Un coro que también juega su suerte política el domingo
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Roberto Lavagna
Otro que, sin estar en las listas, juega parte de su destino con la elección del domingo es el vicepresidente. Daniel Scioli ha decidido soltar amarras del oficialismo reinante. Sueña con la Presidencia mucho más que Lavagna. Pero con astucia prefiere dar señales de interés por la Capital Federal y su gobierno. Sobre todo si la otra posición aparece bloqueada por un Kirchner exitoso. Pero aún en este reino más reducido su futuro depende de estos comicios. No será lo mismo competir en 2007 contra Mauricio Macri que contra Enrique Olivera, los dos pretendientes visibles del sillón de Aníbal Ibarra a partir del domingo. Las ambiciones de Macri están más condicionadas por lo que suceda en la provincia de Buenos Aires que por lo que pase en la ciudad donde compite. Es decir: el candidato de Compromiso para el Cambio se animará a pensar en la Presidencia para 2007 sólo si advierte que Duhalde ofrece una base de operaciones mínima. Gane o pierda él este domingo en la Capital. Si ve que la suerte del peronismo antikirchnerista es ruinosa estará más atraído por un objetivo municipal. Si el domingo, como anuncia la mayoría de los sondeos, se impone como primer candidato a diputado, Scioli tendrá en 2007 un competidor de riesgo en el distrito.
Algo similar sucedería si el ganador del domingo es Rafael Bielsa. Nadie lo cree pero hay encuestas de última hora que, al menos, prometían al canciller el segundo lugar en la grilla. De ser así, ¿quién será el candidato del gobierno en 2007? Scioli, quien no consigue ser atendido siquiera por el Presidente (lo deriva a Alberto Fernández), o Bielsa, que estaría a punto de internarse en el mismo frío polar.
El jefe de Gabinete, Fernández, por su lado, es un beneficiario -si no un impulsor- de esa ambigüedad que caracteriza a la figura del canciller en el mapa emocional de los Kirchner. Si gana Bielsa, la pareja presidencial festejará su propio triunfo. Si pierde, también celebrará la derrota del candidato.
Fernández, responsable directo de la operación porteña, podrá ampararse en esa bipolaridad de los Kirchner y salir indemne en cualquier escenario.
El estado de ánimo de Fernández dependerá el domingo de más de un distrito, dada la gravitación de su cargo. Pero será especialmente sensible a lo que suceda en Buenos Aires: si Duhalde consigue una masa de adhesiones superior a la prevista por el gobierno, el jefe de Gabinete podrá recordar -si se atreve, claro- que fue quien aconsejó con más énfasis un acuerdo bonaerense. Si el resultado es el inverso, se lo recordarán a él.
• De Vido
Otro integrante del olimpo oficial que tiene su suerte personal indirectamente atada a las urnas del domingo es Julio De Vido. ¿A dónde quedaron los argumentos que sostenían que Cristina Kirchner no se iba a presentar en Buenos Aires porque la requeriría el PJ de Santa Cruz, derrotado en su ausencia? La hermana del Presidente, Alicia, promete conservar y hasta incrementar las marcas del oficialismo «pingüino» el próximo domingo. Atrae tanto que hasta la primera dama estuvo a punto de ir hasta Río Gallegos a votarla (ambas se llevan mal, es ostensible). Si esos pronósticos se confirman, tal vez Kirchner decida perpetuar su apellido también en su provincia. Alicia quedará purificada de aquella derrota en la intendencia de la capital provincial y quizá ocupe todo el firmamento electoral del peronismo santacruceño. En este cuadro, De Vido acaso deba replegarse. Es decir: pactar con Sergio Acevedo -quien ya selló un acuerdo, siempre provisorio, con Kirchner después de un terrible enojo presidencialy desmontar las oficinas desde las cuales pensaba organizar su lanzamiento a la gobernación.




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