13 de noviembre 2003 - 00:00

"También hay culpa española en los roces con la Argentina"

El rey Juan Carlos reconoció ayer en Buenos Aires que 50% de la responsabilidad en el mal clima que ha habido hasta ahora en las relaciones con la Argentina le corresponde a España. En un breve diálogo con este diario, declinó dar más precisiones, pero esa sola admisión es suficiente si sale de la boca de un hombre que habla muy poco en público. Esta noche cerrará la visita al país con una cena a la que está invitado por Néstor Kirchner, que ayer lo sometió al ritual de viajar hasta El Calafate y tocar los hielos del glaciar Perito Moreno. Se consoló el visitante tomándose un whisky on the rocks con hielo sacado del ventisquero que tiene 1.000 años de antigüedad, algo que se dice por allá que prolonga la vida. Se deslumbró con los colores de esos hielos que marcan la antigüedad de cada sector y hasta usó una frase poética: «Parecen pintados con tinta china».

También hay culpa española en los roces con la Argentina
"Fifty-fifty; como en los matrimonios, la culpa es de los dos.» Con esta frase, explicó ayer el rey Juan Carlos I la crisis -suave, amortiguada se diría-en las relaciones entre la Argentina y España. Minutos después de reunirse con Néstor Kirchner, el rey mantuvo un diálogo con este diario en el salón Frescos del Palacio San Martín, donde el visitante saludó a los participantes de un foro de empresarios, intelectuales y funcionarios.

Periodista:
¿Qué clima vio en Casa de Gobierno?

Juan Carlos: Buenísimo, muy cordial, de amigos. He venido a apoyar a este país y creo que todos deben colaborar, incluso ustedes, los periodistas, que pueden hacer mucho.


P.:
Contamos lo que pasa...

J.C.:Ya sé, pero deben señalar el clima cordial..., sin ningún matiz.


P.:Admita
que se viene de un clima áspero...

J.C.:
(ríe) Bueno... bueno...

P.: ... Algunos desaires, cosas que se dicen, quizá de este lado, de la Argentina...

J.C.: No, en todo caso, es culpa de las dos partes, «fifty-fifty». Es como en los matrimonios, si hay problemas, la culpa nunca es de un lado solo, es de los dos. Pero se supera con los amigos...


P.:
O sea, que algún mal modo hubo...

J.C.:
(Ríe, se toma la cabeza) Huy, cuidado con lo que vas a escribir, ¿eh?

El rey venía de un diálogo casi a solas con Kirchner -lo acompañaban Rafael Bielsa y, por un momento, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández-, del cual las dos partes hicieron trascender versiones distintas, aunque finalmente contradictorias. El gobierno argentino acentuó una frase del rey sobre que «hay empresas que han sabido cumplir». Gallardo, Kirchner le contestaría que nunca haría nada que fuera contra sus ideas «ni aunque lo pida usted, José MaríaAznar o el rey de Esp aña».

La versión real fue que Juan Carlos acentuó el tono conciliador ofreciendo estar a disposición plena de lo que el gobierno argentino requiera del de España. Ese fue el argumento que repitió en los diálogos a que se entregó durante casi una hora al mediodía de ayer con el grupo de empresarios, funcionarios e intelectuales argentinos que participaban del Foro Hispano Argentino.

•Recorrida

El Rey y su esposa Sofía recorrieron los grupos que se habían tomado un descanso en el debate sobre las relaciones entre los dos países, entre ellos, los funcionarios Bielsa, Eduardo Valdés -asesor master de la Cancillería y responsable de recibir a los monarcas en las escalinatas del edificio-, Eduardo Sigal, Eduardo Sguiglia, Félix Peña, Gloria Bender -responsable operativa del Congreso Internacional de la Lengua Española-, Teresa de Anchorena, los petroleros Alfonso Cortina, Ramón Blanco Balín, de Repsol YPF (ansiosos por partir hacia la presentación de su nueva guía en el museo de Arte Decorativo), el titular de Telefónica, Mario Vázquez, Santiago Soldati (ex compañero del rey en colegio suizo; cuando se encuentran, sobreactúan la relación y se boxean en broma), los ex funcionarios Juan Llach, el politólogo Felipe de la Balze y el empresario y animador cultural Ricardo Estévez.

Entre los españoles estaban Emilio Lamo de Espinosa, Guillermo de la Dehesa, un Carlos Malamud que simula acento peninsular, pero que no puede impedir que se afloren porteñismos -es un argentino que vive en Barcelona hace años-y la estrella del encuentro por la solidez de lo que se escuchó, Carlos Solchaga, ministro mágico que fue de Felipe Gonzá lez, que dijo lo que se cuenta aparte.

El encuentro con Kirchner lo dedicó el rey a remachar gestos de apoyo hacia el gobierno argentino, rodeado como estuvo ayer de dirigentes de empresas de su país que llevan adelante esfuerzos de resultado desparejo en sus relaciones con la gestión del santacruceño.

La última cita en Madrid, en julio pasado, fue un torneo de dardos entre funcionarios argentinos y empresarios españoles a los que Kirchner sometió al método de «ahora mando yo». Esta visita del rey busca poner en otro rango la relación, tanto que
Juan Carlos se sometió a todas las condiciones que le pusieron desde BuenosAires: no entrevistarse con empresarios para no montarles un escenario a los lobbystas, viajar ocho horas en dos días de ida y vuelta a El Calafate -él prefería volver a Bariloche, donde estuvo hace algunos años-, hasta tener que poner él (o su delegación) los paraguas para protegerse de la lluvia que lo recib ió.

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