Peshawar, Pakistán - Cinco dignatarios del régimen talibán, la llamada «banda de los cinco», intentan evitar el exterminio físico y político de la milicia religiosa del mullah Omar -en plena desbandada por montañas y caminos afganos, pero también reorganizándose para una larga guerra de guerrillaspresentando un inédito rostro moderado.
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Al frente de la «banda de los cinco» está el ministro talibán de Minería, Hassan Hakani, al que acompañan el primer secretario de la abandonada embajada talibán en Islamabad, Fanzi, y un destacado miembro de la «sura» o asamblea suprema talibán, apellidado Zakri. Según fuentes militares paquistaníes, la «banda de los cinco» negocia con jefes tribales moderados de la etnia pastún y con representantes talibanes gracias a la mediación paquistaní -probablemente del servicio secreto (ISI)- la «elección de un nuevo jefe supremo talibán» que reemplace al fanático mullah Omar y que ofrezca una salida al régimen.
Se trata de formar un grupo talibán presentable que pueda participar en un eventual proceso de pacificación de Afganistán, y sirva de interlocutor con los talibanes más radicales liderados por el mullah Omar, el visceral Príncipe de los Creyentes que ha ligado su destino al del terrorista Osama bin Laden.
Ambos están en paradero desconocido. La anunciada caída de Kandahar, habría provocado la huida de Omar hacia las montañas. Lo siguen miles de talibanes, árabes y voluntarios paquistaníes que amenazan los caminos o vagan por las montañas. Diversos rumores sitúan a Omar escondido en una zona tribal pastún paquistaní colindante con Afganistán, y a Osama bin Laden en Sudán. Pero según dijeron dirigentes de partidos fundamentalistas -que figuran en la lista negra de los grupos terroristas presentada por la Casa Blanca-ambos están reorganizando la resistencia guerrillera en las montañas y preparando atentados suicidas.
«La banda de los cinco», indican oficiales del ejército paquistaní, puede obtener el apoyo de numerosos jefes militares talibanes en fuga, que han buscado refugio en Pakistán. «Intentan sobrevivir a la hecatombe del régimen», dice la fuente. Pero el plan cuenta, por el momento, con escasas posibilidades del éxito. Los Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Irán, Tayikistán y la propia Alianza del Norte, que ha ocupado Kabul sin disparar casi un tiro, se oponen a la inclusión de talibanes en el futuro gobierno de Afganistán. Aunque, agregan las fuentes, las milicias religiosas del mullah Omar «son en todo caso necesarias para cualquier solución».
En otro de los frentes internos, también continúan las negociaciones del mediador pastún Hamid Karzai, sucesor del asesinado Abdul Haq -un hombre de la Casa Blanca-y jefe de 5.000 pastunes de la tribu Popolzai, quien intenta asegurar la fidelidad del pueblo pastún al ex rey de Afganistán, Zahir Shah. Pero tan importante es esta mediación como la que Karzai mantiene con la Alianza del Norte en representación tácita de la mayoría pastún, radicalmente opuesta a que los tayicos y uzbecos se apoderen de Afganistán.
Lo que parece estar produciéndose en la práctica es una peligrosa fragmentación de Afganistán, con la Alianza del Norte controlando el centro y el norte del país desde Kabul, los pastunes concentrados en Jalalabad, en el centro y en el este, y los talibanes amenazando desde las montañas.
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