La conducción de los bloques de diputados del Frepaso y del radicalismo se sumó ayer a la ola de pedidos de renuncia a Pedro Pou como presidente del Banco Central. Después de haberse reunido a solas con la chaqueña Elisa Carrió y el demócrata mendocino Gustavo Gutiérrez, el radical Horacio Pernasetti y el frepasista Darío Alessandro declararon públicamente que la mesa de conducción de la Alianza resolvió que Pou debería dejar su cargo. Si bien los aliancistas no lanzaron ninguna iniciativa para bajar al presidente del Central de su cargo, lo cierto es que el alineamiento de la UCR con el Frepaso, que ayer había salido a pedir la renuncia de Pou, cambió el panorama en el Congreso. Para discutir sobre el mismo tema, la mesa de trabajo de la Alianza, que integran Raúl Alfonsín y Carlos Chacho Alvarez, se reunirá mañana en el despacho de Chrystian Colombo para analizar un temario que incluye el Senado, el escándalo por lava-do de dinero, la unificación del gasto social y la regulación de los servicios públicos. A ese encuentro también acudirán Fede-rico Storani, José Luis Machinea y Alessandro.
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La Alianza comenzó su actividad ayer en Diputados con una reunión de la mesa de conducción. El tema fue lavado de dinero. Pero un poco más tarde llegó la reunión de fondo con Elisa Carrió y el demócrata mendocino Gustavo Gutiérrez.
Nadie entendió por qué los presidentes del Frepaso y de la UCR marcharon a la casa de Carrió para la charla, cuando la chaqueña es integrante del bloque de diputados y, por lo tanto, debería haber concurrido a las oficinas del Congreso. Toda la movilización fue justificada en una invitación de Carrió para almorzar en su casa. Poco después, se explicó que esa comida se transformó en un té, por problemas de horarios de los presidentes de bloque.
Lo cierto es que, ayer, Alessandro y Pernasetti no estaban para discutir muchos formulismos con Carrió, a quien normal-mente tienen enfrente cuestionando todas las decisiones del bloque oficialista y las políticas de Fernando de la Rúa, y por eso aceptaron viajar a territorio ajeno para escuchar un resumen del informe del senador Carl Levin de los EE.UU.
Cuando llegaron, encontraron a la chaqueña atareada con una nueva información sobre su persona. Fuentes del Laboratorio del Departamento de Electrónica la Universidad Tecnológica Nacional había informado que sus cuatro teléfonos, dos en su casa y el resto en su oficina, estaban pinchados «por sistemas de alto nivel tecnológicos, utilizados por la DEA o el FBI de Estados Unidos, o la SIDE de la Argentina», según explicaron los expertos.
Frente a esa excitación, los jefes de bloque escucharon las explicaciones de la diputada y ratificaron enseguida su apoyo a la creación de una comisión investigadora del lavado de dinero en la Argentina, con sede exclu-siva en Diputados, que estaría comandada por Carrió y Gutiérrez. Acto seguido, volvieron al Congreso y comunicaron que para el bloque de la Alianza «Pou debería dar un paso al costado».
Mientras tanto, el radical Carlos Iparraguirre les solicitó a las autoridades de las comisiones de Finanzas y de Presupuesto y Hacienda de la Cámara baja que se cite a declarar a Pou «para que explique las políticas monetarias, cambiarias y financieras en ejecución» por el BCRA. Pero mientras esas acciones seguían adelante, ante la preocupación del gobierno, en otros sectores del Congreso se iniciaba un proceso aun más complicado para la subsistencia de Pou en el Central.
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