24 de abril 2002 - 00:00

Senado PJ: el bono salía si Duhalde compartía los costos

Los senadores PJ terminaron de voltear el nuevo plan BONEX ayer al mediodía, durante una caldeada reunión de bloque, en la cual se impuso por 26 a 9 la decisión de darle la espalda a Eduardo Duhalde. La eyección de Jorge Remes Lenicov se precipitó después de que el pampeano Carlos Verna, hombre fuerte de la Comisión de Presupuesto y Hacienda y uno de los pocos protagonistas del viejo Senado que logró la reelección el 14 de octubre, se plantara: «Para evitar discusiones sin sentido, me parece que directamente tenemos que decir quiénes nos oponemos a votar este engendro y listo», desafió el legislador por La Pampa.

Un senador que obró como actuario de la sesión, contabilizó al final diecinueve discursos de rechazo al proyecto y apenas cuatro a favor, en boca además de autoridades del bloque y la Cámara, forzados a apoyar la posición de Capitanich.

La mayoría de los pronunciamientos se concentró en reproches políticos más que técnicos: el Presidente -dijo la mayoría de los senadores PJ- quiere tener las manos libres para ir a regalar dinero a los pobres, pero a nosotros nos manda a votar esta ley arrinconado por las cacerolas. ¿Por qué no firma un decreto de necesidad y urgencia con el bono, que acá se lo ratificamos, y comparte con nosotros el costo de la medida?, fue el lema de los legisladores.

Le tocó a Ramón Puerta cerrar los discursos, que hizo callar al conjunto con una evocación crudísima: «Al Frente Federal de gobernadores esta crisis le llevó un presidente en siete días.Acá hay que dar alguna señal positiva. Mandemos a la conducción del bloque a ver al Presidente y que negocie en nombre de todos. Lo que traigan lo tenemos que votar».

El misionero advirtió alguna agitación en el fondo y ahuecó la voz para advertir: «Si alguien no está de acuerdo con la conducción del bloque, que la acompañe a verlo al Presidente», y advirtió en el remate del speech: «Lo que se traiga de allá hay que votarlo porque si no este Presidente se cae y es el último Presidente del sistema político. Lo que venga después de eso nadie lo puede saber».

Desde que asumió el presidente designado, el 2 de enero, fue la primera vez que llegó a materializarse un conato de rebelión parlamentaria. Influyeron decisivamente la presión a la que se sintieron sometidos los legisladores del Ejecutivo que les pidió esta ley clave como condición para levantar el feriado bancario. También obró sobre ellos la presión de los ahorristas -más los activistas de izquierda que los acompañaron en esa cruzada capitalista-que montaron un «corralito» alrededor del Congreso en las últimas 24 horas. Eso motivó también duras acusaciones contra Juan José Alvarez, secretario de Seguridad, por no haber prevenido la movilización.

• Oxigenación

En la deliberación quedaron expuestas también otras razones para rechazar la iniciativa. «Duhalde está peor que Pinochet en el día del amigo», se divirtió agriamente Luis Barrionuevo. «El equipo económico -continuó el gastronómico en su papel de delegado catamarqueño- está terminado y hace falta una oxigenación en los ministerios.»

El rionegrino Miguel Angel Pichetto, uno de los pocos defensores del primer mandatario, ensayó una justificación: «Es cierto que Duhalde está mal asesorado y que tiene un mal ministro de Justicia que abrió un frente de conflicto inoportuno con la Corte y el resto de Tribunales, pero yo voy a votar por el sí para evitar que nos vayamos al carajo». Se le sumaron con variado entusiasmo José Alperovich (Tucumán) y los mendocinos Marita Perceval y Jorge Pardal.

«La verdad es que estoy en un dilema: no levantaría la mano por esta ley, pero tampoco lo haría contra mi presidente»,
dudó en público Pardal. «No sé, ¿tendría que renunciar a la banca?», se preguntó en voz alta, sin que nadie atendiera su cavilación. Oscar Lamberto, que ocupó la Secretaría de Hacienda hasta la semana pasada, trató de mantenerse leal, aún de regreso al Congreso.

«No podemos soslayar la situación caótica que recibió este gobierno»
, simuló una defensa Lamberto. «Eso no justifica que se haya desatendido a las provincias», criticó la salteña Sonia Escudero, con el respaldo de José Mayans (Formosa). «Eso no es cierto, por lo menos mientras yo estuve, se giraron fondos al interior», retrucó Lamberto.

De inmediato, la conversación se volvió a encarrilar.
«Yo nunca dije que no la fuera a votar, pero la verdad es que, si hay tanto apuro, podría haberse hecho por decreto de necesidad y urgencia, con nuestro compromiso de convalidarlo posteriormente», explicó Eduardo Menem. «Esta no es una norma que se puede sacar de un día para el otro», concluyó.

«Nosotros le pedimos a Duhalde que sacara un decreto de necesidad y urgencia para eludir esta discusión acá, pero nos dijo que necesitaba la ley sí o sí»
, intervino José Luis Gioja al informar sobre las conversaciones bilaterales.

Ramón Puerta
apuntó que había viajado especialmente desde Misiones para dar quórum. «Yo también le hablé de la posibilidad de un decreto, pero no quiso saber nada; igual, hay que apoyarlo porque después de Duhalde no sabemos qué viene», subrayó el especialista en transiciones institucionales.

«El Ejecutivo no puede tirarnos la responsabilidad a nosotros y que, encima, nos hagan sancionar un proyecto para pagar a los ahorristas con un bono defaulteado»
, se encrespó la sanluiseña Liliana Negre de Alonso, preocupada por u$s 247 millones de su provincia atrapados en el banco Nación.

Jorge Busti
, que defendió la promoción de Duhalde tras el provisariato de Adolfo Rodríguez Saá, no se guardó nada. «Acá no hay plan económico y tampoco acuerdo político para sancionarlo, entre otras cosas, porque el Presidente, en lugar de buscar apoyo en el peronismo, prefirió aliarse con el símbolo del fracaso en la Argentina, Raúl Alfonsín y compañía», pataleó el entrerriano.

• Confusión

«Esto no sirve si no existe programa», advirtió Jorge Yoma. «Para colmo, el Presidente se reúne con Julio Carbonetto y pide consejo a Guillermo Calvo, al mismo tiempo; la verdad que me confunde», siguió mascullando Busti.

«Habría que llamar a elecciones anticipadas porque falta credibilidad»
, intervino su comprovinciana Graciela Bär, proclama a la cual se acopló más tarde Cristina Fernández de Kirchner, con un toque de humor. «No se olviden de que si Duhalde cae, está mi marido», trató de distender el clima con una sonrisa y polemizar con Puerta.

Experto en ejercicios de distracción,
Antonio Cafiero -que le debe su banca al caudillo de Lomas de Zamora (lo suplantó cuando éste pasó de la Cámara alta a la Casa de Gobierno)- pagó en parte la deuda y aprovechó para largar una de sus clásicas improvisaciones partidarias. «Muchachos, no hay que pelearse; tenemos que bregar por un justicialismo unido y así jugar a lo grande», pronunció con su inconfundible tono de voz.

Barrionuevo
volvió a la carga. «Entonces que convoquen a todos, a Rodríguez Saá, Reutemann, De la Sota», despotricó. «Los radicales están en retirada y el peronismo es una bolsa de gatos sin conducción», se sinceró Marcelo Guinle (Chubut).

Jorge Milton Capitanich
, quien participaba de la catarsis más como senador con licencia que como jefe de Gabinete, mantuvo silencio. Se había limitado a plantear, al comienzo del encuentro, la urgencia gubernamental y la necesidad de canjear depósitos por bonos, algo que repetía sin demasiado poder de convencimiento desde el fin de semana. En algún pasaje, llegó a sincerarse. «Hoy (por ayer), a la 1 de la madrugada, el Presidente me comunicó que se venían recambios en el gabinete, así que mañana (por hoy) vuelvo con ustedes», confesó sin sorprender a nadie.

A pesar de que ya se sentía con un pie fuera de la administración Duhalde,
Capitanich mantuvo informado a su superior de lo que sucedía en la bancada. Sin esperar a que concluyera el debate de entrecasa, Juan Carlos Maqueda, presidente provisional de la Cámara alta, telefoneó al inquilino de Balcarce 50 para anunciarle oficialmente qué estaba decidiendo el peronismo senatorial.

Duhalde
ya estaba al tanto de todo. Y no sólo porque el chaqueño Capitanich cumplió hasta último momento con su trabajo en el Ejecutivo, sino también porque estaba presente Mabel Müller. La legisladora bonaerense, alter ego de Hilda Chiche Duhalde, apenas se dejaba ver por sus compañeros y, cada tanto, salía del salón -siempre celular en mano- para dar parte al Presidente designado.

Con un panorama más que claro,
Duhalde convidó a los senadores a que concurrieran a Olivos por la tarde a buscar una alternativa. «Eso es poco serio y no sirve para nada; no cuenten conmigo», saltó Busti. «Si hay un nuevo plan que vaya la mesa del bloque y que después nos informen para ver qué pensamos», dio por terminado su speech.

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