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• Oxigenación
En la deliberación quedaron expuestas también otras razones para rechazar la iniciativa. «Duhalde está peor que Pinochet en el día del amigo», se divirtió agriamente Luis Barrionuevo. «El equipo económico -continuó el gastronómico en su papel de delegado catamarqueño- está terminado y hace falta una oxigenación en los ministerios.»
El rionegrino Miguel Angel Pichetto, uno de los pocos defensores del primer mandatario, ensayó una justificación: «Es cierto que Duhalde está mal asesorado y que tiene un mal ministro de Justicia que abrió un frente de conflicto inoportuno con la Corte y el resto de Tribunales, pero yo voy a votar por el sí para evitar que nos vayamos al carajo». Se le sumaron con variado entusiasmo José Alperovich (Tucumán) y los mendocinos Marita Perceval y Jorge Pardal.
«La verdad es que estoy en un dilema: no levantaría la mano por esta ley, pero tampoco lo haría contra mi presidente», dudó en público Pardal. «No sé, ¿tendría que renunciar a la banca?», se preguntó en voz alta, sin que nadie atendiera su cavilación. Oscar Lamberto, que ocupó la Secretaría de Hacienda hasta la semana pasada, trató de mantenerse leal, aún de regreso al Congreso.
«No podemos soslayar la situación caótica que recibió este gobierno», simuló una defensa Lamberto. «Eso no justifica que se haya desatendido a las provincias», criticó la salteña Sonia Escudero, con el respaldo de José Mayans (Formosa). «Eso no es cierto, por lo menos mientras yo estuve, se giraron fondos al interior», retrucó Lamberto.
De inmediato, la conversación se volvió a encarrilar. «Yo nunca dije que no la fuera a votar, pero la verdad es que, si hay tanto apuro, podría haberse hecho por decreto de necesidad y urgencia, con nuestro compromiso de convalidarlo posteriormente», explicó Eduardo Menem. «Esta no es una norma que se puede sacar de un día para el otro», concluyó.
«Nosotros le pedimos a Duhalde que sacara un decreto de necesidad y urgencia para eludir esta discusión acá, pero nos dijo que necesitaba la ley sí o sí», intervino José Luis Gioja al informar sobre las conversaciones bilaterales.
Ramón Puerta apuntó que había viajado especialmente desde Misiones para dar quórum. «Yo también le hablé de la posibilidad de un decreto, pero no quiso saber nada; igual, hay que apoyarlo porque después de Duhalde no sabemos qué viene», subrayó el especialista en transiciones institucionales.
«El Ejecutivo no puede tirarnos la responsabilidad a nosotros y que, encima, nos hagan sancionar un proyecto para pagar a los ahorristas con un bono defaulteado», se encrespó la sanluiseña Liliana Negre de Alonso, preocupada por u$s 247 millones de su provincia atrapados en el banco Nación.
Jorge Busti, que defendió la promoción de Duhalde tras el provisariato de Adolfo Rodríguez Saá, no se guardó nada. «Acá no hay plan económico y tampoco acuerdo político para sancionarlo, entre otras cosas, porque el Presidente, en lugar de buscar apoyo en el peronismo, prefirió aliarse con el símbolo del fracaso en la Argentina, Raúl Alfonsín y compañía», pataleó el entrerriano.
• Confusión
«Esto no sirve si no existe programa», advirtió Jorge Yoma. «Para colmo, el Presidente se reúne con Julio Carbonetto y pide consejo a Guillermo Calvo, al mismo tiempo; la verdad que me confunde», siguió mascullando Busti.
«Habría que llamar a elecciones anticipadas porque falta credibilidad», intervino su comprovinciana Graciela Bär, proclama a la cual se acopló más tarde Cristina Fernández de Kirchner, con un toque de humor. «No se olviden de que si Duhalde cae, está mi marido», trató de distender el clima con una sonrisa y polemizar con Puerta.
Experto en ejercicios de distracción, Antonio Cafiero -que le debe su banca al caudillo de Lomas de Zamora (lo suplantó cuando éste pasó de la Cámara alta a la Casa de Gobierno)- pagó en parte la deuda y aprovechó para largar una de sus clásicas improvisaciones partidarias. «Muchachos, no hay que pelearse; tenemos que bregar por un justicialismo unido y así jugar a lo grande», pronunció con su inconfundible tono de voz.
Barrionuevo volvió a la carga. «Entonces que convoquen a todos, a Rodríguez Saá, Reutemann, De la Sota», despotricó. «Los radicales están en retirada y el peronismo es una bolsa de gatos sin conducción», se sinceró Marcelo Guinle (Chubut).
Jorge Milton Capitanich, quien participaba de la catarsis más como senador con licencia que como jefe de Gabinete, mantuvo silencio. Se había limitado a plantear, al comienzo del encuentro, la urgencia gubernamental y la necesidad de canjear depósitos por bonos, algo que repetía sin demasiado poder de convencimiento desde el fin de semana. En algún pasaje, llegó a sincerarse. «Hoy (por ayer), a la 1 de la madrugada, el Presidente me comunicó que se venían recambios en el gabinete, así que mañana (por hoy) vuelvo con ustedes», confesó sin sorprender a nadie.
A pesar de que ya se sentía con un pie fuera de la administración Duhalde, Capitanich mantuvo informado a su superior de lo que sucedía en la bancada. Sin esperar a que concluyera el debate de entrecasa, Juan Carlos Maqueda, presidente provisional de la Cámara alta, telefoneó al inquilino de Balcarce 50 para anunciarle oficialmente qué estaba decidiendo el peronismo senatorial.
Duhalde ya estaba al tanto de todo. Y no sólo porque el chaqueño Capitanich cumplió hasta último momento con su trabajo en el Ejecutivo, sino también porque estaba presente Mabel Müller. La legisladora bonaerense, alter ego de Hilda Chiche Duhalde, apenas se dejaba ver por sus compañeros y, cada tanto, salía del salón -siempre celular en mano- para dar parte al Presidente designado.
Con un panorama más que claro, Duhalde convidó a los senadores a que concurrieran a Olivos por la tarde a buscar una alternativa. «Eso es poco serio y no sirve para nada; no cuenten conmigo», saltó Busti. «Si hay un nuevo plan que vaya la mesa del bloque y que después nos informen para ver qué pensamos», dio por terminado su speech.



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