6 de junio 2005 - 00:00

Sólo pelearlo a Kirchner hace funcionar al Congreso

José Pampuro
José Pampuro
La ruptura que produjo el peronismo en todo el Congreso la semana pasada no se solucionará sólo con la definición de las listas a candidatos por ese partido en buena parte del país. Muchos de los diputados y senadores que se negaron a votar proyectos del Poder Ejecutivo -una herejía en estos tiempos del verticalismo extremo-, le enviaron más de un mensaje al Poder Ejecutivo, tomado íntegramente, es decir, no sólo a Néstor Kirchner: están cansados del maltrato y ausencia de respuestas de ministros y, recién ahora denuncian que el kirchnerismo no cumple con los códigos elementales del Congreso.

Esa crisis parlamentaria -casi cómica de tan anunciada pero ahora en pleno progreso- se volvió a retroalimentar el jueves pasado y nada indica que por ahora vaya a frenarse. Esta semana, Miguel Pichetto -en el Senado- y José María Díaz Bancalari tienen que demostrar que pueden comandar sus bancadas. Esto significa conseguir que los recintos funcionen aprobando proyectos clave para el gobierno, en realidad hoy quedaría en el Senado el paquete Antievasión II y la modificación a la ley de lavado de dinero, ya que la pérdida de tiempo en el Congreso con la ratificación de los dos acuerdostransitorios del gobierno con empresas -operadores portuarios y peajes en accesos a la Capital Federal- ha hecho que en cinco días éstos se den por aprobados, los voten o no ya que vence el plazo legal de 60 días. Es decir, el Congreso pierde importancia no sólo porque el Poder Ejecutivo no lo tome en cuenta y gobierne por decreto, sino porque cuando puede avanzar en algún tema -vital como el caso de acuerdos con privatizadas- se demora y le gana la sanción ficta.

No es un dato menor que la autoridad en la conducción de los bloques peronistas haya mermado al mismo tiempo que arreciaban las internas. Pichetto se encuentra hoy en medio de senadores de 24 provincias que en distintas graduaciones tienen problemas con el gobierno. Díaz Bancalari es, de acuerdo a como lo llaman sus propios compañeros, el «jamón del sándwich», con una pierna en la Casa de Gobierno y la otra en el duhaldismo. Los dos perdieron audiencia dentro de las bancadas y eso se está viendo en el recinto.

• Catalizador

Sería demasiado simple afirmar que la crisis parlamentaria se debe exclusivamente a la interna peronista, aunque sí puede ser que haya sido el catalizador de otras broncas, sobre todo en el Senado.

• En Diputados la cuestión es más simple ya que la pelea Kirchner-Duhalde está cerca y es cotidiana, dentro del bloque PJ y en el propio recinto. Pero hasta la semana pasada tenía sus códigos que -y esto es lo más preocupante- ahora comenzaron a romperse. La carta de desagravio a Hilda Chiche Duhalde y contra José Pampuro, que firmaron los diputados peronistas -menos el sector K del bloque- dividió más aguas que las que pensaron sus mentores.

• El primero en perder posiciones fue
Díaz Bancalari que pasó de ser el único garante de la unidad de la bancada y la gobernabilidad en el Congreso -con su eterna dualidad entre las reuniones del PJ bonaerense en Avenida de Mayo y las visitas al despacho de Alberto Fernández- a ser un duhaldista más para los diputados del kirchnerismo. Si hasta ahora dudaban de pelear la jefatura de la bancada a partir de octubre, la firma estampada en esa carta le dio el empujón final a la mayoría de los 20 que respondieron esa misiva con otra enviada directamente a la presidencia de la bancada.

• Pero la bronca en torno a «la
carta» es aún mayor en el resto del bloque. Esa declaración había sido pensada como una forma de descomprimir la presión de diputados peronistas, sus aliados en partidos provinciales e incluso algún radical, que veían en los dichos de Pampuro a Chiche Duhalde una intromisión directa del Poder Ejecutivo ya no en la forma de votar -de lo que están acostumbrados-, sino en cómo piensan los legisladores. Ante lo inevitable de presentar una cuestión de privilegio y debatir el tema en el recinto -con la consiguiente transmisión de la interna peronista por televisión y a todo el país-, se acordó firmar una carta y dejar allí la cuestión. Esto lo sabían bien los kirchneristas -muchos estuvieron de acuerdo en usar ese freno- y por eso la bronca del duhaldismo cuando la misiva fue contestada con otra de mayor violencia desatando la ira de todo el bloque. Lo que se dice una clara ruptura de códigos.

• Para calmar los ánimos en el Senado, hará falta algo más que clamar la interna peronista. Existen comisiones a las que el Ejecutivo no contesta ni el más mínimo de los pedidos de informes.
Como los funcionarios tampoco van a dar explicaciones, la incomunicación es total. Prueba de eso fue la catarsis que produjeron los faltazos de Rafael Bielsa, el intento de desplazar a Eduardo Menem de Asuntos Constitucionales o la falta de información sobre temas económicos. Sólo a Jorge Capitanich y a Pichetto, en privado, el gobierno acepta dar algún lineamiento de lo que está haciendo.

• Por eso no llamará la atención que el Congreso continúe en su clásica parálisis -de la que se levanta sólo para tratar algún tema clave cada tanto- o que se vean nuevos episodios
como el intento de derogar el Decreto presidencial 535 que habilita a participar en los comicios de octubre a aquellos partidos que no hayan iniciado el trámite de reconocimiento antes de la fecha prevista para la constitución de las juntas electorales.

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