Conflicto en Puerto de Buenos Aires aún sin solución: barrabravas, paros y tensión

Política

El Gobierno y las terminales portuarias buscan aislar al líder de los estibadores, Juan Corvalán, que cuenta con el apoyo del camionero.

La crisis en el Puerto de Buenos Aires, que incluyó un paro, enfrentamientos, un herido de bala y más de 70 detenciones durante el fin de semana, expuso una interna de largo aliento entre gremios de la actividad y que, como en otros rubros, lleva el sello de Hugo Moyano. El camionero se erigió en un solitario respaldo para el líder del sindicato de estibadores (SUPA), Juan Corvalán, en su enfrentamiento simultáneo con las terminales portuarias, las autoridades del Gobierno, con los guincheros y con parte de la Federación Marítimo Portuaria (Fempinra), que tiene como principal referente al extriunviro de la CGT Juan Carlos Schmid.

El origen de los últimos incidentes y la amenaza de nuevos enfrentamientos fue, como destacó ayer Ámbito, una paritaria pendiente del SUPA con las terminales. El gremio de Corvalán rechaza acoplarse a un arreglo alcanzado por el grueso de los sindicatos de la Fempinra por entender que no contempla la situación de estibadores tercerizados que las empresas principales del puerto no reconocen como propios, ni la compensación reclamada por la revisión de la paritaria 2019 que venció en junio. De fondo, sin embargo, se maceran inquinas históricas, pujas por afiliados y roces entre trabajadores de distintos gremios que suelen subir de intensidad en un ámbito siempre áspero.

Los choques del sábado se produjeron cuando los afiliados del SUPA, que protestaban en la puerta de las terminales por el planteo salarial, lograron forzar los accesos y reingresar a sus puestos de trabajo en momentos en que, según denunció Corvalán, las compañías intentaban desarrollar la actividad con trabajadores externos. El gremialista, incluso, alegó que las empresas se habían valido de supuestos “barrabravas de River Plate para intimidar” a los estibadores. Además de las autoridades de las terminales el dirigente apuntó contra el sindicato de Guincheros y Maquinistas de Grúas Móviles, que encabeza Roberto Coria, por un aparente intento de cobertura de labores propias del SUPA.

En ese punto la disputa pone en la superficie las internas entre organizaciones. Corvalán pudo recién en marzo pasado recuperar la personería gremial del SUPA que permanecía suspendida desde 2018 por una causa en la Justicia laboral. Pero incluso cuando estaba privado de ese reconocimiento el estibador se enfrentó en varias oportunidades con la conducción de la Fempinra, en particular con Coria y con Schmid. En el conflicto actual la Federación y Guincheros se pronunciaron por redes sociales y en entrevistas en contra de Corvalán y lo responsabilizaron por los episodios violentos del fin de semana. Sin embargo, algunos gremios de la federación como el SOMU o el de Apuntadores Marítimos (Seamara) salieron a despegarse de esas comunicaciones y a darle su apoyo al SUPA. El Gobierno siguió con atención y alarma toda la crisis. En el Ministerio de Trabajo el propio jefe de la cartera, Claudio Moroni, y funcionarios como la directora Gabriela Marcelló multiplicaron audiencias y estiraron una conciliación obligatoria para intentar una pacificación en el sector y el funcionamiento de la actividad. En particular, explicaron en el área, para permitir la descarga de barcos arribados al puerto de Buenos Aires con insumos médicos para la lucha contra el coronavirus.

Por su parte, fuentes de la Administración General de Puertos (AGP) informaron que fue presentada una denuncia penal por los hechos de violencia.

El apoyo de Moyano a Corvalán es otra arista de la ruptura del camionero con Schmid, su exladero en la CGT por años. El líder de Dragado y Balizamiento logró sostenerse como miembro del triunvirato a cargo de la central obrera desde 2016 como portavoz del sector de Moyano pero tras perder la confianza de su benefactor, en 2018 renunció a ese cargo y buscó cobijo en otros sectores sindicales. Llegó a reunirse con el gastronómico Luis Barrionuevo y después pasó a convertirse en un protegido de Gerardo Martínez (albañiles, Uocra), clave para que consiguiera en el gobierno de Mauricio Macri la autorización para contar con una obra social propia.

Pero ese respaldo del camionero en solitario al líder del SUPA es apenas una muestra más de la política de alianzas de Moyano. En el sector aéreo, el único sindicato marginado de la Federación del Personal Aeronáutico (FAPA) es el de Aeronavegantes (AAA), que preside Juan Pablo Brey y que cuenta con el patrocinio de la familia camionera. En rigor Moyano mantiene buen vínculo con el resto de los aeronáuticos pero Brey es al único que considera un dirigente propio.

Otro ejemplo es el de la Federación Ferroviaria (FFA) que, con apenas cuatro organizaciones que la integran, Moyano se mantiene distante de las dos principales, La Fraternidad (maquinistas de trenes) y Unión Ferroviaria. En cambio el camionero tiene como aliada a la Asociación de Señaleros (ASFA), minoritaria pero no menos estratégica. Como corolario figura el caso de la relación entre Moyano y la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Tras la muerte en 2011 de Juan Manuel Palacios (su mano derecha en los 90), el camionero siempre se mostró enfrentado a su sucesor en el gremio de colectiveros, Roberto Fernández. A tal punto que estimuló el vínculo y dio cobijo a sus dos mayores rivales: el disidente Miguel Bustinduy y los “metrodelegados” del subte, que terminaron por formar un sindicato aparte.

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