Sindicalistas del trotskismo dejan la revolución para otro momento
La página de Internet La Vaca recogió un interesante testimonio de lo que en la jerga sindical se llama el " basismo", es decir, las expresiones gremiales que se escapan del control de los grandes sindicatos. Ese "basismo", junto con cierto "espontaneísmo", es lo que está detrás de la ola de conflictividad laboral y social que recorre el país y que el clima electoral ayuda a aumentar, como crecerá hasta el 23 de octubre porque ningún partido político ni candidatoquerrá criticar para no generar nuevos adversarios. Veamos cómo en esa nota de La Vaca explican estos sindicalistas del "basismo" trotskista su acción. Veamos lo principal de ese reportaje.
-
Sobreseyeron a Claudio "Chiqui" Tapia en una causa por presunto lavado de dinero
-
LLA activa cumbre partidaria en Suipacha: presencia nacional y foco en disputar la Provincia
Periodista: ¿Hay un nuevo sindicalismo?
Claudio Marín ( telefónicos): No sé si son conflictos ofensivos. En realidad, estamos recuperando terreno perdido, que fue mucho. Para ofensivo faltará un poco más. Lo que pasa ahora es que cuando luchás, ganás; mientras que antes se perdía. Lo novedoso es que se puede pelear y se gana.
P.: ¿Y por qué ahora se gana?
C.M.: Creo que hay un escenario distinto, hay algún tipo de recuperación económica, y esto posibilita que la gente se sienta también más segura. No hay tantos despidos a mansalva como había hace un tiempo. Esto te da la posibilidad de tener una situación más a la ofensiva.
P.: ¿Cuál sería la diferencia?
C.M.: Si vos le preguntás a la gente por los dirigentes sindicales, te dicen que son todos chorros.
Gustavo Lerner ( Garrahan): Este es el triunfo de sectores que están por fuera de los dirigentes tradicionales. Es un proceso que empezó, para mí, con la caída de De la Rúa. Lo que hay ahora es una percepción de que se puede pelear con una metodología diferente y con unos dirigentes distintos. P.: ¿Cómo es esa metodología?
G.L.: Hacer lo que dice la asamblea. Así de sencillo, el abecé de lo que hacían los anarquistas de principio de siglo.
P.: Mencionan asambleas de 3.000 trabajadores. ¿Aumentó la conciencia política?
C.M.: Ni siquiera hay una conciencia política. No es que se dice: «Yo tengo tal o cual ideología». Dicen: «A mí me conviene ir a la asamblea porque yo quiero aprobar esta propuesta salarial». Y por eso participa. Después, lo demás le chupa un huevo. Lo digo para ser realistas. Hay 300, 400 compañeros que tienen una visión más de la organización. Pero todos entienden que así crean un poder frente a la empresa, que implica que no los van a echar, que no los van a forrear, que les van a dar el aumento, que van a mejorar las condiciones de trabajo.
P.: ¿Se perdió el miedo?
C.M.: Hay una percepción de que la plata está. Hay billetes. Y todo el mundo lo ve. Los niveles gerenciales, subgerenciales, cuadros de empresas medias, han recibido buena plata. Esto empuja para arriba. Como se ve una reactivación, hay menos despidos, entonces se ve la posibilidad de ganar. Antes no se veía. ¿Qué tenías? Cierre acá, cierre allá, despidos de mil, de dos mil. Era agarrarte el culo, a ver cómo la paramos. Hoy la percepción es otra.
P.: ¿Cuál?
C.M.: Una sociedad distinta, socialista. Yo quiero tomar el poder y terminar con este sistema de explotación. Ahora, la gente no quiere eso. Y yo lo tengo que tener muy clarito.




Dejá tu comentario