25 de febrero 2002 - 00:00

Solá acusa: una mafia busca desestabilizarlo

Buenos Aires - No sólo dentro del PJ, Felipe Solá tiene que andar con pies de plomo.

Allí merodea un sector que lo castiga feo aunque, suponen en La Plata, existen códigos y mecanismos de la política, útiles para adormecer esa disputa.

Pero, en los últimos días, inauguró otra riña: con proyectos oficiales sobre el juego de azar, Solá alteró a lo que llamó «mafia del juego» que ahora opera -según el gobierno- para desestabilizar al mandatario.

Ante la prensa, el gobernador blanqueó ese frente. Aunque no olvidó a los «grupúsculos políticos» que lo perdigonean eligió como enemigo público a los jerarcas y capitalistas del juego clandestino.

Fue una gambeta para aplacar el frente interno -se sabe que choca con diputados e intendentes del PJ- y, además, pensada en términos de lógica financiera: el juego «trucho» le cuesta a la provincia entre 40 y 60 millones de pesos al mes.

En medio de la crisis económica y con una recaudación «libanizada», Solá -ni ningún otro gobernante- puede permitir que se le esfumen esos fondos, que son mayores a los ingresos del juego oficial (2,5 contra 1,8 millón diarios).

Otra vez, el bonaerense tuvo que defenderse. «No está en mis planes renunciar», dijo por radio, y apuntó que la versión forma parte de un plan para «desestabilizarlo» impulsado por sectores ligados a la «mafia del juego».

• Juego

Y pasó lista: «Todos los que tienen casinos clandestinos, los que manejan la quiniela clandestina, a los que no quieren que las máquinas tragamonedas funcionen on line y a los que manejan las apuestas clandestinas del turf», enumeró.

Abrochó la nómina mafiosa con una ambigüedad en términos de nombres.
«Existe un sistema de juego perverso que cuenta con el beneficio de algunos sectores muy influyentes».

Solá afirmó que esos grupos están vinculados al juego. Algunos en el gobierno ecualizaron la fresa con oído político y se remontaron a una causa que, hace años, abrió el juez
César Melazo en la Cámara de Diputados bonaerense.

Entonces, por escuchas telefónicas,
el magistrado detectó que desde la Legislatura se levantaban apuestas para el juego clandestino. En aquella época, como hoy, el jefe de Diputados era Osvaldo Mércuri, un crítico de Solá.

Pero el gobernador quiere conciliar. Aunque habló de «grupúsculos» que quieren tumbarlo desvinculó de esa movida a Mércuri y el resto de los legisladores rebeldes.

«Los supuestos actores de esa interna que se mencionan han desfilado por mi despacho y de ninguna manera están en esto», apostó Solá.

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