1 de noviembre 2004 - 00:00

Senadores sesionaron sin quórum en la Base Marambio

Eduardo Menem, Rubén Giustiniani, Mabel Caparrós, Guillermo Jenefes y Fabián Ríos, todos senadores de la Comisión de Relaciones Exteriores. sesionando el sábado en la Base Marambio de la Fuerza Aérea.
Eduardo Menem, Rubén Giustiniani, Mabel Caparrós, Guillermo Jenefes y Fabián Ríos, todos senadores de la Comisión de Relaciones Exteriores. sesionando el sábado en la Base Marambio de la Fuerza Aérea.
Base Marambio, Antártida Argentina - La competencia de las comisiones de Relaciones Exteriores del Senado y Diputados por sesionar antes en la Base Marambio de la Fuerza Aérea en la Antártida tuvo un resultado confuso el fin de semana. Los senadores le ganaron por dos semanas a la reunión que tiene programada el presidente de la comisión de la Cámara baja, Jorge Argüello, para los diputados el próximo 11 de noviembre, pero no pudieron sesionar plenamente el sábado pasado por falta de quórum y se limitaron a firmar una declaración. Ahora, a los diputados les toca conseguir el récord.

En realidad, el evento principal era el cambio de dotación de la base y la celebración de los 35 años de la fundación de Marambio, a la que desde el gobierno de Carlos Menem se le quitó el grado de vicecomodoro en el nombre, como al resto de las bases argentinas en la Antártida. Por esa razón se les sumó el vicecanciller Jorge Taiana (que se dedicó a defender la soberanía nacional en el lugar).

Pero Eduardo Menem se dio el lujo (por problemas personales de Ramón Puerta, titular de la Comisión de RR.EE., que le hicieron cancelar el viaje), de volver a presidir esa comisión que controló durante todo el gobierno de su hermano, aunque para eso haya tenido que trasladarse a la Antártida. Junto con él se ubicaron para sesionar el salón auditorio de la base el socialista santafesino Rubén Giustiniani, la local Mabel Caparrós -fueguina y por lo tanto senadora de la zona-, el correntino Fabián Ríos y el jujeño Guillermo Jenefes. La transversal Nilda Garré y Rodolfo Frigeri, por ser diputados sólo presenciaron los actos de conmemoración de la base.

Después de presenciar el cambio de mando y dotación en la base, dentro del hangar donde asumió el vicecomodoro Lianza, los senadores se retiraron a la sala de conferencias para sesionar. Para la reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores no perdieron, incluso, los hábitosque guardan en el Senado. Un mozo de la base les sirvió el café en impecable vajilla mientras cada uno daba sus fundamentos sobre por qué apoyar la presencia de la Argentina en la Antártida.

Todo comenzó con el clásico susto por el aterrizaje un tanto violento de los aviones Hércules en la corta pista de tierra de Marambio. Después de eso, los senadores parecían chicos de fiesta. Se sorprendieron del tamaño de la base que crece cada año, las facilidades -como hablar por teléfono público o celulares y contar con televisión satelital- y hasta con el almuerzo con que se festejó el aniversario de la base, que Menem aprovechó para entregar de regalo una bandera de La Rioja y para hablar.

Frente a la impresionante vista del Mar de Wedell, poblado de icebergs, Garré escuchó después las explicaciones de científicos de un hecho que inquieta y en la Capital Federal se desconoce su magnitud: la cantidad de bloques de hielo flotantes que rodean la isla de Marambio son el producto de la ruptura de la barrera de hielo antártico como consecuencia del cambio climático.

Muchos confesaron no cono
cer las operaciones que realiza la Fuerza Aérea en la base como puerta de entrada al resto de las instalaciones que la Argentina tiene en funcionamiento en el continente blanco. Bajo un cielo azul impecable -Garré y Giustiniani estaban interesados en comprobar las mediciones sobre el agujero de ozono que se realizan al punto de presenciar el lanzamiento de un globo de observación-, los legisladores y las dos dotaciones de personal que confluyeron el fin de semana -más todo el personal científico que toma la posta de los próximos 12 meses- caminaban por las pasarelas que conectan la base con una temperatura cercana a cero grado, algo inusual para esta época del año, que permitía hasta tomar sol.

Todos habían llegado desde Ushuaia y Río Gallegos en un Hércules C130 que venía seguido de otro en vuelo con técnicos, militares y científicos. Para subirse debieron enfundarse en los trajes naranja oficiales que obligatoriamente hay que vestir en la Antártida, aunque para el caso de los senadores y diputados se los distinguió con un pantalón negro.

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