Senadores buscaron venganza por acusaciones de S. Sapag
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Eduardo Arnold: Quiero plantear una cuestión de privilegio. Yo dije esta mañana -y lo repito ahora-que reivindico absolutamente todo lo realizado por las comisiones pertinentes en el tratamiento del proyecto de ley de hidrocarburos, que se interrumpió abruptamente con la denuncia de la senadora Sapag; denuncia que sirvió para el escándalo mediático que se desató oportunamente en este cuerpo, con mucho más teatro que prueba contundente, que llevó a la renuncia del señor senador Melgarejo y originó las dificultades que tuvo el senador Cantarero. Si la señora senadora quiso arreglar los negocios hidrocarburíferos de su provincia mediante este sistema, sin lugar a dudas que eligió el mejor camino para llegar al lugar no deseado. Si no, fíjense lo que ha pasado con posteriori-dad: lo que se firmó en España con respecto al yacimiento de Loma de la Lata y los anteproyectos que están llegando --absolutamente perjudiciales-para los intereses de las provincias.En esta cuestión de privilegio quiero referirme concretamente a la situación de la senadora Sapag, luego de las denuncias de que ha sido objeto en estos últimos días -precisamente, anoche (por el martes)- en un programa de televisión. Esas denuncias tuvieron amplia difusión en los medios por parte de un funcionario de su provincia. Inclusive, este hombre llegó a decir en alguno de los medios que es integrante del mismo movimiento al que pertenece la señora senadora Sapag, de Neuquén, diciendo muy gráficamente que aprendió a decir «papá, mamá y Sapag», en ese orden. Esta persona exhibió una gran cantidad de documentación importante y grave frente a los mismos medios que la sena-dora Sapag utilizó, sin prueba alguna, para hacer denuncias en contra de los senadores Melgarejo y Cantarero.
Templanza
Silvia Sapag: Permanentemente, desde que he hecho la denuncia de intento de soborno por parte del senador Cantarero, especialmente durante el último tiempo, he recibido el hostigamiento de distintos senadores de este Senado en las diferentes reuniones que hemos realizado en el ámbito de la Comisión de Combustibles y, sobre todo, cuando se discutieron estos asuntos en el recinto, donde el senador Branda, dirigiéndose al senador Cantarero, en voz baja le manifestó que me había deja-do insatisfecha. A su vez, cuando en una cuestión de privilegio establecí la dificultad que existe para entregar la prueba tasada en temas vinculados con delitos privados -tal el caso de abuso deshonesto y soborno-, también manifestó: «Cómo te habría gustado que te hubieran manoseado». Estos son hostigamientos que permanentemente recibo y creo que responden a un sistema de defensa corporativo, porque estoy denunciando un intento de soborno respecto del cual quizá no pueda presentar la prueba tasada, pero sí puedo presentar al juez los indicios para que en su sana crítica racional pueda determinar si real-mente hubo intento de soborno o no. El senador Cantarero me ofreció dinero para sacar una ley de hidrocarburos que sea favorable a las empresas. Yo menti-rosa no soy, y así lo he denunciado. Con respecto a la denuncia que se me está haciendo vinculada con el presidente del Banco de la Provincia de Neuquén, ella se debe a la gestión de mi divorcio vincular con mi ex marido, cuestiones que no voy a ventilar públicamente porque hacen a la vida familiar que yo he manejado con absoluta discreción. Como la denuncia ya está presentada ante el juez, no tengo problema alguno en ofrecerle mi descargo, pero me siento retenida a manifestar en público, ya sea en los medios o en este recinto, cuáles son las situaciones por las que he pasado. Dejo planteada así esta cuestión de privilegio a efectos de que se acabe este hostigamiento del que soy receptora.
Ricardo Branda: Señor presidente, quiero plantear una cuestión de privilegio en los siguientes términos. No se puede venir a mentir a un cuerpo que siempre se ha manifestado en forma ordenada, sincera, con altura y dignidad. Ahora resulta que la señora senadora tiene muy buen oído. ¿Cómo puede ser que ella, que se sienta del otro lado del recinto, pueda haber escuchado lo que dije en voz baja al señor senador Cantarero que se sienta en la parte de atrás? Estamos ante una nueva mentira a las que esta senadora nos está acostumbrando en este Senado de la Nación. ¡Por el honor de su familia y de su tío (en alusión a Elías Sapag) que tan bien se comportó en este Senado y que nos hizo sentir orgullo por haber trabajado con él, le pido que deje la mentira, se-ñora senadora! ¡Deje de hacer política con este cuerpo! ¡Si quiere tener votos, vaya a su provincia y pelee por ellos, pero no venga a esta Cámara a maltratar a los senadores con sus mentiras perjudiciales para este cuerpo!




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