26 de marzo 2004 - 00:00

Seguirán descolgando retratos inconvenientes

La nueva actividad presidencial ejecutada por otros -descolgar retratos de altos jefes militares- continuará, según todas las versiones, en la Fuerza Aérea y en la Armada. ¿O acaso el autocrítico almirante Jorge Godoy no observa todos los días, seguramente con rencor, la otrora magnética mirada de Emilio Eduardo Massera cuando ingresa en su despacho? ¿No se habrá dado cuenta aún de la obligación oficial de suprimir cuadros? Lo mismo le debe ocurrir al brigadier Rohde, otro especialista en expiaciones y titular de una fuerza que, para colmo, por su corta historia dispone de pocos retratos en sus paredes (afortunadamente para esa magra galería, ésta se nutrió con numerosos héroes de Malvinas). Estos «descuelgues» futuros serían consecuentes con las palabras que pronunciaron hace poco los actuales jefes, denostando el pasado de sus fuerzas, a menos que una amnesia repentina los haya afectado. Al menos, así se piensa desde Presidencia.

Baste recordar que las dos fuerzas, por otra parte, en tiempos del Proceso, a todo el mundo le recordaban que cada una de ellas tenía 33% del poder y que nadie debía confundirse y pensar que el Ejército era el único protagonista de esa etapa. Por lo tanto, en forma tripartita hubo responsabilidades en el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y, de acuerdo con las ubicaciones geográficas, también tripartitamente se repartieron la lucha contra el terrorismo. Por lo tanto, esta limpieza de paredes también se extenderá a fuerzas de seguridad como la Policía Federal y su colega Bonaerense. En ese plano, los organismos de derechos humanos le reclamarán al ministro Gustavo Béliz una medida semejante a la que se tomó en el Colegio Militar con los óleos suplentes de Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone.

Este tema del «descuelgue», en el sector policial, exigirá seguramente más esfuerzo por parte de los encargados de la tarea: hubo rotatividad superior en esa jerarquía, comparada con las Fuerzas Armadas, y por lo tanto los nuevos jefes policiales tendrán un esfuerzo adicional para bajar retratos. Uno de los objetivos principales para el destierro pictórico es el comisario Alberto Villar, el que murió en un atentado con una bomba montonera debajo de su yate.

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