9 de enero 2001 - 00:00

Senado: ¿Duhalde irá también en la lista de Farinello?

En el peronismo hay una incógnita de fondo: ¿cuál deseo será más poderoso para el armado de la oferta peronista?, ¿el de Eduardo Duhalde o el de Carlos Ruckauf? Ya hay algunos indicadores para saberlo.

Por ejemplo: Duhalde ya les ha dicho a todos sus amigos que quiere a Antonio Cafiero como primer diputado de la lista. Pero el gobernador ha dejado trascender otro criterio en su círculo. No porque tenga algo contra quien ganó fama como denunciante senatorial sino porque pretendería algún tipo de renovación de imagen. Por eso se mira a Julio Alak, el intendente de La Plata, como eventual candidato.

Señales

Que Duhalde será el postulante a senador está fuera de dudas. Pero su compañera de fórmula se mantiene brumosa. Mabel Muller cree ser la favorita y dice contar con la palabra del ex gobernador como certificado. Además es una especie de dama de compañía de «Chiche» de Duhalde, lo que refuerza sus expectativas. Pero el martillero de Lomas también le ha dado señales a Graciela Giannettasio para que pelee el mismo cargo. La guerra entre las dos mujeres puede ofrecer algunos episodios simpáticos para la campaña.

Hasta aquí la perinola clásica de una interna. Sin embargo lo novedoso proviene del nuevo protagonista de la campaña, el cura Luis Farinello. Nadie cree que esta voz sentimental del conurbano haya admitido casi ocultar su condición sacerdotal (así se lo exige la curia al auto-rizar su actividad política) para salir tercero en la guerra por la senaduría. Por eso resultan sensatos quienes lo ven como candidato a diputado.

Queda vacante, entonces, la candidatura más importante de su «Polo social». Allí es donde apunta Duhalde: al ex gobernador le encantaría que Farinello lo lleve en su boleta para la senaduría nacional (iría en esta nómina y también en la del PJ, sumando a los dos públicos y sacando, según calcula, ampliamente la mayoría).

Trascendió que intentó un acercamiento para alcanzar este objetivo hace pocos días y aducen que a este fin se dirigieron las declaraciones, tan «farinellescas», de que «todos los dirigentes son una mierda». Habrá que ver si el reverendo se sensibiliza al escuchar su propia música en labios de un político.

Motivos tendría: uno de los reproches que muchos colegas sacerdotes de Quilmes le hacen a Farinello es haber despotricado mucho contra los gobiernos pero, a la vez, haber recibido de ellos sumas muy generosas de dinero para sus obras, sobre todo en el caso específico de los Duhalde, que lo asistieron con gran magnanimidad. La pelota pica en estos días del lado del cura.

En la Alianza las indefiniciones son similares o tal vez mayores. Raúl Alfonsín promete develar su acertijo en marzo. Quiere saber cuánto pesará cada uno en las encuestas para ese momento, es decir, si seguirá perdiendo frente a Duhalde en la magnitud en que pierde hoy. Es de suponer, claro, que no le irá para esa altura peor que a Farinello: en ese caso se vería obligado a hacer una nueva Alianza para disimular esta derrota (como la hizo con el Frepaso para ocultar que salía tercero en el '97), lo que le valdría la burla de José María Arancedo, su primo hermano obispo (diocesano de Mar del Plata).

En caso de que Alfonsín desista de su candidatura será absolutamente intrascendente saber quién lo reemplazará: si Leopoldo Moreau, Federico Storani, Juan Manuel Casella o Anselmo Marini. Lo que habrá que observar para ese caso es que el gobierno perderá esos comicios lastimosamente en un distrito clave para resolver la sucesión del 2003. Una pena, dicen muchos frepasistas, que Carlos Chacho Alvarez no tenga antigüedad en la provincia: en el primer cordón del conurbano y en el interior aparece más favorecido que Duhalde en muchas encuestas. «Dios le da pan al que no tiene dientes», suele decir Alfonsín, con lógica chascomusense.

Fernando de la Rúa, aún así, no parece tener definido que será Alfonsín el candidato. A muchos de los que lo visitan los interroga diciendo: «¿En qué anda 'Fredi'?».

Es la pregunta más insólita que puede formular un presidente respecto de su ministro del Interior. A renglón seguido, De la Rúa acostumbra comentar: «A lo mejor sería un buen candidato a senador, de paso alguien del radicalismo de la provincia critica un poco la gestión de Ruckauf». El mandatario está convencido de que muchos dirigentes radicales bonaerenses están más conformes con la gestión del peronismo en el distrito que con la de él en la Nación, si se mide su humor por el tipo de declaraciones que realiza.

Imaginación

Sin embargo el sueño de Storani no es exactamente el mismo. A él le gustaría ser primer candidato a diputado y presidir la Cámara. «Fredi» suele imaginar posibilidades que lo exceden. Este caso es ejemplar: ya quiso presidir el cuerpo pero no consiguió lo indispensable, que es que lo voten sus pares. Prefirieron a Rafael Pascual y tal vez vuelvan a preferirlo el año que viene, ya que Pascual se hará reelegir por la Ciudad de Buenos Aires. En rigor, es más probable que el primer diputado de la provincia por la Alianza sea alguien del Frepaso o bien Moreau.

Si la cabeza de la lista de senadores está indefinida tampoco saben en el gobierno quién será la mujer que ocupe ese binomio. Graciela Fernández Meijide prefiere que la excluyan.

Está cansada de prestar servicios a su partido que después nadie le reconoce: tal vez sea cierto ya que desde que asumió en el Ministerio de Desarrollo Social nadie le dedicó jamás desde el Frepaso una sola declaración de respaldo. Es uno de los argumentos que suele dar la Meijide cuando le preguntan por qué su relación con Carlos Chacho Alvarez está tan deteriorada.

A sabiendas de que la ministra no tiene demasiada voluntad de participar, otras dos mujeres asomaron la cabeza. Una es María América González, a quien acusan de hacer oposición frontal a la reforma previsional para seducir a los votantes. La otra, Nilda Garré, quien a pesar de ser porteña ya hizo llegar su aspiración a través de otros ex bordonistas como Pedro Curteal y «Coni» García Delgado. Curiosamente también es una disidente: que lo diga si no Ricardo López Murphy, quien la padeció en la discusión de ascensos militares.

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