9 de noviembre 2001 - 00:00

Talibanes imponen una virtual limpieza étnica

Peshawar, Pakistán - La dictadura religiosa de Kabul reprime sin piedad a las minorías disidentes mientras los voluntarios musulmanes continúan afluyendo a la guerra santa convocada por el régimen talibán, que parece haber entregado el mando de las operaciones militares a los jefes de las milicias árabes del terrorista Osama bin Laden.

Los testimonios de los refugiados hazaras que llegan a las ciudades de Quetta y Peshawar describen ejecuciones arbitrarias, persecución, brutalidad y vejaciones por el mero hecho de pertenecer a esta minoría afgana de la rama chiíta del Islam, que además es partidaria del opositor Frente Unido (FU).

Denuncian «matanzas» de hazaras, «cazados a tiros por las calles», que intentan escapar de los talibanes, los bombardeos norteamericanos y el «impuesto de guerra» exigido ahora por la arruinada milicia islámica.

De hecho, la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) advierte que los civiles deben asumir cada vez mayores riesgos en su huida, sobre todo si pertenecen a las minorías étnicas reprimidas por los talibanes, de la etnia mayoritaria pastún.

La guerra santa del régimen, que afirma gobernar en nombre de Alá, incluye el cobarde método de usar a la población como escudo humano
. Entre otros ejemplos, se cita el campo de refugiados de Makali, en la provincia de Nimroz donde, según revelan fotografías tomadas por satélite, más de 1.500 milicianos talibanes, provistos de artillería pesada, se protegen de los bombardeos entre los hambrientos civiles.

En los frentes de guerra talibanes, los comandantes árabes de Bin Laden parecen haber tomado el mando, según relatan a diario numerosos testigos. Citando fuentes internas del régimen, el periódico paquistaní «Dawn» asegura que el régimen de Kabul ha encomendado a los milicianos árabes -entre 7.000 y 10.000- la seguridad de las ciudades tras el toque de queda, que comienza a las 20. Los talibanes admiten que sus socios árabes en la Yihad son los que muestran mayor valor, fe, disposición a morir y preparación para la guerra.

Bin Laden ha entregado el mando de las dos principales ciudades afganas a un sirio y a un iraquí. Abu Masab y Shawqi Islamboli -posible hermano de Khalid Islamboli, el hombre que asesinó al presidente egipcio Anuar Sadat-han sido designados por el terrorista para defender el norte de Kabul. El comandante Abu Janab manda al este de Nangrahar, y el ingeniero iraquí experto en explosivos Abdul Hadi Iraqi, ex oficial de Saddam Hussein, está al mando del frente al noroeste de la estratégica ciudad de Taloqan, donde esperan la mayor embestida del Frente Unido.

Los árabes también ostentan el control de la 55ª brigada talibán. El jefe de la seguridad del propio Osama, dominada por egipcios, parece ser
Janat Gul, ex comandante mujaidin y camarada del mullah Omar durante la invasión soviética. Otro hombre de Osama, esta vez de origen marroquí y emparentado con el jefe de seguridad de Al Fatah, Hashem Menqarah, prepara, según las fuentes, equipos de voluntarios suicidas para enfrentarse a las fuerzas de los Estados Unidos.

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