30 de octubre 2007 - 00:00

Un domingo fatídico para club de los "derrotados"

Parecía inevitable: luego de hociquear en su pago chico,Mar del Plata, el radical Daniel Katz se bajó ayer -antes de que lo bajen -del gabinete de Daniel Scioli, donde, hasta la tarde del domingo último, tenía reservado el poderoso Ministerio de Obras Públicas.

Autocrítico, para evitarle un mal trago al gobernador electo, Katz, que igual jurará como diputado -fue dos en la lista del FpV -, confesó que tras la derrota de su delfín, Sergio Fares, en Mar del Plata «no están dadas las condiciones para asumir un cargo». Y bajó el telón.

El derrotero de Katz, que unas semanas antes de la elección zamarreó por radio a los Kirchner con críticas por la falta de institucionalidad, es emblemático y encabeza la galería, no en soledad, del club de los «derrotados» K que dejó la votación del domingo.

  • Derrotas

  • A pesar de la victoria arrasadora de Scioli, del triunfo holgado de Cristina de Kirchner y de obtener, con Felipe Solá al frente de la boleta, más de veinte diputados nacionales, varios capitanes del kirchnerismo tuvieron estruendosos fracasos personales.

    En el rango de Katz aparece Aníbal Fernández, que no pudo evitar el derrumbe de su protegido Sergio «Chino» Villordo en Quilmes. De ese modo, el ministro del Interior pierde su principal puntal territorial y queda tocado para la pulseada de la Legislatura que viene.

    ¿Puede, como ocurrió con Katz, quedar políticamente inhabilitado para permanecer en una oficina pública después del 10 de diciembre? Ayer, trascendió, Aníbal F. evaluaba mandar a Villordo de licencia para ordenar la transición con Francisco Gutiérrez.

    La galería de derrotados de un domingo victorioso para los Kirchner y Scioli tiene más habitantes que Katz y Fernández, aunque éstos sean los protagonistas de las derrotas más estruendosas.

    El ex carapintada Aldo Rico, que abandonó la calma del country y la paternidad tardía, tiene una butaca reservada en ese club. Llegó hasta a repartir volantes con la imagen -de Cristina de Kirchner por las calles de San Miguel para ayudar a su sucesor, Oscar Zilocchi.

    Un contingente de ex duhaldistas, algunos amigos de póquer de Eduardo Duhalde, son flamantes afiliados al club de los perdidosos. Manuel Quindimil está al frente, Jorge Villaverde lo sigue, Antonio Arcuri quizá ya perdió, aunque gane por 40 votos.

  • Caída libre

    Una mención aparte merece Osvaldo Mércuri. El « pelado» de Lomas de Zamora se replegó a la comuna para retener algo del poder perdido y le fue mal. Desde 1997, cuando perdió la presidencia de la Cámara, Mércuri no dejó de caer. Acaso ni le quede resto para ser reelecto en 2009.

    Otro que queda en el desiertoes Julio Alak. Forzado a ir por otra reelección en La Plata, luego de que no consiguió que la Casa Rosada le ofreciera un destino mejor, el platense ensayó -y fracasó -la búsqueda de un sexto mandato.

    No se cumplió el augur maledicente de Chiche Duhalde cuando, furiosa, un día le gritó: «Vos, Turquito, vas a ser el Quindimil de La Plata».

    Pero no sólo entre coroneles del peronismo ortodoxo -los perdedores compitieron en la elección, en general, con el sello del PJ -hubo derrotados en una jornada de festejo y euforia del oficialismo.

    El piquetero Luis D'Elía, enemigo histórico del pejotismo, también se quedó gruñendo. La elección en la Tercera Sección electoral fue peor de lo imaginada y su mujer, Alicia Sánchez, se quedó sin banca en el Senado provincial. Iba séptima, pero sólo entraron cinco.

    Otro piquetero K que quedó en las gateras fue Emilio Pérsico. Tenía dos apuestas puntuales y no alcanzó ninguna: su co -jefe del Movimiento Evita, Fernando «Chino» Navarro, quedó quinto en Lomas. Santiago Martorelli pujaba por una senaduría, pero se quedó en el camino.

    Otros soldados K pueden, con matices, agregarse a la nómina negra. Dante Dovena tuvo, primero, que bajar su candidatura en San Martín para no pasar papelones.

    Luego se alió con el peronista Eduardo Bustos, que quedó tercero detrás de Ricardo Ivoskus y Gabriel Katopodis.

    En zona gris, en la puerta del palacio de los derrotados, está parado Carlos Kunkel: ganó en Quilmes, apañando a Francisco Gutiérrez, pero perdió en San Miguel, donde se abrazó a Rico y Zilocchi. Un fallido abrazo histórico.

    Desde las afueras del conurbano, desde la playa, llega Blas Altieri, que se topó con una derrota en Pinamar, luego de una larga temporada de controlar ese municipio costero. Unos pasos más allá, hacia el Sur, el radical gesellino Luis Baldo lo acompaña en la travesía de los condenados.
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