"También hay culpa española en los roces con la Argentina"
El rey Juan Carlos reconoció ayer en Buenos Aires que 50% de la responsabilidad en el mal clima que ha habido hasta ahora en las relaciones con la Argentina le corresponde a España. En un breve diálogo con este diario, declinó dar más precisiones, pero esa sola admisión es suficiente si sale de la boca de un hombre que habla muy poco en público. Esta noche cerrará la visita al país con una cena a la que está invitado por Néstor Kirchner, que ayer lo sometió al ritual de viajar hasta El Calafate y tocar los hielos del glaciar Perito Moreno. Se consoló el visitante tomándose un whisky on the rocks con hielo sacado del ventisquero que tiene 1.000 años de antigüedad, algo que se dice por allá que prolonga la vida. Se deslumbró con los colores de esos hielos que marcan la antigüedad de cada sector y hasta usó una frase poética: «Parecen pintados con tinta china».
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Periodista: ¿Qué clima vio en Casa de Gobierno?
Juan Carlos: Buenísimo, muy cordial, de amigos. He venido a apoyar a este país y creo que todos deben colaborar, incluso ustedes, los periodistas, que pueden hacer mucho.
P.: Contamos lo que pasa...
J.C.:Ya sé, pero deben señalar el clima cordial..., sin ningún matiz.
P.:Admita que se viene de un clima áspero...
J.C.: (ríe) Bueno... bueno...
J.C.: No, en todo caso, es culpa de las dos partes, «fifty-fifty». Es como en los matrimonios, si hay problemas, la culpa nunca es de un lado solo, es de los dos. Pero se supera con los amigos...
P.: O sea, que algún mal modo hubo...
J.C.: (Ríe, se toma la cabeza) Huy, cuidado con lo que vas a escribir, ¿eh?
•Recorrida
El encuentro con Kirchner lo dedicó el rey a remachar gestos de apoyo hacia el gobierno argentino, rodeado como estuvo ayer de dirigentes de empresas de su país que llevan adelante esfuerzos de resultado desparejo en sus relaciones con la gestión del santacruceño.
La última cita en Madrid, en julio pasado, fue un torneo de dardos entre funcionarios argentinos y empresarios españoles a los que Kirchner sometió al método de «ahora mando yo». Esta visita del rey busca poner en otro rango la relación, tanto que Juan Carlos se sometió a todas las condiciones que le pusieron desde BuenosAires: no entrevistarse con empresarios para no montarles un escenario a los lobbystas, viajar ocho horas en dos días de ida y vuelta a El Calafate -él prefería volver a Bariloche, donde estuvo hace algunos años-, hasta tener que poner él (o su delegación) los paraguas para protegerse de la lluvia que lo recib ió.



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