El peronismo, sobre todo el de la provincia de Buenos Aires, se puso en movimiento ayer para presionar la apertura de un proceso sucesorio que permita el ingreso de un hombre del PJ a la Casa Rosada antes de fin de año. Por la crisis, el centro de la operación fue el Senado, donde los nuevos integrantes del bloque deliberaron sobre las alternativas posibles para el caso de que el radicalismo deje el gobierno de manera anticipada. Allí ganó consenso la idea de que el PJ debe asumir la presidencia y la vicepresidencia provisional del cuerpo, de manera que un dirigente de ese partido encabece la Asamblea Legislativa que deberá resolver quién será el nuevo jefe de Estado que tendrá por misión completar el mandato hasta el año 2003 si De la Rúa decidiera renunciar. • Motor
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El proceso que se desencadenó formalmente ayer tiene su motor más poderoso en el ámbito bonaerense: no en vano fueron legisladores ligados a ese distrito (Luis Barrionuevo, Jorge Yoma, Jorge Capitanich) los que más defendieron la tesis del relevo adelantado en la asamblea. Pero hubo novedosas adhesiones a este plan: por ejemplo, se los tienta a Carlos Verna y a José Mayans. El primero, pampeano, está ligado a Rubén Marín y el segundo, de Formosa, a Gildo Insfrán, quienes no suelen alinearse con las posturas de la provincia de Buenos Aires.
Desde el gobierno advertían estos movimientos con cierta perplejidad. En principio, les resultó inquietante una amenaza: el miércoles próximo se sancionaría en Diputados la coparticipación de los fondos del impuesto al cheque y también avanzaría un pedido de juicio político a Domingo Cavallo. Ambas iniciativas contarían con el favor de votos radicales, según adelantó el gobernador Angel Rozas a los demás mandatarios en la reunión del Consejo Federal de Inversiones que se realizó el miércoles por la noche.
La madre de todas las decisiones del peronismo se elaboró lentamente, desde antes de los comicios del 14 de octubre: consiste en arrebatarle al radicalismo la presidencia provisional del Senado, que desde la renuncia de Chacho Alvarez es la vicepresidencia de la Nación. El bloque de senadores peronistas resolvió que el lugar hoy ocupado por Mario Losada sea para Ramón Puerta, Marcelo López Arias o Juan Carlos Maqueda. Ese desenlace es agresivo para el gobierno, tal como queda demostrado en el razonamiento que expuso un legislador ante este diario: «Si ponemos al segundo de De la Rúa es porque calculamos y queremos el reemplazo del gobierno. De lo contrario, estaríamos poniendo a un hombre nuestro para que firme los decretos que el Presidente, con la excusa de una ausencia, no quiera firmar».
El plan del PJ supone que al designarse al titular del Senado se estará designando a quien conduzca una futura Asamblea Legislativa cuyo cometido será elegir al mandatario que reem-place a De la Rúa. Quien resulte electo debe pertenecer al Senado, a Diputados o al colegio de gobernadores. Aquí los senderos se bifurcan:
• Un grupo de peronistas cree que debe negociarse con el radicalismo la selección de ese presidente. El eje de negociación tendría como contraparte a Raúl Alfonsín, Enrique Nosiglia y un grupo de gobernadores de la UCR. Las figuras que deben tenerse en cuenta para esa elección son Roberto Iglesias, gobernador de Mendoza, y Angel Rozas, del Chaco.
• Otro sector del PJ, en cambio, pretende que sea un peronista quien se haga cargo del gobierno hasta 2003. La figura más expectable en este caso es la de Adolfo Rodríguez Saá, un gobernador exitoso.
• En cambio, en la provincia de Buenos Aires aparece otro candidato: Carlos Ruckauf. El gobernador vería en la Nación una salida atractiva que lo libere de una experiencia mortificante, la de administrar un distrito con un déficit insoportable, que tal vez se incremente el año próximo. Pero el principal impulso de esta alternativa está en el mecanismo de la interna peronista bonaerense. Eduardo Duhalde apoyaría con simpatía esto: supone que después de dos años él heredaría la Rosada. Hombre de fe, al menos en Ruckauf.
• Una estrategia diversa es la de los peronistas que, como expuso Yoma en la reunión de senadores de ayer, creen que sólo se saldrá de la crisis si quien comanda el país es un ciudadano surgido de las urnas. «Si no le prestan plata a De la Rúa tampoco se la van a prestar a Rozas o a uno de los nuestros», arguyó el riojano en ese encuentro. Este modo de ver lleva a un sector del PJ hacia la idea de una elección anticipada, que consagraría a un nuevo presidente por otros cuatro años. El artículo 81 de la Constitución nacional deja, en su ambigüedad, una hendija para que se realicen esos comicios por adelantado. Igual ya existe un proyecto sobre modificación de la Ley de Acefalía.
La pregunta que no tiene respuesta para que se desenvuelva este proceso es obvia: cómo se conseguirá la renuncia de De la Rúa, ya que él ni imagina esta alternativa. El sindicalista Barrionuevo se la planteó a los más encumbrados dirigentes del radicalismo hace dos fines de semana, en una reunión secreta. Pero no obtuvo respuesta en ningún sentido. En la CGT de Hugo Moyano calculan que una huelga agresiva, por tiempo indeterminado, precipitaría al gobierno hacia una crisis insoportable. El lunes realizarán una asamblea para definirlo. En el Congreso, varios peronistas hablan de iniciarle un juicio político al Presidente y de soportar algún piquete en su interior reclamando ese pedido.
Ante esta virtual asonada, en el círculo más estrecho de De la Rúa cree que habría un escenario capaz de conjurar el peligro: la liberación de Carlos Menem, si es que la Corte Suprema se pronuncia. ¿Podría Menem, libre y repuesto en el PJ como interlocutor oficial del Ejecutivo, cambiar la ecuación de poder que hoy amenaza a De la Rúa? Esa pregunta se ha vuelto un deseo, manifestado en un reportaje por De la Rúa, cuando afirmó que el riojano «vuelve a la política». De ahí que a Duhalde la posibilidad de ese retorno le molesta tanto.
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