Trascendió la reforma política del gobierno
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Cristina Kirchner
• El sistema electoral que propone el Ministerio del Interior es una versión «sui generis» del mixto alemán. Es decir, una parte de la representación se decidirá por sistema proporcional D'Hont (lista sábana); y la otra, por voto uninominal por circunscripción. La composición final del Congreso no será, sin embargo, por mitades. Fernández pensó que 2/3 de los cargos se elijan por lista sábana y 1/3 por voto uninominal. De este modo, superó el problema del cupo femenino, pero sacrificó una bandera publicitaria que seguirá blandiendo el duhaldismo: Fernández no podrá decir que eliminó la lista sábana. Además, con bastante lógica, este nuevo régimen sólo será utilizado en Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, que son los distritos donde realmente el sistema proporcional puede llevar a la promoción de individuos desconocidos por la población. . ¿Quién dibujará los circuitos para elegir de manera uninominal? El ministro promete convocar a peritos en geografía para no tentarse con ardides como los que se le reprocharon a Juan Perón en los '50, cuando diseñó un mapa en el cual el PJ ganaba hasta en Barrio Norte. Habrá que ver. ¿ Podrá un candidato muy potente de un distrito formar parte de la «sábana» y también postularse de manera individual en su zona? No está claro en el proyecto del ministro. ¿La « sábana» partidaria estará físicamente unida a la del candidato local, para provocar arrastre? Fernández no sabe o no contesta.
• Un aspecto del proyecto del ministro que constituye seguramente un adelanto es la digitalización de los padrones electorales, que son arrebatados al control exclusivo (y siempre sospechoso) de los partidos políticos para la realización de sus internas. Es posible que a muchos dirigentes duhaldistas haya que intervenirlos quirúrgicamente para que entreguen los listados. Pero Fernández no se animó a ir más allá, promoviendo la reafiliación general en todos los partidos. «Sería bueno, pero 'el Marciano' me mata», murmura el ministro. «El Marciano» es Leopoldo Moreau, con lo que se muestra la hilacha del acuerdo político que subyace a esta propuesta, conocida ya como «Autopista Balbín» (es el emprendimiento que Kirchner y Moreau bautizaron juntos, en La Plata).
• Tampoco se animó Aníbal Fernández a dar un paso audaz en favor de la modernización política del país, como sería impedir definitivamente cualquier intervención del Ejecutivo -es decir, de su propia cartera- en el proceso electoral. Es lo que sucede en Brasil, por ejemplo, donde la Justicia es la que se encarga de todo lo que tiene que ver con los comicios. El proyecto que debe aprobar Cristina Kirchner apenas potencia a la Cámara Nacional Electoral, pero el poder político sigue metiendo las manos en la realización de las elecciones en un arcaísmo lamentable para una democracia como la Argentina, que fue de las primeras en introducir el voto secreto y universal.
• Es muy severo el proyecto de Fernández en materia de financiamiento. Establece que los partidos sólo podrán captar dinero y gastarlo a través de una cuenta única del Banco Nación, con lo cual queda muy acotado cualquier modo espurio de solventar la actividad política (aun cuando no se haya inventado todavía un sistema de transparencia total en este orden).
También impide que haya publicidad emitida por personas o instituciones ajenas al partido que se quiere promover, como sucede a menudo cuando se quiere transgredir el tope asignado al gasto de campaña. Otro aspecto de esta reforma tiene que ver con el régimen mismo de publicidad: Fernández previó que se asigne un puntaje determinado a cada partido en relación con la cantidad de votos obtenidos y que ese puntaje dé derecho a hacer publicidad en los distintos horarios, más o menos « nobles», de los medios de comunicación electrónicos o en las páginas de prensa gráfica de distinto valor. Al no existir un régimen exclusivamente estatal en la asignación de espacios, tampoco se puede confiar a ciegas en que este sistema evite las distorsiones.
• Entre estas últimas hay que mencionar una principal, a la que Fernández no quiere dar solución: no existe en el proyecto ninguna restricción para los que ejercen el poder del Estado en el momento en que se realizan las campañas. Quien gobierna puede hacer publicidad de manera irrestricta. Una falla grave, sobre todo en un país donde las reelecciones están permitidas casi universalmente. En otras palabras y, como suele suceder, la transparencia política se les exige más en este proyecto a las oposiciones que a los gobiernos.
• No es el único rasgo conservador de las propuestas de Fernández. Cuando examinó, jugando durante horas en la computadora con la asistencia de sus asesores Juan Manuel Abal Medina (ex Chacho Alvarez) y Marcelo Escolar, cómo quedaría el Congreso a partir de la reforma que él impulsa, el ministro del Interior respiró tranquilo: los cambios que pretende casi no modifican la actual distribución de las bancas según los partidos que están hoy en las Cámaras.




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