28 de febrero 2005 - 00:00

Temen interpelación por sorpresa mañana a Kirchner

El peronismo del Congreso y el propio gobierno tuvieron en claro el viernes pasado que será imposible evitar la interpelación de funcionarios del Ejecutivo por el caso Southern Winds. Antes que el propio jefe de Gabinete, Alberto Fernández, declarara el fin de semana estar dispuesto a ir al Congreso a dar explicaciones, Eduardo Camaño y José María Díaz Bancalari se pasaron todo ese día intentando convencer a cada uno de los presidentes de bloques opositores de la inconveniencia de interpelar ministros. No consiguieron convencer a ninguno. Subidos nuevamente a un oficialismo kirchnerista pocas veces visto -y que habían abandonado temporalmente durante la pelea Eduardo Duhalde-Felipe Solá-, le pidieron «el favor» a radicales, aristas, demócratas y provinciales. Aunque se prometió informarlos de las medidas a tomar por el gobierno y las verdaderas responsabilidades, la respuesta fue unánime: ninguno bajaría los pedidos de interpelación, donde el más duro sin dudas es el presentado por los seguidores de Elisa Carrió.

Una interpelación para averiguar el rol del Estado y la información sobre el tráfico de drogas en Ezeiza a través de valijas por SW, puede transformarse en una peligrosa sangría para un gobierno ya golpeado en el tema y que no puede explicar hoy por qué descabezó a la Fuerza Aérea por no informar, cuando también tiene ministros que reconocen haber sabido y tampoco comunicado.

Pero el gobierno también se equivocó y se cerró subiendo más la presión de los opositores que cada día tienen datos más jugosos sobre el tráfico de drogas utilizando las bodegas de SW y sobre quién sabía de esto y quién no.

En la lista de posibles interpelados hay dos hombres que lideran el peligro. José Pampuro debió concurrir a informar hace 10 días. Lo pidieron radicales en el Senado y en Diputados y también aristas. El Ejecutivo, vía sus empleados en el Congreso, lo negó.

No hubo en Diputados la posibilidad de debate, como sí lo hizo el Senado en la sesión preparatoria del jueves pasado. Arrancó allí el socialista Ruben Giustiniani: «Ante el escándalo nacional que ha significado la aparición de valijas con cocaína en el aeropuerto de Barajas de Madrid, este tema debe tratarse o, por lo menos, que exista por parte de la mayoría un compromiso para que la semana que viene concurran a la Cámara algunos funcionarios del gobierno nacional a conversar, a dar explicaciones, a informar a los senadores de lo que está pasando en el país».

Siguió el radical Mario Losada: «Nosotros vamos a reclamar, como principio de agenda legislativa en la sesión del miércoles próximo, la presencia del ministro de Defensa», la puntana Lilia Negre de Alonso y de nuevo el radical Gerardo Morales, que lideró una denuncia penal contra Ricardo Jaime, secretario de Transporte.

Por toda respuesta,
Miguel Pichetto ofreció dar un debate pero negó la presencia de ministros y defendió a Jaime y hasta a Kirchner cuando nadie había atacado personalmente al Presidente.

• Temor

Fue todo lo que hubo de discusión hasta ahora. El mal momento podría haberse evitado si el jefe de Gabinete concurriera mensualmente al Congreso a dar el informe que obliga la Constitución y que éste fuera productivo y no un mero discurso para responder preguntas hechas por escrito dos meses atrás. Los jefes de Gabinete nunca cumplieron con regularidad ese precepto de la reforma de 1994 .

Ante esa ausencia se teme ahora el fantasma de interpelaciones como la de
Domingo Cavallo por el caso Correo que duró 11 horas o la de Antonio Tróccoli por el caso Sivak que terminó con altísimo costo político para Raúl Alfonsín.

Pero el máximo temor del peronismo
es la Asamblea Legislativa de mañana. Todos los senadores y diputados de la oposición -más la variedad que representa hoy el peronismo estarán sentados en el recinto para escuchar el mensaje de apertura de sesión de Kirchner. El gobierno lo quiere convertir, además, en un acto de lanzamiento de la Argentina poscanje y para eso se dispuso que 12 cámaras de televisión lo retransmitan al país en cadena nacional. Habrá, además, pantallas gigantes dentro y fuera del recinto y cámaras móviles.

Con toda esa garantía de publicidad sería una tragedia política que se emita para el país el inicio de la Asamblea, un momento clave para que los opositores tomen la palabra -técnicamente pueden hacerloy armen la sesión de reclamo por las interpelaciones. Todo eso un minuto antes de que el Presidente ingrese al recinto para dar su mensaje sobre el «Estado de la Nación».

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