunciarse con el edecán de turno. Antes de retirarse del palacio presidencial, donde Scioli tiene un despacho que da a la Casa de Gobierno, negó sentirse desairado.

Agregó que nada estaba más lejos de su intención renunciar al cargo y declaró a este diario:
«Yo sigo con la gente. Voy a seguir trabajando por el país». Era después de advertir la conmoción que había producido el gesto presidencial en varios sectores políticos, incluso del kirchnerismo. En efecto, varios funcionarios ligados al Presidente llamaron por teléfono al vicepresidente para hacerle presente su opinión negativa sobre el gesto presidencial.

Se había conocido ya la designación en lugar de
Germán Pérez como secretario de Turismo y Deporte del santacruceño Enrique Meyer, hasta ahora titular del área en su provincia.

Duhalde, por su lado, estuvo en la Capital Federal y tomó conocimiento de la crisis en una reunión que mantuvo con la cúpula del PJ de la provincia de Buenos Aires en la sede de la Avenida de Mayo.
Se negó a formular declaración alguna, pero se comunicó por teléfono con Scioli y con Kirchner.

• Pacificador

El ex presidente es el garante de ese acuerdo y diseñador del proceso electoral y procuraba anoche pacificar las relaciones entre Kirchner y Scioli, que se reunieron anoche en Casa de Gobierno. Pasado el mediodía, cuando salían de un acto de firma de acuerdos entre la Argentina y Venezuela, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, apartó del grupo de funcionarios al secretario de Turismo, Germán Pérez, y le pidió la renuncia junto con la de los demás funcionarios del área.

Cuando Pérez escuchó eso, le pidió razones, y Fernández respondió que era una orden del Presidente.Ante la insistencia, cedió: «Es por el estado de las relaciones con Daniel».


Pérez se comunicó de inmediato con Scioli, quien esperaba a Hugo Chávez en su oficina del Senado, y ya había recibido por teléfono la noticia del coordinador ejecutivo de Planeamiento Deportivo, Víctor Groupierre, a quien también A. Fernández le había indicado el despido y por las mismas razones.

La crisis estalló hace una semana, cuando en un mismo día Scioli dijo en un acto de La Plata que «en un país serio las leyes no se anulan». Fue el lunes en una tribuna donde estaban Felipe Solá y Chiche Duhalde, quien había dicho algo parecido.

Cuando el jefe de Gabinete le pidió en la noche de ese lunes una explicación para darle a un airado Kirchner, Scioli dijo que sólo había repetido lo que decían Chiche González y su esposo, Eduardo Duhalde.


A sus íntimos, el vicepresidente explicó que esos dichos no sólo respondían al dictamen de constitucionalistas como Daniel Sabsay, Eugenio Zaffaroni, Guillermo Badeni y Jorge Bacqué. También se hacía eco de la opinión en ese sentido de un sector de los senadores que rechazaban la nulidad como un camino efectivo. Era, en todo caso, un gesto testimonial que podía agotarse con la votación de una resolución y no de una ley.

El martes, Scioli redobló los tantos de lo que el gobierno ya creyó era un complot: dijo al salir del precoloquio de IDEA en Tucumán que en octubre habría un aumento de tarifas. Cuando le pidieron cuentas desde el gobierno, Scioli expresó que se había limitado a repetir lo que había escuchado de boca de Julio De Vido antes de viajar a Tucumán.

Scioli le había pedido al ministro de Infraestructura una minuta de temas de su área para responder a las preguntas de los empresarios de Idea, y De Vido le enumeró una serie de obras y proyectos. Al finalizar, mencionó el asunto tarifas de servicios públicos en estos términos:
«Las vamos a tocar después de las elecciones». Por eso, el vicepresidente, al salir del acto en el Grand Hotel de Tucumán, contestó a una pregunta sobre eso: «En octubre va a haber aumento».

La bronca del gobierno fue que mencionar las tarifas cuando el país negocia una carta de intención para un acuerdo con el FMI era otra imprudencia.

Una tercera frase de Scioli irritó mucho al Ejecutivo, y fue cuando dijo que había que hablar menos de procesos como el que se le sigue a María Julia Alsogaray y hablar más de crecimiento económico. Nadie en el gobierno dijo sentirse tocado por esto, ya que hubiera implicado reconocer alguna mano oficial detrás de la decisión del juez federal que detuvo a la ex funcionaria.

Estos dichos del vicepresidente fueron criticados en público por ministros como Alberto y Aníbal Fernández y por el propio De Vido.
El Presidente, sin mencionar a Scioli ni a esta polémica, criticó a funcionarios «que parecen lobbistas de empresas» -el vicepresidente no es un funcionario, pero se sintió tocado-.

Kirchner protagonizó el momento de mayor enojo en una sobremesa con funcionarios en la noche del viernes y madrugada del sábado en un hotel de Asunción del Paraguay. Ante un puñado de funcionarios, entre quienes estaban
Rafael Bielsa, José Pampuro, Aníbal y Alberto Fernández, Eduardo Valdés y otros, Kirchner se quejó no del fondo ni de la doctrina de las palabras de Scioli, sino de su oportunidad.

Como consignó este diario, el Presidente lamentó que Scioli hiciera públicas sus ideas:
«Me molesta más la forma que el contenido. No nos hace quedar bien. ¿Es sólo un gesto la nulidad de las leyes? Sí, tal vez, ¿pero en qué lo molesta, para qué habla, si finalmente el Congreso quiere hacer ese gesto? En cuanto a lo de las tarifas, a muchos de nosotros nos hace quedar como malos en la película, ya que, por último, alguna vez va a haber aumentos. Tampoco entiendo para qué hace eso, si nadie mejor que él sabe que antes de los incrementos vamos a revisar los contratos. No lo entiendo, a menos que, como dicen, siempre se adapta al lugar donde le toca hablar».

Durante el fin de semana, Kirchner y Scioli no mantuvieron contacto ni a través de emisarios, pese a que permanecieron en la Capital Federal. En el terreno público, el vicepresidente y los voceros del santacruceño parecieron aplacar la polémica minimizando la gravedad del entredicho. Tanto que para ayer estaba prevista una reunión entre Presidente y vice.

Todo estalló al conocer Kirchner la frase de Chiche Duhalde a una radio en la mañana de ayer, en la cual la esposa de Eduardo Duhalde pareció tomar posición en favor del vicepresidente (con quien hoy tiene previsto un acto de campaña en San Pedro y en Ramallo).
«Un presidente y un vice pueden opinar distinto, pero no es bueno que detrás de eso se vean complot y enfrentamientos», dijo la ex primera dama. «Scioli -remató Chiche- dio su opinión, el Presidente no la comparte y alrededor de eso se generó todo un escándalo innecesario.»

Fue ayer cuando Scioli, en un reportaje a «Página/12» -un medio que no arriesga críticas al gobierno-, dijo que «en la cuestión de fondo estoy ciento por ciento de acuerdo con el presidente Kirchner» en su postura de defensa de los derechos humanos.

Sobre las tarifas, dijo: «Juro que yo no dije que iban a aumentar. Ahí no es que me malinterpretaron, directamente distorsionaron lo que yo dije. En la reunión de IDEA jamás, pero jamás hablé de tarifas, hablamos de turismo, de la marca argentina..., después hubo una conferencia y no me preguntaron nada sobre tarifas».

No bastó para evitar que Kirchner emprendiese ayer, agazapado en el follaje de las palabras de Chávez, esta misión punitiva con la cual le ha dado un giro fuerte a su gestión sin que puedan, a esta hora, advertirse las consecuencias finales.

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