Tironeado, Scioli se arriesga en el "campo minado" bonaerense

Política

«Le tocará al próximo gobernador terminar la Ruta 202 y otras cosas que quedan por hacer», dijo Felipe Solá, casi como despedida, con un dejo de nostalgia.

«Queremos un hospital, Felipe», lo cruzó veloz una señora desde la primera fila.

«¿Viste, Daniel? Ya empezaron los mangazos», completó Solá mientras giraba hacia Scioli, que se limitó a sonreír.

La anécdota, inofensiva pero al mismo tiempo sintomática, se registró ayer al mediodía en un templo evangélico de San Miguel, durante un acto de entrega de jubilaciones encabezado por el vicecandidato, el gobernador y el titular de la ANSeS, Sergio Massa.

Suena, en principio, a chanzafelipista, pero anticipa uno de los rubros espinosos que deberá comenzar, en poco más, a atender Scioli: las consultas sobre la provincia -en materia de inseguridad, por caso-y las demandas que, para empezar, ayer le «reenvió» Solá.

Si sobrevuela el factor financiero por la vulnerabilidad de la provincia, que se supone más grave -por tanto más dependiente de los «giros» desde Nación- a partir de 2008, también aparecen otros dos elementos sensibles con los que empezó a tropezar Scioli.

  • Uno es operativo: como candidato «oficioso» -Oscar Parrilli usa la frase «altamente probable pero no definitivo», que debe haber leído en algún prospecto- Scioli recorre la provincia como vicepresidente, escudo que le sirve para no opinar sobre el temario bonaerense.

    Atrincherado en su condición de campanillero del Senado, Scioli se escurre cada vez que lo interrogan sobre el déficit, los secuestros o los paros docentes. Es lo que hizo ayer con una sonrisa cuando sin anestesia Solá le transfirió el «mangazo» de un hospital.

  • Interrogante

    ¿Cuánto tiempo Scioli podrá evadir hablar de la crisis educativa, de la inseguridad, de la fragilidad fiscal de la provincia? Ese interrogante atormenta a Solá que admite que, en campaña, al vice no le quedará otra que cuestionar siquiera tímidamente su gestión.

  • El otro ítem es más jabonoso: multilateral, Scioli acepta el respaldo y se fotografía con sectores de los más diversos del universo kirchnerista. Por caso, con apenas horas de diferencia, se citó con José María Díaz Bancalari y Emilio Pérsico, en teoría -sólo en teoría- dirigentes de perfiles antagónicos.

    Eso se repite todo el tiempo: el vice se cita con pejotistas y antipejotistas, con los felipistas y sus peores enemigos, con piqueteros y con intendentes. Hiperactivo, Scioli se convirtió en el embudo al que confluye toda, o casi toda, la materia K de la provincia.

    Pero no es fácil lograr el equilibrio. El martes, en su visita a Lomas de Zamora, Scioli tropezó con el primer incidente por disputas internas desde que es, de manera no oficial, el candidato a gobernador del gobierno. Gajes de transitar el campo minado que es el peronismo.

    Es superficial detenerse en los silbidos que le impidieron al intendente Jorge Rossi -eterno funcionario de Duhalde en provincia y Nación- hablar durante el acto en el hospital Gandulfo, más allá que revela cierta debilidad o vestigios de una traición.

  • Chispazo

    Hubo un dato más áspero: antes de ir al acto con Rossi, Scioli visitó la Universidad de Lomas junto a Pérsico y Fernando «Chino» Navarro, jefes del Movimiento Evita. En la facultad los recibió el decano Gabriel Mariotto, que pactó sintonía con el ME a nivel local. En las fotos apareció, además, flanqueado por el diputado Osvaldo Mércuri, otro de los candidatos a intendente de Lomas.

    Por la presencia de Scioli junto a sus rivales, Rossi se quejó luego directamente ante el vicepresidente. Fue un chispazo que Scioli anotó y, se supone, debería haber evitado Julio Pereyra que funciona -o pretende funcionar- como lazarillo del vice en el conurbano.

    Ese ring se repite en el grueso de los distritos del Gran Buenos Aires. De hecho, es notable la urgencia de los caciques por entornar a Scioli, motivo por el cual cualquier acto con el vice explota de dirigentes, como ocurrió ayer en San Miguel con la ceremonia de la ANSeS.

    El conurbano norte, con Hugo Curto vistiendo traje y un reaparecido Raúl Othacehé -que dejaron pendiente una ardiente discusión casi pugilística días atrás-, viajó a San Miguel de los Rico. Aldo, la hija Manola y el «sucesor» Oscar Zilocchi, invitados por Massa pero imantados por Scioli.

    Como Kirchner, Scioli une extremos: desde la senadora larcherista -por «Paco» Larcher, el señor Ocho de la SIDE- Estela Prunoto, hasta el riquismo de Zilocchi y Manola Rico, con escalas en Franco Laporta, de ADN felipista y extensiones en el kirchnerismo puro.

    Ayer, como entrenamiento, el vice hizo equilibrio en medio de ese torbellino en San Miguel luego de una parada brava en Lomas. La situación se replicará en cada distrito, con más tensión en sitios como Avellaneda -donde pelean Oscar Laborde y « Cacho» Alvarez-y en Esteban Echeverría, que presenta la pulseada entre Fernando Gray y Alberto Groppi.
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