Sólo pelearlo a Kirchner hace funcionar al Congreso
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José Pampuro
• El primero en perder posiciones fue Díaz Bancalari que pasó de ser el único garante de la unidad de la bancada y la gobernabilidad en el Congreso -con su eterna dualidad entre las reuniones del PJ bonaerense en Avenida de Mayo y las visitas al despacho de Alberto Fernández- a ser un duhaldista más para los diputados del kirchnerismo. Si hasta ahora dudaban de pelear la jefatura de la bancada a partir de octubre, la firma estampada en esa carta le dio el empujón final a la mayoría de los 20 que respondieron esa misiva con otra enviada directamente a la presidencia de la bancada.
• Pero la bronca en torno a «la carta» es aún mayor en el resto del bloque. Esa declaración había sido pensada como una forma de descomprimir la presión de diputados peronistas, sus aliados en partidos provinciales e incluso algún radical, que veían en los dichos de Pampuro a Chiche Duhalde una intromisión directa del Poder Ejecutivo ya no en la forma de votar -de lo que están acostumbrados-, sino en cómo piensan los legisladores. Ante lo inevitable de presentar una cuestión de privilegio y debatir el tema en el recinto -con la consiguiente transmisión de la interna peronista por televisión y a todo el país-, se acordó firmar una carta y dejar allí la cuestión. Esto lo sabían bien los kirchneristas -muchos estuvieron de acuerdo en usar ese freno- y por eso la bronca del duhaldismo cuando la misiva fue contestada con otra de mayor violencia desatando la ira de todo el bloque. Lo que se dice una clara ruptura de códigos.
• Para calmar los ánimos en el Senado, hará falta algo más que clamar la interna peronista. Existen comisiones a las que el Ejecutivo no contesta ni el más mínimo de los pedidos de informes. Como los funcionarios tampoco van a dar explicaciones, la incomunicación es total. Prueba de eso fue la catarsis que produjeron los faltazos de Rafael Bielsa, el intento de desplazar a Eduardo Menem de Asuntos Constitucionales o la falta de información sobre temas económicos. Sólo a Jorge Capitanich y a Pichetto, en privado, el gobierno acepta dar algún lineamiento de lo que está haciendo.
• Por eso no llamará la atención que el Congreso continúe en su clásica parálisis -de la que se levanta sólo para tratar algún tema clave cada tanto- o que se vean nuevos episodios como el intento de derogar el Decreto presidencial 535 que habilita a participar en los comicios de octubre a aquellos partidos que no hayan iniciado el trámite de reconocimiento antes de la fecha prevista para la constitución de las juntas electorales.




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