También Solá
• Renunció a buscar una nueva reelección. • La reciente votación en Misiones produjo una saludable reacción en todo el país. • Se abre ya la pelea por la sucesión en el oficialismo y se alienta la oposición. • Impacta a Kirchner presión en provincias contra reelección (también en Santa Cruz).
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Felipe Solá y Néstor Kirchner, ayer en Casa de Gobierno.
Un encuentro mano a mano era lo que esperaba Solá para bajar sus armas. Fue ese movimiento el que se produjo ayer, en el cual el patagónico entregó al aliado que mejor mide en la provincia y elevó a tres la cifra de socios que perdió en ocho días: Rovira, Fellner y Solá.
Tarea para los psicólogos: 500 mil misioneros no sólo decapitaron la fantasía eternista de Rovira, sino que degollaron a un jujeño y a un bonaerense cuyos nombres quizá desconocen. Duda para Kirchner: ¿recupera con esto el timón que le había arrebatado la oposición?
De resistir pasó a desistir; de ser «el mejor candidato» pasó a gobernador «en retirada». Es la consecuencia del derrumbe de la reelección de Solá, suceso que ayer se festejó en varios despachos de la Casa Rosada, en el PJ oficial y entre los opositores.
Así y todo, el felipismo valoró la forma con que se operó la dimisión: que haya sido en la Casa Rosada, previa charla con Kirchner y junto a Fernández. «A Fellner lo bajaron con un comunicado», comparó un ministro.
Solá se había abrazado a la expectativa de que el artículo 123 de la Constitución no le impedía competir por otro mandato porque fue electo primero como vice y luego como gobernador. Esa posición, al menos ocurrente, la jugó sin consultarlo con Kirchner.
Ahora, en Buenos Aires, empieza a florecer el posfelipismo y se estremece el mosaico kirchnerista que, de inmediato, mostró reacomodos. No sólo entre los que están en gateras -Pampuro y A. Fernández-, sino con la irrupción de actores como Jorge Taiana.
Al rato de anunciar que retirará el planteo que presentó en la Junta Electoral -que hizo con el Partido de la Victoria, sello electoral que inventó Kirchner-, el gobernador tuvo gestos sobre cómo se posicionará frente a la pulseada por una candidatura que 10 días atrás creía propia.
No disimuló. Recibió un llamado de José Pampuro, con quien habló amigablemente. Pero el ministro del Interior, Aníbal Fernández lo llamó, hasta media tarde, cuatro veces y el gobernador nunca quiso atenderlo. Se sabe: Solá militará contra la postulación del quilmeño. Clausurado el sueño del tercer turno, el bonaerense se reunió en La Plata con un grupo de colaboradores a los que les trasmitió dos líneas de acción:
a) Afirmó que Kirchner le prometió todo el respaldo nacional, político, pero sobre todo financiero, para el año que le queda de gestión. « Tenemos que afianzar el gobierno», les dijo a los ministros y legisladores que lo acompañaron en la dura hora de la renuncia.
b) Hasta marzo del año próximo no se hablará de candidaturas en la provincia de Buenos Aires y, aunque el Presidente será el «gran elector», el gobernador tendrá incidencia en el proceso de selección. Fue una jugada orientada a evitar cualquier posible desbande.



