30 de abril 2001 - 00:00

Senado PJ frena a Maccarone y negocia sillas en el Central

El gobierno tendrá que sortear dos obstáculos para lograr sentar a Roque Maccarone en la presidencia del Central: por un lado, está pendiente una medida de no innovar pedida por Pedro Pou; por el otro, un "piquete" montado por senadores peronistas que quieren negociar varias sillas en el directorio de la entidad. El PJ, que domina la Comisión de Acuerdos y las votaciones en el recinto de la Cámara alta, advirtió que en setiembre caducan los mandatos de Marcos Saúl y Manuel Domper, razón por la cual ambos puestos podrían subir a la mesa de negociaciones. Para acelerar los plazos, el bloque le pidió al Ejecutivo que le remita las vacantes actuales y las futuras para definir la situación. Mientras tanto, Maccarone espera.

El gobierno tendrá problemas esta semana para confirmar a Roque Maccarone al frente del Banco Central. Por un lado, está pendiente un pedido de no innovar presentado por Pedro Pou que, de prosperar, obligaría a reponerlo en el cargo, aunque sea de manera testimonial. Por el otro, el Senado aún no emitió dictamen favorable al pliego del nuevo presidente, que, indefectiblemente, debe contar con el aval de la mayoría peronista para poder asumir funciones plenas en la entidad bancaria.

Tampoco parece que haya apuro en el Congreso. Sólo hay una sesión convocada para el jueves y el único nombre propio que figura en el temario es el de Chrystian Colombo, quien debería debutar con el informe de la Jefatura de Gabinete. De Maccarone, lo único que se dice es que mientras no haya dictamen de comisión la cuestión no será debatida en el recinto. Salvo que ocurra una milagrosa negociación de último momento.

El pronunciamiento de la Comisión de Acuerdos y la votación posterior en el recinto cobraron una cotización superior a la normal, desde que se tomó conciencia de que sería lo único que podría bloquear la avanzada de Pou en Tribunales. Si antes de que se expida la Justicia el diploma sortea la Cámara alta, cualquier pronunciamiento de los magistrados favorable al demandante carecerá de valor.

Carta en la manga

A la inversa, si antes de que se vote el ingreso de Maccarone, los jueces dan curso a la medida de no innovar, la presidencia del Central podría volver -al menos, en los papeles-a manos de Pou. Obviamente, esta posibilidad le quita el sueño a Domingo Cavallo.

El removido jefe del Central guarda un as en la manga frente a la alternativa de que le nieguen el pedido de no innovar y los senadores hagan silencio: podrá acudir a la Corte Suprema en busca de una reivindicación.

El ministro de Economía pensó que ya se había liberado de su rival.
Ahora, cayó en la cuenta de que todavía no superó el obstáculo jurídico y de que lo acecha la peor de las pesadillas: presenciar desde el 5° piso del Palacio de Hacienda el regreso de Pou al despacho principal del BCRA, aun cuando se trate de una obra corta.

Para mortificarlo (no hay nada peor para el líder de Acción por la República que amenazarlo con un juez), el ex titular del Central no se quedó cruzado de brazos y, además de este planteo formal, querelló a Cavallo por calumnias e injurias. El ministro, con su habitual verborragia, lo había acusado por TV nada menos que de haber formado parte de una campaña destinada a generar caos.

Las posibles desdichas no terminan en Comodoro Py. El bloque PJ había hecho ilusionar al gobierno la semana pasada y desde entonces mudó de criterio. En principio, la comisión que preside el chaqueño
Horacio Zalazar le anticipó a Colombo que Maccarone pasaría sin demasiado trámite la cabina del Senado. Tanta generosidad había sido retribuida ipso facto por el Ejecutivo. Junto con el pliego del sucesor de Pou y del cavallista Felipe Murolo -que lo acompañaría como vice-, llegaría la designación de Hugo Bruzzone en una de las butacas del directorio. Bruzzone, amén de los antecedentes profesionales, tiene apoyo de Zalazar, Carlos Verna (La Pampa) y Ricardo Branda (Formosa).

A la mesa de discusiones, se sumó en las últimas horas la situación de 2 directores,
Manuel Domper y Marcos Saúl, que vencen mandato en setiembre. Aunque la Comisión Bicameral que recomendó la destitución de Pou adhirió el nombre de Domper a la lista de despedidos sugeridos, Fernando de la Rúa sólo aceptó la primera parte y se abstuvo de eyectar al director mencionado. Tanto Domper como Saúl podrían permanecer hasta la fecha de caducidad de sus funciones para evitar otros conflictos en Tribunales y en el Congreso.

Estos antecedentes provocaron un viraje en la buena voluntad de los senadores que reclamaron al PEN que les remita el listado de todos los funcionarios del BCRA con salida en el corto y mediano plazo.
Los papeles desembarcarían pasado mañana en el Senado y serían la excusa perfecta para plantear un acuerdo que incluya varios puestos, aparte del de Bruzzone, al gobierno. Sería motivo de una discusión más doméstica el reparto de sillas en el directorio.

El jueves, durante un almuerzo improvisado en la oficina de Eduardo Bauzá, el tema fue tratado por los legisladores y algunos gobernadores que se habían quedado en el palacio, tras la cadena solidaria por Carlos Menem. Después de juntarse para cargar contra el fiscal Carlos Stornelli (que pidió el llamado a indagatoria del ex presidente en la causa de las armas), los caciques provinciales y la bancada acordaron consensuar posiciones comunes. Tomaron como punto de partida el respaldo a Menem y pusieron como próxima parada el diploma de Maccarone.

Tiempo

Mientras peleaban por un poco apetecible plato de pollo (en medio de pullas, los comensales trataron de «pijotero» al dueño de casa), algunos senadores pidieron tiempo antes de cederle al gobierno el sillón que Pou debió seguir ocupando hasta 2004, según el título que le había dado el mismo Congreso. Carlos Corach fue uno de los más entusiastas promotores de este giro. «No les demos todo de golpe», clamó. En definitiva, si se deben cubrir 2 plazas más en 4 meses, no tienen por qué dejarse llevar por la prisa oficialista.

En ausencia de
Carlos Ruckauf, Carlos Reutemann y el jujeño Eduardo Fellner (se marcharon apenas pasaron los 15 minutos de oración por Menem), el resto de los gobernadores presentes -entre ellos, José Manuel de la Sota, el salteño Juan Carlos Romero, Julio Miranda (Tucumán) y el pampeano Rubén Marín-atendió las razones de Corach, que acompañaron Eduardo Menem, Bauzá y José Luis Gioja, los únicos senadores que participaban de la comida.

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