A Raúl Alfonsin hoy se lo conoce por sus expresiones públicas, algunas inconvenientes y casi contrarias a la administración de Fernando de la Rúa. Sin embargo, hay otras opiniones que no trascienden, confidencias casi secretas del ex mandatario que revelan otra actitud y, en ocasiones, explican sus otras apariciones públicas. Vale la pena conocerlas si eventualmente se visita su departamento de la avenida Santa Fe, se enreda con él en discusiones sobre globalización, tema que está por supuesto en contra como si perteneciera a una ONG ecológica, abastecido por un libro -hoy de su cabecera-de John Gray, «Falso amanecer», un británico que fue thatcheriano y luego cambió por la utopía de la tercera vía.
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A los reproches de no avalar su propio gobierno partidario, a parecer un Ricardo Balbín conflictivo como lo fue éste jefe de partido con Arturo Illia, responde casi con amargura. Considera ingrato ese tratamiento: «No comprometí -le atribuyen- ninguna de las leyes que este gobierno quiso sancionar, por el contrario hice esfuerzos para que se aprobaran. Todas, desde el principio hasta la de déficit cero, incluyendo esa norma de los superpoderes que, como se imaginará, no me causó ninguna satisfacción porque no respondía al mejor espíritu democrático».
Y no es lo único, arguye, ya que De la Rúa está enterado de las múltiples gestiones para que nadie del partido se fuera cuando es público que muchos dirigentes deseaban apartarse. Hasta logramos que el Frepaso se mantuviera a pesar de ciertas deserciones. Por lo tanto, le resulta injusta la carga que le han llevado, ya que institucionalmente ha respondido como corresponde. Pero, claro, hay opiniones que no me quiero guardar, expresar disidencias, mantener una línea de pensamiento. ¿De ahí que lea a Gray, aunque éste no coincida con el rumbo de De la Rúa? Mire, finalmente, uno lee lo que más le gusta, lo que quiere leer, confiesa casi con humildad.
Después, mientras acechan delegaciones del interior para entrevistarlo, hace una radiografía de lo que seguirá en la UCR cuando él abandone su conducción en apenas dos meses. Y hay 4 candidatos, explica, que son Casella (Juan Manuel), Mestre (Ramón), Rozas (Angel) y Rodríguez (Jesús). ¿A quién apoyará? No importa mucho mi decisión, señala, pues eso les corresponde a los delegados. Bueno, pero usted tiene influencia. La influencia o el peso específico para estas cosas uno la tiene cuando pide el voto para uno, pero deja de existir cuando hay que transferirlo. En ese caso, los delegados valen por sí mismos. Hay, es obvio, una simpatía de Alfonsin por Rozas -siempre se ha portado bien conmigo, reconoce-, pero entiende que el hecho de ser gobernador le genera algunos límites. Si él fuera elegido, termina admitiendo, sus responsabilidades le impedirán conducir el partido como éste lo exige, por lo que supongo que será necesario buscar otra figura fuerte para secundarlo. Lo ideal, cree, es que salga de uno de los otros tres aspirantes.
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