Eduardo Duhalde cambia los nombres, rota funciones, imagina la amplia mesa. Compone la nueva conducción del PJ, con paciencia oriental (lo hace en Montevideo, claro, mientras disfruta unas minivacaciones con su Chiche). Teme -dice a sus amigos-que los dos años que le quedan de mandato a Néstor Kirchner a partir de 2005 atraviesen alguna turbulencia. Sobre todo si el Presidente no conquista el año próximo algún distrito importante que lo ubique en el firmamento peronista con luz propia. Para esa instancia, el hombre de Lomas de Zamora imagina un peronismo con gran densidad, garantía de estabilidad ante cualquier riesgo.
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Hay trazos obvios en el dibujo que ensaya Duhalde para ese comando partidario, que le gustaría ver instalado hacia fin de año. Allí estarán, por ejemplo, todos los que comandan el PJ de su distrito, gobiernen o no la provincia respectiva. También los presidentes de los bloques parlamentarios de las dos cámaras. Y los titulares de esas cámaras, siempre y cuando sean peronistas (desde luego, Daniel Scioli y Eduardo Camaño, quienes ejercen hoy esa función, lo son).
Hay un rubro que piensa habilitar Duhalde para esa sinfónica que, a diferencia de los anteriores, promete tensiones y esconde picardías. Es el de los ex jefes de Estado. En efecto, el proyecto de comando peronista que se diseña entre Lomas y Montevideo incluye una categoría para que quienes ejercieron la primera magistratura se sienten en la sede de Matheu al 100 de manera vitalicia.
• Reposición
La novedad permitiría, en principio, reponer en la vida pública a María Estela Martínez de Perón («Isabelita») y garantizar un escaño a figuras que no tienen responsabilidades territoriales ni parlamentarias. Es el caso de Eduardo Camaño, por ejemplo, quien ejerció la presidencia durante un día, una vez que Ramón Puerta renunció al cargo, en medio del derrumbe, abriendo paso a la escuadra bonaerense. El propio Puerta integraría ese cuadro de honor de ex presidentes. Igual que Adolfo Rodríguez Saá, quien ganaría este espacio gracias a aquella semana de gobierno nacional de fines de 2001.
Es obvio, Duhalde se garantizacon esta estratagema un lugar indiscutible en la mesa de la conducción. Aunque eso es lo de menos. La semilla envenenada que cobija su invento es que gracias a este criterio « presidencialista» en la mesa también estaría Carlos Menem. El riojano ya conoce estas lucubraciones, que transmitió fielmente su hermano Eduardo, contertulio esporádico de la familia bonaerense.
Que Menem vuelva a la cúpuladel PJ es más que un reconocimiento conciliador. Se trata de un desafío a quien pretende comandar la fuerza a partir de este fin de año: Néstor Kirchner. ¿Se sentará el Presidente con el antecesor de los '90 en la misma mesa, bajo la advocación envolvente de «Perón y Evita»? ¿Llega a tanto la resignación política del gobierno, ya alejado de las quimeras de la transversalidad? Habrá que esperar horas para saberlo, aunque cabe suponer que Duhalde tanteó el nivel de tolerancia de su propuesta. No vaya a ser que, como el anterior directorio partidario ( inaugurado con la «discusión de alta peluquería» de Cristina y Chiche), el que pactaron Camaño con Juan Carlos Mazzón, todo estalle por los aires por una consulta que no se hizo.
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