Susto para Ibarra por débil custodia

Política

Sobresaltado almuerzo para Aníbal Ibarra: ayer, mientras apuraba unas frugales minutas junto con algunos integrantes de su equipo, atendió un teléfono y el resto de los comensales lo observó palidecer de golpe. Le acababan de avisar que a pocos metros de su despacho había un hombre, con un revólver en la garganta, que amenazaba con dispararse si él no lo atendía.

Como supieron rápidamente, se trataba de un ex empleado de la obra social municipal durante la gestión de Fernando de la Rúa, que reclamaba una audiencia urgente. A Roberto Feletti, Raúl Fernández y Daniel Rosso, que acompañaban a Ibarra en la comida, se les pidió que salieran por una de las puertas laterales, fuera de la visión del amenazante suicida.

Tras el ingreso del Grupo Especial de Operaciones (GEOF) de la Policía Federal, que acudió con psiquiatras al lugar, un empleado actual, conocido del hombre, se ofreció de mediador, aunque ni uno ni otros tuvieron el poder de una persuasión veloz.

Fue así que la tensión prácticamente paralizó todas las actividades en el Palacio Municipal durante casi dos horas, tal el tiempo que le demandó al equipo de profesionales lograr que el hombre entregara el arma.
«Ahora quiero saber qué pedía», dijo entonces Ibarra, con algo más de color en el rostro, aunque le desaconsejaron la entrevista. Final feliz, desde ya, aunque siempre con la misma duda cuando se trata de asuntos de seguridad: ¿cómo es posible que en Bolívar 1, donde ni los cadetes de los bares aledaños pueden ingresar en el edificio (los empleados deben bajar a la calle para retirar los pedidos), logre entrar un hombre armado y apostarse a veinte metros del jefe de Gobierno?

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